The Project Gutenberg EBook of Viajes por Filipinas: De Manila  Tayabas
by Juan lvarez Guerra

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Title: Viajes por Filipinas: De Manila  Tayabas

Author: Juan lvarez Guerra

Release Date: May 6, 2004 [EBook #12276]

Language: Spanish

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Viajes por Filipinas
De Manila  Tayabas



Por
Don Juan lvarez Guerra



(Segunda Edicin)
Madrid
Imprenta de Fortanet
Calle de la Libertad, Nm. 29
1887




Al Sr. D. Cristino Martos

_Usted, mi buen amigo, me anim para que volviese  Filipinas, y 
V. le debo los tres aos que pas en Tayabas. Las pginas de este
libro, all estn escritas, y si algo bueno tienen, es la veracidad
de lo que en ellas se consigna. Acjalas con cario, y no se olvide
que_ mas all de los mares, _como deca al hablar de este pas un
profundo orador, tiene un verdadero amigo en_

Juan lvarez Guerra.




NDICE DE CAPTULOS.

CAPTULO I.

Adis  Manila.--_El Batea_.--El puente de la
Convalecencia.--El Pasig.--El recodo de las Beatas.--Santa
Ana.--Paco.--Ruinas de San Nicols.--Canteras de Guadalupe.--El
Santuario.--Herrera.--Malapadnabat.--Cueva de Doa Jernima.--Pueblo
de Pasig.--Pateros.--Sarambaos.--Ro de Antipolo.--Las orillas del
Pasig.--Sus recuerdos.--Sus fiestas.--Antao y hogao.--M. Le-Gentil
y otros autores. _Conocimientos_ del pas.--Barra de Napindan.--El
capitn del _Batea_.--Almuerzo en el vapor.--Bertita.--Locuacidad
y mutismo.--Alhajeros ambulantes.--Laguna de Bay.--Unin de dos
mares.--El pantaln de Santa Cruz.--Mi amigo Junquitu.--Madrugada
del 1. de Julio.--Carromatas.--Palos y atasques.--De Magdalena 
Majayjay.--El ro Olla.--Recuerdo  D. Gustavo Tbler.--Una noche
en Suiza.--Proyectos

CAPTULO II.

Lucban.--Su origen.--Situacin.--Mr. Jagor y Sir John Bowring en
camino.--Alturas inexploradas.--Arroyos y torrentes.--Amazonas
tagalas.--Datos estadsticos.--Fechas imperecederas.--La
iglesia, el convento y el tribunal.--Dos cuadros.--Un cocinero
municipal y una mestiza tendera.--Aguas constantes.--Higrmetros
y termmetros.--Fro.--Las frondas del gran Banajao.--Artes y
oficios.--La nia, la hermana y la madre.--Tejedoras.--Petacas y
sombreros.--Msica _fuerte_ y msica _dbil_.--Fray Samuel Mena.--El
pretil del convento.--La campana de las nimas.--Cofradas.--La
guardia de honor de Mara.--El Calvario.--El novenario de las
flores.--Las dalagas de Lucban.--La _tagabayan_, la _tagatabi_
y la _tagalinang_.--El feudo y el terruo.--La sangre celeste y la
plebe.--La capitana Babae.--La meloda del Fausto.--Cumplimiento de
una oferta.--El autgrafo

CAPTULO III.

Horizontes intertropicales.--Suelo y cielo de Filipinas.--Panoramas
indescriptibles.--La cascada del Botocan.--La grandiosidad ante
los ojos del alma.--Evocaciones y recuerdos.--Un ateo.--El camarn
del Botocan.--Almuerzo al borde del abismo.--Chismografa al
por menor.--Cuentos y ancdotas.--Las mujeres filipinas.--Tipos y
registros.--Opiniones.--Amor desgraciado.--Leyenda y autgrafo.--Camino
de Tayabas.--Llegada  Lucban

CAPTULO IV.

El puente del suspiro

CAPTULO V.

Despedida de Lucban.--Arroyos que se convierten en torrentes.--Huellas
de un baguio.--Puentes derrudos.--Troncos de cocos.--La sampaca y el
jazmn silvestre.--Pedregales, hondonadas y pendientes.--Relente de
la tarde.--Aguas sulfurosas.--El puente de la Princesa.--Belleza del
paisaje.--Brava y salvaje naturaleza tropical.--Melancola.--Una
caa acueducto.--El camarn de Alaminos.--Cuatrocientas dalagas
 caballo.--Tubiganes.--Garzas blancas.--Cuesta y puente de las
Despedidas.--Bulliciosa cabalgata.--Cocales.--El puente de la
Ese.--Vista de Tayabas.--El kilmetro 146.

CAPTULO VI.

Tayabas.--Su antigedad.--Situacin.--Estadstica.--Pureza de
raza.--El bambn grande.--Fiebres paldicas.--Su remedio.--Casa
real, tribunal, iglesia y convento.--Una Semana Santa en
Tayabas.--Riqueza de ornamentacin.--Correra histrica
alrededor de un escribano de Pilatos.--Fisonomas da los
pueblos.--Comparaciones.--Indolencia.--Supersticiones.

CAPTULO VII.

Costumbres.--Poesa popular indgena.--La tradicin y el
manuscrito.--_El cumintn_.--Qu es el _cumintn_.?--Reminiscencias
moriscas.--El _cariquitdiquitn_.--Pensamientos tomados al odo.--El
indio.--Es  no definible?--El libro en blanco.--Identificacin del
indio.--Condiciones para conocerlo.--Fenmenos psicolgicos.--Un
regimiento europeo y un regimiento indgena.--Ingratitud y
agradecimiento.--La india amiga y la india amante.--El portaln del
Gloria.--_Titay_.--Una fortuna  la mar.--La Revista Europea viajando
por el reino de Aracan.--Conocimientos de los escritores de all y
algunos de los de ac.--El cmo se escribe la historia.--Apreciaciones
diversas

CAPTULO VIII.

Costumbres.--Casamientos.--Cdigo amoroso indio.--Prlogo al
libro.--Bindoy.--Cabezang Juan y cabezang Mara.--Los faldones del
muncipe.--Elocuencia de las uas.--El Eureka tagalo.--El pretendiente
y la pretendida.--_El pamimianan_.--El _amang-cruz_.--Una casa vaca y
una casa provista.--El _habiling_.--Calabazas en redondo.--Influencia
de los mayores.--Rencor indio.--Los picos quemados de una carta.--La
_gayuma_ y _jonjon_.--Aceptacin del habiling.--De novio  marido.--El
_pag-haharap_.--Ceremoniales.--La vuelta  la casa.--Novenario.

CAPTULO IX.

Es  no feliz Ambrosio?

CAPTULO X.

Paseo  caballo.--El cocal de las _Angustias_.--La ermita.--La
esquila del santuario.--Una alborada en los trpicos.--La nia, el
rbol y el crepsculo.--Una misa en la ermita.--Oracin que implora
y curiosidad que investiga.--La madre del dolor.--Una cifra y una
fecha.--Averiguaciones intiles.--El matand de la ermita.--La Casa
Real de Cotta.--Las ruinas y la recmara de la muerte.--Estancia
en el barrio de Cotta.--Tamayo y Belloc.--Recuerdos.--Horas
felices.--Salubridad y riqueza.

CAPTULO XI.

Costumbres.--Enfermedades y entierros.--El _orimon_.--Creencias
del indio.--El mediquillo.--Confeccin de una receta.--El
_constructor_ de cigarrillos.--_Dos respiraciones_.--El fro y
el calor.--Muerte de cabezang Pedro.--Al hoyo y ... _talag nang
Dios_.--La casa por concluir.--Dolor de embarazo--Las plegarias y
la Orden tercera.--Las listas del presente.--_El panalagin_.--El
sentimiento y el estmago.--_Inoac y sayos_.--El sentimiento y el
indio.--Filosofa del _icao ang bahala_, y el _talag nang Dios_.--El
cementerio de Tayabas.--La vida y la muerte.--Eterno olvido!--El
_dasalan_.--Creencias.--El _lungcasan_.--ltimo recuerdo del vivo
al muerto.

CAPTULO XII.

Estancia en Tayabas.--El archivo del Gobierno.--Trabajos preparatorios
para girar una visita  la provincia.--Preliminares de quintas y
elecciones.--Andoy.--Laboriosidad y mutismo.--El 1. de Abril.--Salida
de Tayabas.--El ro Ali tao.--Barrio de _Muntingbayan_.--Camino de
Tayabas  Sariaya.--El gobernador D. Jos Mara de la O.

CAPTULO XIII.

Sariaya.--Su situacin, lmites, historia, productos y estadstica.--La
iglesia y el convento.--Una modesta catedral del saber convertida
en un bullicioso templo de Terspcore.--La mujer de Sariaya.--La
_dalaga_.--El bosquejo, la caricatura y la fotografa.--Ms sobre las
hijas del pas.--Sistema de gobierno femenino.--Manda,  obedece?--La
india casada con europeo.--El _castila_ y el marido.--Valor de un
calificativo.--Los saludos y el alma de _Garibay_.--Episodio histrico.

CAPTULO XIV.

Quintas y elecciones en Sariaya.--Adorno del saln.--Las
_bungas_.--Los capitanes pasados, los cabezas reformados y los
cabezas en ejercicio.--Escrutinio de _canutos_.--Preparacin de una
eleccin.--Los muidores de all y los _camisas por fuera_ de por
ac.--Engranaje municipal.--El Gobernadorcillo, el Teniente mayor
y el Juez mayor.--Zambalinas y bastidores.--Votacin.--Forma de
hacerse.--Ternas.--Constitucin del municipio.--Las _principalas_
de oficio.--El sorteo.--Manera de verificarse.--Fisonoma de un
da de quintas en Filipinas.--Los alrededores de un tribunal y el
interior de un hogar.--Deducciones y apreciaciones.--Lgica pura.--La
cena.--Despedida de Sariaya.--Un santo y un hombre honrado.

CAPTULO XV.

De Sariaya  Tiaong,--Monotona del camino.--Diversidad del resto de la
provincia.--Panoramas.--El _Lagnas_.--Aguas minerales.--El ro Quiapo
y el Maasim.--Barrio de Maasim.--Su riqueza y necesidades.--Un indio
rico.--Apunte de una idea financiera.--Cambio de caballos.--Vista
de Tiaong.--Su situacin, lmites, historia, salubridad,
productos y estadstica.--Aspecto del pueblo.--Inclinaciones de sus
habitantes.--La resistencia pasiva.--Falta de edificios.--El consabido
baile.--Brillantes y sayas.--Paredes aprovechadas.--Camino de Tiaong
 Dolores.--Dolores.--Su historia.--Bellos paisajes y riqusimas
aguas.--Regreso  Tayabas en posta.

CAPTULO XVI.

De Tayabas  Pagbilao.--El _bantayan_.--Riqueza
de cocales.--Alambiques.--Aguardiente de coco.--Su
fabricacin.--_El mananguitero_.--El coco _mura_ y el
_macapun_.--Crecientes y menguantes de la luna.--Aceite
de coco.--Forma de extraerlo.--Tubiganes.--Quebrada del
Maragoldon.--El Dumaca.--Puente.--Sistema para resguardar
los puentes de madera.--Pagbilao.--Su fundacin, lmites,
situacin, riqueza y estadstica.--El convento, la iglesia y las
escuelas.--Fray Manuel Rodrguez.--Importancia que tiene Pagbilao
y la que deba tener.--Conduccin de efectos.--Centralizacin de
poderes.--Observaciones  y lgica de los nmeros.--Parfrasis de un
dicho de Montes.

CAPTULO XVII.

Las mareas.--El ro de Pagbilao.--El castellano
de _Tabangay_.--Islita de Patayan.--Simn el
lazarino.--Capuluan.--Bajo  Talusan.--Antiguas ruinas.--Las rocas
Bagobinas.--Laguimanoc.--Almuerzo.--Un	astillero.--Ensenada de
Talusan.--Casero y bajo de Calutan.--Calilayan, barrio y Unisan,
pueblo.--Historia.--Ladia.--Castillo de Calilayan.--Sntesis  de
dos civilizaciones.--D. Jos Barco.--Rumbo  Pitogo!--Bajo
Salincapo.--Cabulijan.--Pitogo.--Cacera de caimanes.--Un
bailujan, un collar de coral y una pregunta.--A  los
botes!--Macalelong.--Su estadstica.--Catanauan.--Su  presente y
su porvenir.--Mulanay.--Pastos y cogonales.--Monte  Dumalong.--San
Narciso.--Seno de Ragay.--Guinayangan.--Unin de los mares.--El
Cabibijan.--Alunero.--Ro y pueblo de Calauag.--Lpez.--Su fundacin,
su estadstica.--Alto en Gumaca.

CAPTULO XVIII.

Gumaca.--Su antigedad.--Su situacin.--guilas
imperiales.--Castillos de Santa Mara, San Diego, San Sebastin
y San Miguel.--Estadstica.--Saqueo, incendio y peste.--Libros
cannicos.--Reminiscencias valencianas.--Una velada en las
ruinas.--Recuerdo glorioso.--Productos.--De Gumaca  Atimonan.--Una
madera incorruptible y un hongo fosforescente.--Kiosco en el
camino.--Grupos fantsticos.--Compaa no buscada.--Ninay.--Una
presentacin por medio de un cigarro.--El _Moro_ y el
Rosillo.--Atimonan.--Su historia, sus productos y su estadstica.--Un
bailujan, un regalo y una promesa.--El correo.

CAPTULO XIX.

Navegacin en _baroto_.--Escasez de luz y abundancia de mosquitos.--Los
principios y los medios.--Horas interminables.--_Malayo
po_.--El monte Soledad.--Vista de Mauban.--Su historia,
estadstica y productos.--Episodio glorioso.--Don Simn de Anda
y los franciscanos.--Documento notable.--Setecientos  quintales
de plata.--De Mauban  Lucban.--Caminos  que hace el hombre y
arreglos que hacen las aguas. Vadeos, precipicios, quebradas y
desmontes.--El Balete.--Barrio	de Sampaloc.--La hamaca.--Lgubres
semejanzas.--Descanso  en Lucban.--Vuelta  Tayabas.

CAPTULO XX.

Costumbres.--Aprobacin de actas.--Un Gobernadorcillo electo
paseando por Manila.--El sastre municipal.--Los faldones del frac,
el sombrero de copa, la camisa de chorreras y el bastn.--Vajilla,
lmparas y rancho.--Diez varas de glas y diez de gr.--Los
caballeros _utraques_.--Un lo, otro lo y un liito.--El campanario
del pueblo.--Vuelta al hogar.--Exhibicin de compras.--La saya de
la capitana.--La pagoda.--El  1. de Julio.--Juramento.--Misa de
vara.--Recuerdos de las bodas de Camacho.--Un chocolate serio y un
descarnado hueso.--La tenientela mayora y las juezas.--Amontonamiento
de alhajas.--Lectura del _Tadhana_.--La coronacin.--El  rigodn
oficial.--Un borracho ante un apellido vascuence--Fin  de la fiesta
_aniyaya nang bayan_.

CAPTULO XXI.

Costumbres.--Fiestas.--El _bnyagan_.--El _unang pag paligo_.--El
_diariuhan_.--El _labac, el puong y la aniyaya_.--El _suizan_.--El
taido del _tambulic_.--Inspeccin del barrio.--La cama del Juez
mayor.--Cincuenta y dos das de bailujan.--El _buisan._--Los
_pintacasis_.--Juntas y cabildeos.--Triunf de la Liceria y de la
Chananay.--Alio de un teatro en Tayabas.--El cmico de la legua.--Ojo
con los empresarios!--Un da de buen comer.--Preparativos de
cuaresma.--_Lapasan_.--El vino en vaso y el coquillo en tabo.--El
_tapatan mang pasin._--_Moros_ y cristianos.--El sbado de
gloria.--El canto del gallo.--_Pascuhan_.--El _hatiran_.--Recuerdo
de una	pregunta.

CAPTULO XXII.

La provincia de Tayabas  principios del presente siglo.

CAPTULO XXIII.

La provincia de Tayabas en general.--Su descubrimiento.--Su
situacin.--Creacin del obispado de Nueva Cceres,--Un obispo en
el ao 1600 y otro en el 1875.--Fray Francisco Gainza.--D. Simn
lvarez.--Padrones de 1754, 1831, 1836 y 1875.--Aumento de poblacin
y de riqueza.--Montes y vegas--Aceite de coco.--Caza mayor y
menor.--El _tabon_.--Hierbas y flores olorosas.--Frutos, hortalizas,
granos, resinas y caldos.--Minas.--El tayabense psicolgicamente
considerado.--Costumbres antiguas de los tagalos.--La ltima
cuartilla.--Adis  Tayabas.--ltimos contornos del Banajao.--La cuna
de un hijo.--Confianza en la caridad de Filipinas.





CHAPTER I

CAPTULO I.

Adis  Manila.--_El Batea_.--El puente de la
Convalecencia.--El Pasig.--El recodo de las Beatas.--Santa
Ana.--Paco.--Ruinas de San Nicols.--Canteras de Guadalupe--El
Santuario.--Herrera.--Malapadnabat.--Cueva de Doa Jernima.--Pueblo
de Pasig.--Pateros.--Sarambaos.--Ro de Antipolo.--Las orillas del
Pasig.--Sus recuerdos.--Sus fiestas.--Antao y hogao.--M. Le-Gentil
y otros autores. _Conocimientos_ del pas.--Barra de Napindan.--El
capitn del _Batea_.--Almuerzo en el vapor.--Bertita.--Locuacidad
y mutismo.--Alhajeros ambulantes.--Laguna de Bay.--Unin de dos
mares.--El pantaln de Santa Cruz.--Mi amigo Junquitu.--Madrugada
del 1. de Julio.--Carromatas.--Palos y atasques.--De Magdalena 
Majayjay.--El ro Olla.--Recuerdo  D. Gustavo Tbler.--Una noche
en Suiza.--Proyectos.

En la madrugada del 30 de Junio de 187..., dej los incmodos asientos
de un desvencijado _sipan_, tomando el que dicen camino--por ms
que no sea ni aun vereda,--que dirige al modesto embarcadero que en
la margen del Pasig, y al pi del magnfico puente colgante, tienen
los vaporcitos que hacen la carrera entre Manila y la provincia de
la Laguna.

Instalado en la cmara de popa, mediante cuatro pesos, que fueron
canjeados por un tarjetoncito amarillo y grasiento por el uso,
principi la maniobra de largar. Silb el vapor, desatracamos, y
sorteando numerosas bancas zacateras, pusimos rumbo contra corriente,
 la laguna de Bay.

Las palas del vaporcito, pesadamente batan las aguas del Pasig,
evitando el timonel con una lenta marcha, el choque con alguna de
las muchas pequeas embarcaciones que afluyen en aquellas horas 
las cercanas del puente colgante, cargadas unas de cocos, verduras,
lea, piedras, ladrillos y tejas, y conduciendo otras gran nmero de
alegres cigarreras que tienen su trabajo en la fbrica de Arroceros, y
su domicilio en alguna de las poticas casitas que bordan las orillas
del ro, y forman parte de los pueblos que hemos de ver desde las
bandas del vapor.

A las pocas orzadas, dejamos por la proa los descarnados pilares
de madera que sern en su da la sustentacin del puente de la
Convalecencia, as llamado,--se entiende cuando est concludo [1]
porque pondr en comunicacin las dos orillas del Pasig, siendo
la principal base y en la que descansar aquel, la pequea isla de
Convalecencia, en la que vimos destacarse un amplio edificio, que
nos dijeron ser el Hospicio.

Doblado el recodo que forma la islita, pudimos apreciar las
esbeltas y elegantes construcciones  de la calzada de San Miguel;
construcciones, que de da en da, van perfeccionando, hasta el punto,
que vimos una, constituyendo un verdadero palacio  la moderna. Dicho
palacio es de hierro en su mayor parte; en sus jardines, cortados
 la inglesa, se encuentran estatuas en gran profusin, y por las
entreabiertas ventanas de los muros--cuyas lneas son una reminiscencia
morisca--indiscretamente se asoma el sibaritismo oriental, por mas
que trate de ocultarse entre cortinajes, importados de los ricos
telares del viejo mundo.

Siguiendo la lnea de construcciones, dejamos  la proa, Malacaang,
residencia de nuestra primera Autoridad, y bien modesta por cierto,
para la jerarqua del alto Jefe que la habita.  continuacin de
Malacaang--palabra  tagala que quiere decir casa del pescador,--qued
el barrio de Nagtajan, desde el cual las orillas del ro principian
 tomar otro carcter. La piedra, el hierro y el ladrillo, son
sustituidos por la caa, la nipa, y la palma brava, los cuidados
jardines, por las revueltas y compactas agrupaciones de pltanos,
bongas y caas; mezclndose las mansiones de recreo, con centros
manufactureros, en los que predominan las alfareras, las canteras y
las cordeleras. En alguna de estas ltimas, la alta chimenea indicaba,
que bajo su negro tubo se aprisionaban las mltiples fuerzas del vapor.

Distrados en la contemplacin de la ribera que tenamos  babor,
dejamos el potico pueblecito de Pandacan, doblamos el recodo de las
Beatas--as llamado, por haber existido en aquel lugar, un piadoso
establecimiento de monjas,--y no sin trabajos, en los que hubo que
emplear el _tiguin_ para evitar los cientos de salientes que forman
las revueltas del Pasig, nos pusimos  la altura de la slida iglesia
del pueblo de Santa Ana, teniendo  tambin dentro de nuestro horizonte
visible, el remate del torren de la de Paco.

Tras la bullente estela de _El Batea_, fueron quedando, el rstico
embarcadero de Lamayan, la slida iglesia de Mandaloyo--por cuya cima
se destacaban los picachos de los montes de Mariquina--los pueblos
de San Pedro  Macati y Guadalupe, el vadeo de San Pedrillo,--que
pone en comunicacin el barrio de ese nombre con aquel pueblo,--y
las ruinas de San Nicols, con su histrica pea, en que dice la
tradicin se convirti un caimn,  la invocacin que hizo un chino
en aquel sitio,  dicho Santo, estando prximo  ser devorado por el
carnicero _saurio_.

El santuario de Guadalupe fu el primer templo de Filipinas en que
se emple el ladrillo y piedra para bveda. Fu construido por un
fraile agustino, pariente del inmortal Herrera,  quien se debe el
Monasterio del Escorial. El que dirigi el alegre santuario, di ms
tarde ancho campo  la valenta de sus concepciones, en las magnficas
obras de San Agustn de Manila, cuyo templo forma una hoja de laurel
con el ilustre apellido de Herrera.

El pueblo de San Pedro Macati, perteneci  los padres jesutas;
 la salida de estos, fueron comprados sus terrenos y hacienda por
el marquesado de Villamediana.

Pasado el sitio donde se dice se oper el milagro, y al que van en
romera, y con toda la devocin de que son susceptibles los chinos,
se principian  ver en ambas orillas del ro grandes depsitos de
piedras toscamente labradas, procedentes de las canteras de Guadalupe,
las que suministran y llenan en gran parte las necesidades de Manila
y sus arrabales. Dichas piedras, aunque muy porosas, y por lo tanto
de fcil desmoronamiento, son apreciadas, y su transporte se hace en
grandes bancas, que son vaciadas al pi del puente colgante,   las
mrgenes de los muchos esteros que afluyen al Pasig.

Las precauciones tomadas por el capitn, colocando  toda la gente de 
bordo con _tiquines_,  la banda de estribor, nos hicieron comprender
las dificultades que para doblarla presentaba la acantilada roca de
_Malapadnabat,_--palabra tagala, que quiere decir, piedra ancha.--Los
bellsimos helechos que tapizan el estrecho paso que abre en la pea
el camino qu dirige al pueblo de Pateros, es altamente bello, y el
naturalista tiene en aquellas granticas paredes preciosos ejemplares
de gigantescos musgos. Casi frente  la pea de _Malapadnabat_ se
halla el vadeo de aquel nombre, en el que, una rstica garita, y uno
menos rstico camarn, sealan un puesto de carabineros, llamados 
vigilar las importaciones que lleva  Manila el Pasig. En las cercanas
de la garita, y visible perfectamente desde el vapor, se destaca la
entrada de la cueva de _Doa Jernima,_, de cuya cueva--que dicen
se comunica con la de San Mateo,--cuentan los indios terrorficas
historias de aparecidos, duendes, y sobre todo de tulisanes. Se
afirma que el nombre que lleva es debido  que en su cavidad hizo
vida cenobtica una pecadora arrepentida llamada Doa Jernima;
habiendo quien asegura, por el contrario, que aquella cavidad fu
hecha para bao de una sibarita y opulenta seora.

 un tiro de bala de la cueva se levanta la iglesia del rico pueblo
de Pasig. Aqu, el horizonte se ensancha y se aprecian distintamente
las desigualdades de los escabrosos y agrestes montes de San Mateo.

Las orillas de esta parte del ro estn llenas de cascos y bancas. Los
indios de Pasig son tenidos por los mejores bogadores de la provincia
de Manila. Son, en efecto, muy fuertes, y manejan con destreza y
vigor la ancha y corta pala que les sirve de remo, al par que de timn.

Hubiramos querido visitar de noche el pueblo de Pasig para _ver_
el uniforme que usan los serenos, de que nos habla Mr. Jagor, en sus
_Viajes por Filipinas_.

No bien conclumos de oir el desagradable graznido de los miles de
patos que rodean las cercanas del vadeo de Pasig, cuando el panorama
vara por completo. Dilatados campos sembrados de palay, se muestran
por doquier. Las riberas se despojan de las verdes y poticas bvedas,
vindose al carabao arador que pesadamente abre el surco en que ha de
fructificar el arroz. En este dilatado trayecto va ensanchndose el
cauce, contndose en l gran nmero de _sarambaos_, en cuya plataforma
no solamente se alzan los cruzados brazos de caa que sostienen la
red, sino que tambin un cobacho de nipa, en el que vive toda una
familia, cuyos individuos, durante las horas de trabajo, tienen su
puesto y su lugar de maniobra en aquel rstico aparato flotante,
cuyo mecanismo se reduce  una red tejida de cabo negro pendiente en
sus cuatro extremos de unas caas, que  su vez las sujeta un mstil,
dispuesto de forma, que un contrapeso graduado sumerge y hace subir
la bolsa que forma la red.

Tras consagrar un piadoso recuerdo  la milagrosa imagen de Antipolo,
 la vista del ro, cuyo cauce siguen la mayor parte de los miles
de romeros que visitan el santuario, y despus de una corta marcha,
franca y desembarazada, entramos en la barra de _Napindan,_ que abre
la gran _Laguna de Bay_.

Las riberas del Pasig han sido objeto de rimas y trovas, y sus
aguas cantadas por _melanclicos_ amantes y por msicos ms 
menos inspirados. El da de San Juan y los tres de carnestolendas
constituan cuatro fiestas fluviales, en las que los remojones,
las regatas y las _enfrentadas_ en banca, figuraban en primer
trmino. La libertad que reinaba en estas diversiones, la convierte en
libertinaje _M. Le-Gentil_ en las descripciones que de ellas hace en
sus _Viajes_. Dicho francs, que dignamente precedi en _exactitud_
en la manera de narrar costumbres  otros compatriotas suyos, vino
 estas islas el ao 1767, por orden de su rey  estudiar el paso
de Venus por el disco del sol; y si observ el cielo, de la forma
que lo hizo del suelo, no hay duda que el monarca francs quedara
completamente enterado de el _paseito_ de Venus. Como _M. Le-Gentil_
vino  observar los astros, nada tiene de extrao que al escribir
costumbres filipinas en Francia, se acordara de el tan sabido cantar
_de el mentir de las estrellas_.

En honor  la verdad, no nos debe tampoco extraar esto en extranjeros,
cuanto que ahora bien recientito [2] se ha publicado en Madrid
un libro titulado _Recuerdos de Filipinas_, y una _Memoria_ en
Barcelona, sobre colonizacin de estas islas, que dan gozo leer. Si los
recuerdos del autor del primero tienen el valor que los de su libro,
no me extraara se le olvidara _hasta_ el saber escribir, lo que es
difcil, pues literariamente hablando el libro es bueno. En cuanto
al autor de la _Memoria_, solo diremos que muy formalmente afirma en
el prlogo llevar estudiando diez aos de colonizacin filipina, y en
efecto ... ,  las cuatro pginas dice, que los principales productos
de exportacin de este pas, los constituyen entre otras cosas--en
que por cierto no cita el abac--los _mongoz_ (?), las _naranjas_
y _los cortes de pantaln _... Bien! muy retebin, por los _cortes
de pantaln, los mongoz_ y los _diez aos_ de colonizacin!

 las once de la maana, navegando en plena laguna, se sirvi el
almuerzo, sentndose  la mesa el capitn, antiguo lobo marino
de la carrera del _Cabo_, que le ahogaba el calor de la caldera,
la estrechez del barco, lo limitado del horizonte, y ms que todo,
el agua dulce, que en tres palmos de fondo batan las palas de las
ruedas. Se comprende el mal humor que habitualmente dominaba al capitn
del _Batea_, acostumbrado  recorrer la grandiosidad de los inmensos
desiertos del Ocano.

La vida del agua dulce, la monotona de una ribera siempre la misma,
la precisin de las llegadas, las inofensivas y uniformes varadas,
la etiqueta de la cmara, el tiquin, la falta de olas, de horizonte,
de grandiosidad, de espacio y de luz, traan al bueno  del capitn de
un humor que haba ratos en ni l mismo se poda sufrir. El hombre
de mar metido entre las cuatro tablas de un vaporcito ribereo, es
como el milano de las regiones australes, que se le encerrara en un
jauln de gallinas.

--Capitn! cmo se llama ese aparato de pesca?--le dije sealndole
una balsa que se vea en la orilla.

--No s--me contest con marcada aspereza.--No conozco--aadi--ms
aparatos de pesca, que los arpones balleneros y los dobles aparejos
para izar las _tintoreras_ de los trpicos.

--Pescas que deben ser muy peligrosas, capitn.

--Capitn! capitn!--repiti con acentuado  desprecio.--Capitn de
qu? de este cajn con ruedas? Mil rayos y bombas! Capitn  de ro,
sin rol, sextante, ni brjula, con cuatro rajas de lea en la bodega,
una derrota de diez horas, un buque en miniatura y un _tiqun_ por
timn! Vaya un capitn!

El sarcasmo y la rudeza de las palabras del antiguo marino,
involuntariamente me hicieron  recordar al clebre personaje de la
_Agona_, drama en que Larra dice por boca de un viejo contramaestre
de los que acompaaron  Coln, que las tormentas en tierra, son
truenos que apenas se oyen y gotas de agua que ensucian. El capitn
del _Batea_ era un retrato del viejo _lobo_ de la _Nia_.

Ya que hemos principiado  bosquejar tipos, vamos  trazar cuatro
brochazos--por ms que sea  la ligera--en los bocetos de los
personajes que ocupaban la mesa. A la derecha del capitn, que sudaba,
no tinta, sino brea, embutido en un corbatn y una americana negra, se
encontraba sentada una _empleada_ que responda al nombre de Bertita:
ojos melados, negros, grandes, y velados de largas pestaas; pelo
fino, lustroso, abundante, negro como sus ojos; nariz pequea y un
tanto arremangada, smbolo de burla; labios finos; dientes, aunque
de mortales huesos, y no de perlas, compactos, blancos  iguales;
tez morena; seno alto y exuberante; manos redondas y pequeas, y
sonrisa marcadamente picaresca, constituan el distinguido conjunto de
Bertita, que vesta ligera y limpia bata de viaje, recogido sombrero
de terciopelo con pluma, cuello y puos  la marinera, cinturn de
piel de Rusia, y diminutas botitas color caf.--Les gusta  ustedes
el tipo?--S.--Pues  m tambin. El capitn, de cuando en cuando,
la miraba de reojo, y hasta creo que el buen hombre se olvidaba
de todos los horizontes de los trpicos, por el pequeo cielo que
constitua la risuea cara de Bertita, en la que no haba mas nubes
que un picaresco lunar puesto en el labio superior con ms malicia
que queso en ratonera. A la mitad del almuerzo, ya nos haba contado
quin era, adonde iba,  porqu haba venido, quin era su padre,
su abuelo y hasta un primito  cuyo solo nombre, larg un bufido muy
pronunciado un respetable y obeso seor que estaba sentado   su lado,
y que  grandes rodeos--pues en esto, era lo nico en que enmudeca
Bertita--supimos era su esposo. _Este_, como le llamaba _aquella_,
tena una _cara_ de todo un buen hombre; el _gnero_ paciente y la
_clase_ resignada, se definan perfectamente en aquel armazn de
carne, en la que brillaban dos ojillos azules, unas narices abultadas
y granugientas, y una calva cercada de algunos mechones blancos,
compaeros de un enmaraado y desigual bigote. Toda la locuacidad
de Bertita, era mutismo en el seor D. Paco, quien se limitaba 
aprobar con monoslabos los largos perodos que salan de la fresca
y sonrosada boca de su esposa.

Ocupaba la izquierda del capitn, uno de esos misteriosos seres que
de cuando en cuando aparecen por las provincias del Archipilago,
llamndose unas veces alhajeros y otras naturalistas, por ms que en
la generalidad de los casos, sean verdaderos caballeros de industria,
que  la sombra de cuatro maletas llenas de abalorios y hoja de
lata, engaan la credulidad de los indios; sirvindoles otras veces
de pretexto, media docena de plantas parsitas, que ni entienden,
estudian ni clasifican. Al lado de estos ltimos, los hay--y yo me
honro con la amistad de algunos--que recorren los bosques de este
pas con el afn de enriquecer la ciencia, sufriendo toda clase de
privaciones, ante la satisfaccin de aumentar sus herbarios. El tipo
que nos ocupa, no puedo definir  qu clase pertenece. Habla poco y su
acentuacin seala al gascn, por ms que dice es alemn; come bien,
y sobre todo bebe mejor. Completaban los comensales, una plida,
mestiza china, ms difcil de bosquejar que el anterior.

Al lado de la mestiza, observaba y coma el autor de estas lneas.

--Jess, que caf, capitn!--dijo Bertita, haciendo un gracioso
mohn de desagrado al saborear el negro lquido que humeaba en la
taza:--nunca podr acostumbrarme  estos brebajes recordando el
Moka que se tomaba en casa del Ministro, el primo de _este_. Pues
no digo  ustedes nada, del que se serva en la embajada de Rusia,
ni el que se daba en las _soires_ de la Baronesa: Jess, Jess,
qu pas! Veinte das hace que desembarcamos, y lo que es as pronto
me vuelvo  mi Cdiz.

Ya pareci aquello, dije para mis adentros, andalucita tenemos.

--Pues no crea V. que esto es tan malo--la dije--cuando V. se instale,
y lleve algn tiempo de pas, le parecer muy bueno.

l silbido del vapor cort nuestra conversacin, al par que nos
anunciaba la llegada  Bian. El bretn se qued en aquel pueblo.

Nuevamente en marcha, cada cual procur colocarse lo mejor que pudo,
tanto en la cmara como sobre cubierta.

El vapor navegaba por la extensa laguna de Bay, madre del Pasig. Las
aguas de aquella en los fuertes _Sures y Nordestes_, toman gran
movilidad, hacindose un tanto peligrosa la navegacin en pequeas
embarcaciones. Varios naufragios registra la crnica de la laguna de
Bay, y segn algunos pesimistas, aquella es una constante amenaza para
Manila. No conozco el desnivel que existe entre la laguna y Manila,
si bien debe ser mucho, dada la situacin que aquella ocupa y lo
rpido de la corriente del Pasig.

La laguna de Bay--que no sabemos qu razn hay para no darle el
nombre de lago, pues aun de estos habr pocos en el mundo que midan
las grandiosas proporciones de aquella--tiene un circuito que se
hace subir por unos  35 leguas y por otros  30. Esta laguna tiene
islas, pennsulas, cabos y ensenadas,  y en sus orillas, se asientan
ricos y bellsimos pueblos, contndose entre ellos, el de Santa Cruz,
cabecera de la provincia. La pennsula que forman los ricos terrenos
de Jalajala, y los poticos sitios que rodean  Los Baos--pueblecito
as llamado por tener unas termas de reconocidas propiedades
medicinales,--son lugares que encontramos en los itinerarios de la
mayor parte de los _turistas_. Las playas de aquel pequeo mar--pues
no otro nombre debe drsele--estn salpicadas de bonitos pueblos,
los cuales de da en da, ven con creciente temor que las aguas van
invadiendo sus territorios, fenmeno fcil de explicar, si se tiene en
cuenta la cantidad de agua y arenas que arrastran las treinta y tres
vas que alimentan la laguna, con la desproporcin de su desage,
que se opera por una sola, que es la del Pasig. La aglomeracin de
arenas, va haciendo difcil la navegacin por muchos sitios, y si
en un plazo corto no se establecen servicios de dragas, la barra de
Napindan opondr un poderoso obstculo  los ms reducidos calados
al par que las aguas irn absorbiendo territorio. La cordillera
del Bay-bay limita uno de los horizontes de la laguna, la que podra
unirse con el mar Pacfico, de abrirse un canal en aquella cordillera,
nica barrera que se interpone entre ambas aguas.

 las cuatro de la tarde, despus de no pocas varadas, atracamos al
_pantaln_ de Santa. Cruz.

Hechos los ofrecimientos y despedidas de ordenanza, vino un fuerte
abrazo, dado por mi querido amigo D. Manuel Junquitu, quien me esperaba
en el desembarcadero.

El resto de la tarde lo pasamos en visitar el pueblo, el cual me
pareci sucio y triste. Est dividido por un ro, sobre el cual se
levanta un magnfico puente, construido en estos ltimos aos. La
crcel, hecha en pequeo bajo el modelo de la de Bilibid, de Manila;
la iglesia, convento, y Casa Real, [3] son los nicos edificios
notables que tiene Santa Cruz.

Por la noche despus de la cena, nos obsequi el bondadoso Alcalde
D. Antonio del Rosario con una serenata que omos desde los balcones
de la Casa Real.

 las once, habiendo dejado todo dispuesto para seguir mi viaje,
me acost.

Muy de madrugada fu despertado, tomando despus del indispensable
chocolate, los duros asientos de una carromata tirada por dos
_pencos_. Palo aqu y atasques all, llegamos al cabo de hora y media
 Magdalena, en donde mudamos de caballos, continuando hasta Majayjay,
pueblo muy nombrado y conocido por tener en su jurisdiccin la clebre
cascada del _Botocan_.

De Magdalena  Majayjay puede hacerse el camino en tiempo de secas
en carruaje, empleando dos horas, siendo expuesta esta forma de
locomocin cuando reinan las aguas, en cuya poca, lo accidentado del
terreno y los aguaceros torrenciales que manda el _Banajao_, ponen
el camino intransitable. En dicho camino es notable un puente que se
eleva sobre el ro Olla, dedicado  Nuestra Seora de la Sacrista,
segn lemos en la piedra.

En Majayjay, fu  parar  la casa del suizo D. Gustavo Tbler,
excelente naturalista, radicado y casado en el pas. Jams olvidar
las horas que pas al lado de aquella inteligencia verdaderamente
cosmopolita, y de aquella actividad incansable. Interpretaba al piano
con envidiable maestra las ms delicadas melodas de Beethoven, y
fotografiaba con su custico lpiz,  su correcta pluma, las costumbres
filipinas. El tiempo que le dejaba libre el cuidado de un magnfico
cafetal, lo reparta entre el amor de su esposa, el cario de sus
hijos, el estudio, y el preparado y conservacin de sus colecciones.

Amante, hasta el delirio, de su pas, viva feliz entre las agrestes
fragosidades que rodean  Majayjay, las cuales le recordaban las
pintorescas montaas de Suiza. Efecto de su laboriosidad contrajo una
afeccin al hgado, que le condujo al sepulcro siendo an joven. Muri
en Hong-kong, dejando algunos trabajos inditos, que el autor de
estas lneas le vi escribir en una temporada que vivieron juntos.

La tarde que llegu  Majayjay y en la que por primera vez habl al
Sr. Tbler, se concert que  la madrugada siguiente visitaramos
la _cascada_. El resto de tarde y noche hasta que nos acostamos, la
ocupamos en recorrer y examinar el pequeo museo que constitua la
casa del Sr. Tbler, quien con su acostumbrada amabilidad explicaba
objeto por objeto. Pjaros, mariposas, reptiles, herbarios y parsitas,
haba por doquier. Al lado de Linneo y Cuvier, se vea  Goethe y
Cervntes, confundidos con esptulas y bisturs, lpices y pinceles,
mezclndose en este conjunto los tarros de jabones arsenicales,
con los tubos de colores. Lo artificial, juntamente con lo natural,
las obras del hombre, con las obras de Dios.

En la poca  que me refiero, conclua el Sr. Tbler un precioso lbum
de costumbres filipinas, que ms tarde mand litografiar  Alemania,
formando un curiossimo tomo, del cual conservo un ejemplar que
me regal.

Ya era bien entrada la noche, cuando dejamos la conversacin, yendo
en busca del lecho, en el que no tard en quedarme dormido al arrullo
de un riachuelo que corre cerca de la casa.



CHAPTER II

CAPTULO II.

Horizontes intertropicales.--Suelo y cielo de Filipinas.--Panoramas
indescriptibles.--La cascada del Botocan.--La grandiosidad ante
los ojos del alma.--Evocaciones y recuerdos.--Un ateo.--El camarn
del Botocan.--Almuerzo al borde del abismo.--Chismografa al
por menor.--Cuentos y ancdotas.--Las mujeres filipinas.--Tipos y
registros.--Opiniones.--Amor desgraciado.--Leyenda y autgrafo.--Camino
de Tayabas.--Llegada  Lucban.

Hay panoramas en este pas imposibles de describir ni pintar. La ms
fcil pluma y el ms valiente pincel vacilan en la cuartilla y en la
paleta; ni en la primera se pueden coordinar ideas, ni en la segunda
combinar colores que remotamente se aproximen  la realidad. Me deca
un pintor en una ocasin que presencibamos la puesta del sol:--Vea
usted ese horizonte desconocido completamente fuera de las regiones
intertropicales, y dgame si habr quien pueda soar esa clase de
tintas.--Aquel artista tena muchsima razn. El pincel es impotente
ante la insondable bveda de los trpicos.

Si imposible es pintar el cielo de este pas, tanto lo es el describir
algunos panoramas de su suelo. Muchas y magistrales descripciones de
la cascada del Botocan conozco; respetables firmas suscriben aquellas;
eminencias en la repblica de las letras la han admirado;  buenos
poetas le han consagrado sus inspiraciones, y hasta extraviados amantes
la han popularizado haciendo  sus hirvientes espumas, cmplices de
amargos desengaos; mas soy franco, ni la tradicional leyenda, ni el
fugaz artculo, ni el profundo libro, ni el cuadro, ni la narracin,
ni nada de lo que hasta entonces haba ledo, visto  odo referente
 la cascada, se evoc  mi memoria cuando llegamos al borde del
grandioso precipicio. La emocin y la sorpresa son instantneas,
pues la situacin y configuracin del terreno donde la masa de
agua se precipita, tiene una depresin particular que no permite
al viajero apreciar detalle alguno, sino todo el conjunto. Una sola
visual descorre el grandioso cuadro, y el estupor invade la materia,
concentrando la admiracin en el espritu.

El vrtigo, la grandiosidad, lo insondable, lo indefinido; masas de
agua que se coloran, que chocan, que ensordecen; abismo que atrae y que
fascina; transparentes trombas que se cristalizan, se retuercen, y por
ltimo se esparcen en gigantescas cabelleras, cuyos hilos de plata al
rozar en la roca se descomponen y se elevan en tenues vapores; millones
de preciosos cambiantes con los que se ilumina la grantica crcel,
en la que el Sumo Hacedor guarda una de sus ms bellas creaciones;
sombras queridas que forja la fantasa envueltas en transparentes
encajes de espuma; tiernas evocaciones de otras edades y otros tiempos;
gratas reminiscencias de seres amados; consoladoras fantasmas surgidas
de las compactas brumas; misteriosos ruidos que suplican, amenazan,
suspiran  maldicen, es lo que instantneamente se agolpa y embarga
nuestros sentidos al llegar al borde de aquel abismo, en cuyo negro
fondo truena la grandeza del Dios del _Sina_, recordando  los
mortales el terrible _Dios ira_ de los inmutables y eternos fallos.

Todo lo grande despierta en el alma cuantos sublimes ensueos se
elaboran en los misterios de la admiracin. El espectador se encarna
con el cuadro que presencia, se paralizan sus sentidos y el xtasis
alienta las ms tiernas creaciones. Un poeta ante la cascada del
Botocan, resucita todos los colosos del sentimiento, y al murmurio
de las ondas, recuerda sus inmortales producciones.

El artista aprecia con los ojos del alma las ms sublimes imgenes
y suea con la realizacin  de su ideal, viendo surgir de las
tornasoladas  espumas los rayos de luz que iluminaron  la mente de
Murillo y Rafael; las columnas monolticas, imperecederas memorias de
edades prehistricas; las atrevidas afiligranadas ojivas moriscas,
sntesis de la mas grande de las epopeyas; las medrosas siluetas
de las esfinges faranicas con sus impenetrables jeroglficos; los
derrudos circos romanos, compendio de la salvaje barbarie, al par
que del sibaritismo de los antiguos imperios; los truncados altares
drudicos con los tiernos recuerdos de sus _vestales_, y lo horrible
de sus sacrificios; los almenados cubos de las feudales torres,
con sus severas damas, sus tiernos trovadores, sus rientes bufones,
sus turbulentos caballeros; la estalacttica gruta, dbil remedo
del sumo poder; el triunfo, el genio, la gloria, las aspiraciones,
la esperanza, el amor, las titnicas empresas; todo, todo cuanto
embellece la vida desfila ante el letrgico estupor  que predispone
la contemplacin de todo lo grande..

       *       *       *       *       *

El plano por el que se precipitan las aguas del Botocan, no tiene
rampa, siendo perfectamente perpendicular.

Las paredes que forman el abismo, tienen casi la misma altura,
y en cuanto  su circunferencia es muy limitada, tanto, que cuando
las aguas son caudalosas, rompen en el muro paralelo al en que se
precipitan, cubrindose de vapores, tanto el total del fondo como la
boca de la sima.

Hecha esta pequea explicacin, se comprende que no hay preparacin
alguna para el espectculo;  cinco pasos del borde solo se ve un
bello paisaje y un raqutico ro, con un puente de bongas y caas;
percibiendo el odo el ruido repercutido, que llega muy amortiguado
al romper las ondas en las encadenadas rocas.

Muchas veces he admirado la cascada, y siempre su espectculo me
parece nuevo. Al borde de aquel precipicio, he pasado muchas horas de
contemplacin. All, por un poder misterioso y consolador, me crea
ms cerca de Dios, y de los seres que sintetizan y compendian mi fe,
mis esperanzas y mis amores. No pocas veces el ruido atronador de las
aguas se ha mezclado con una oracin murmurada por mis labios y un
profundo suspiro arrancado de mi alma, dirigiendo la primera al cielo,
y el segundo al tranquilo y lejano hogar que guarda mi cuna. Una de las
veces que visit el Botocan, fu acompaado de un amigo que tiene sus
_ribetes_ de ateo. Observ cuidadosamente las impresiones que reflejaba
su cara  la vista de aquel cuadro, cuando de pronto se volvi  m,
dicindome con una verdadera emocin:--Hay misteriosos templos,
fabricados en la insondable noche de los tiempos, ante los cuales la
rodilla se dobla, el espritu se fortalece y el alma busca tras lo
desconocido  quien los crea y alienta.--La espontnea confesin de
mi amigo, resume la mejor definicin de la cascada del Botocan.

Como todo tiene su trmino, tambin lo tuvo en la maana  que me
refiero la admiracin de que estbamos posedos, esparcindose unos
por aqu, y otros por all, buscando los ms la sombra de un rstico
camarn levantado en uno de los bordes ms altos de la roca. All se
sirvi el almuerzo, encontrndonos envueltos en los frescos efluvios,
pudiendo jurar  mis lectores, que pocos recuerdo como aquel. El
Burdeos y el Champagne concluyeron de disipar las ltimas nubes de
emocin, sustituyndolas por risueos horizontes de color de rosa.

 los postres _acudieron_ las ancdotas, los sucedidos, los
apropsitos, la chismografa de buen gnero y todo el vocabulario
de gente joven y de buen humor. Con las superfluidades y dicharachos
del momento vino el picaresco cuento con sus indispensables gallegos
y andaluces, y tras la facundia de estos y el engao de aquellos, se
recordaron escenas amorosas. De relato en relato, de idilio en idilio
y de desengao en desengao, vinimos  parar  las mujeres del pas,
y cada cual opin  su manera. Unos decan que la india ama, que la
mestiza espaola es indiferente y la china fra y calculadora; otros,
que las mujeres en todas partes son lo mismo, y por ltimo, despus
de barajarse la conversacin por todos los tonos, tipos y registros,
dijo uno en son proftico y concluyente:

--Nada, caballeros, hay que desengaarse, en este pas, ni las mujeres
aman, ni los pjaros cantan, ni las flores huelen.

--Eh!--murmur uno con la misma viveza que si le hubiera picado una
culebra.--Qu blasfemia ha dicho usted! En esa especie de aforismo,
solo se compendia una de las muchas vulgaridades que se repiten en
este pas, por quien no lo conoce.

--Que pruebe que las mujeres aman--dijo uno.--Que nos demuestre que
los pjaros cantan--grit otro.

--Pues que justifique que las flores huelen--balbuce un tercero.

--Que s, que s, que lo pruebe, que lo pruebe, que lo
_pruebe_,--gritamos todos.

--Corriente, seores, dijo con gran calma el interpelado.--All
va, no una leyenda, sino un verdico suceso: testigo de l nuestro
amigo Tbler.

Hace unos cuantos aos, bajamos el Sr. Tbler  y yo al fondo de ese
abismo; y saben ustedes  qu? Pues  recoger los ltimos restos
de una pobre mujer que busc en el suicidio el olvido  un amor
desgraciado.

--No sera del pas,--replic uno.

--Del pas, y muy del pas; tanto que no cuento detalles, porque no
lejos de aqu viven parientes muy allegados de aquella desgraciada
joven.

--Vaya unas pruebas!--aadi un tercero.

--No ha satisfecho? No? pues escuchen.

Tras estas palabras, _tom plaza_, en boca de mi amigo, una potica
leyenda que haca referencia  los sitios que pisbamos,  la cascada,
 un grandioso puente sin concluir que se encuentra no lejos de aquel
lugar, y sobre todo  demostrar que en Filipinas las mujeres aman,
los pjaros cantan y las flores huelen.

--La leyenda que concluyo de contar,--dijo mi buen amigo, una vez que
termin aquella,--no crean ustedes es de mi invencin y prueba de ello
que conservo el autgrafo de su autor, el cual me lo dej como prenda
de amistad.--Odos que tal oyen,--dije en mi interior.--Puesto que
existe autgrafo, y el tenedor de l es amigo, renuncio  repetir
la leyenda, reservndome pedir el original y transcribirlo punto
por punto.

El sol marchaba  su ocaso, y aprovechando los compactos nubarrones
que nos preservaban de sus rayos, montamos  caballo, dirigindonos
 Lucban, primer pueblo de la provincia de Tayabas.

 las seis de la tarde entramos en aquel pueblo por la calle de
Majayjay, nombre que lemos en un tarjetn de madera clavado en la
primera casa.  los pocos minutos parbamos ante la maciza y claveteada
puerta del convento.



CHAPTER III

CAPTULO III.

Lucban.--Su origen.--Situacin.--Mr. Jagor y Sir John Bowring en
camino.--Alturas inexploradas.--Arroyos y torrentes.--Amazonas
tagalas.--Datos estadsticos.--Fechas imperecederas.--La
iglesia, el convento y el tribunal.--Dos cuadros.--Un cocinero
municipal y una mestiza tendera.--Aguas constantes.--Higrmetros
y termmetros.--Fro.--Las frondas del gran Banajao.--Artes y
oficios.--La nia, la hermana y la madre.--Tejedoras.--Petacas y
sombreros.--Msica _fuerte_ y msica _dbil_.--Fray Samuel Mena.--El
pretil del convento.--La campana de las nimas.--Cofradas.--La
guardia de honor de Mara.--El Calvario.--El novenario de las
flores.--Las dalagas de Lucban.--La _tagabayan_, la _tagalabi_ y
la _tagalinang_.--El feudo y el terruo.--La sangre _celeste_ y la
plebe.--La capitana _Babae_.--La meloda del Fausto.--Cumplimiento
de una oferta.--El autgrafo.

Lucban--como ya dejo dicho--es el primer pueblo de la provincia
de Tayabas, viniendo de la Laguna. Se encuentra en una bellsima
situacin,  la falda del Banajao, coloso que domina un extenso
horizonte. Lucban es un pueblo de gran antigedad, y su nombre,
que en tagalo significa naranja, se debe, sin duda,  que en su
jurisdiccin se criaron gran nmero de dichos frutales. Confina con
Tayabas, Majayjay y Mauban, de los cuales el pueblo de Mauban es el
ms lejano, que dista unas cinco horas de camino, sumamente  montuoso
y accidentado.

Los alrededores de Lucban presentan panoramas de los ms bellos y
agrestes que puede soar la fantasa. El camino que dirige  Majayjay
es indescriptible, y esto no somos nosotros solo quien lo decimos,
sino que as lo asegura Mr. Jagor en sus _Viajes por Filipinas_, en
los que, hablando del trayecto de Majayjay  Lucban, dice: El camino
va siguiendo hondos barrancos de bloques baslticos por la falda del
Banajao. La vegetacin ofrece una magnificencia indescriptible. A las
tres horas de marcha se llega  Lucban, rico pueblo situado al NE. de
Majayjay. La agricultura,  causa de lo accidentado del terreno, no
es de gran consideracin, pero hay bastante industria. Los habitantes
tejen sombreros y petacas con tiras de hojas de una palma llamada
bur. El agua corre en abundancia  por los lados de la calle, abiertos
como canales; todas estn empedradas con una especie de _macadn._

Sir John Bowring, al ocuparse del mismo camino y de Lucban, dice:
El Alcalde de Tayabas vino  Majayjay para invitarnos  que pasramos
 su provincia, en donde, segn nos dijo, el pueblo nos esperaba con
afn, y se haban hecho varios preparativos para nuestra recepcin,
y quedara muy descontento si no visitbamos Lucban. No perdimos la
amable invitacin, y nos metimos en los palanquines que para ello
prepararon, y en verdad fuimos bien recompensados. Los caminos son
torrentes muy  menudo impracticables,  por las muchas rocas que
arrastran las aguas; algunas veces nos vimos obligados  dejar el
camino para coger otro paso peor. En algunos lugares, el barro era
tan profundo, que nuestros sostenedores se metan hasta las rodillas,
y solo la larga prctica y la asistencia de sus compaeros pudieron
sacarles del mal paso. Pero toda dificultad se venca con aclamaciones,
con espritu alegre y festivo,  risa estrepitosa, y por una espontnea
y fraternal cooperacin. A nuestro alrededor todo era soledad,
silencio interrumpido solo por el zumbido de la abeja y el canto
de los pjaros; profundos barrancos cubiertos de rboles que nunca
hacha alguna ha tocado; alturas todava de ms difcil exploracin,
coronadas de rboles; arroyos y torrentes que forman precipicios y
cadas de agua, dirigindose hacia el gran receptculo del Ocano.

Por fin llegamos  una planicie, en la cima de una montaa, en
donde dos grandes literas  adornadas aguardaban, y fuimos saludados
por una multitud de lindas jvenes, montadas en caballitos que
manejaban con admirable  agilidad. Se hallaban vestidas con los
ms pintorescos trajes. El Alcalde las llamaba sus amazonas, y una
hermosa intrprete nos inform, en buen castellano, que haban venido
 escoltarnos hasta Lucban, que se hallaba prximamente  una legua de
distancia. La presencia de ellas era tan inesperada, como agradable
y sorprendente. Not que las tagalas montaban indistintamente, 
uno  otro lado del caballo. Eran excelentes jinetes, y galopaban y
caracoleaban  uno y otro lado, chasqueando sus bonitos ltigos. Una
banda de msica nos preceda, y las casas indias que pasbamos
presentaban sus acostumbradas demostraciones de bienvenida. Los caminos
tenan mayor nmero de adornos y arcos de bambes en ambos lados. Los
morteros haciendo fuego anunciaban nuestra llegada. Las amazonas usaban
unos sombreros adornados con cintas y flores; todas llevaban pauelos
de pia en sus hombros,  iban vestidas con telas de fuertes colores,
fabricadas en el pas que aumentaban el efecto del cuadro. Tan pronto
estaban delante como detrs, siendo perfectamente naturales todos
los movimientos. El convento, como siempre, fu nuestro destino.

Hemos hecho mencin de los anteriores prrafos por dos razones: la
primera, porque hay gran exactitud en ellos, y la segunda, porque es
de lo poquito que hay escrito respecto de la provincia de Tayabas.

Tiene Lucban [4] 12.247 almas, de las que tributan 6.456,
correspondiendo  66 cabeceras. Dista de Tayabas, la cabecera,
algo ms de 12 kilmetros, siendo paso de la lnea telegrfica que
hoy concluye en Tayabas, pero que seguir en breve hasta Albay.

De los datos que he podido adquirir resulta, que durante el ao 1875
hubo 419 bautizos, 102 casamientos y 471 defunciones; fueron sorteados
para el servicio de las armas 667 mozos, de los cuales se sacaron 12
soldados. Se vacunaron 386 nios y asistieron  las escuelas  durante
el ao 2.002 de ambos sexos. Su jurisdiccin comprende 152 barrios,
bajo la vigilancia de otros tantos caudillos  _matandng sa-nayos._
La fuerza de cuadrilleros la forman 74 hombres, y por ltimo, como dato
estadstico consignaremos que en el juzgado se sustanciaron 18 causas
de otros tantos delitos cometidos dentro de la demarcacin de dicho
pueblo. Tiene destacamento de guardia civil,  cargo de un oficial
de ejrcito; fuerza de carabineros y Administracin de Hacienda. El
ministerio parroquial est  cargo de la orden de San Francisco.

Lucban ha pasado en estos ltimos aos por un sin nmero de
vicisitudes. La noche del 18 de Agosto de 1860 y la madrugada del
25 de Octubre de 1873, son dos fechas imperecederas que recordar
Lucban mientras exista. En la primera fu reducido casi por completo
 cenizas y en la segunda el vrtice de un tifn derrumb la mayora
de sus edificios. Entre los que quedaron en pi--si bien con grandes
deterioros--son dignos de citarse la iglesia, el convento y el
tribunal. Aquel es de slida fbrica, estando sus muros reforzados
con grandes machones de piedra y ladrillo. La iglesia, lo mismo que
el pueblo, est bajo la advocacin de San Lus obispo, cuya fiesta
se celebra con gran solemnidad el 19 de Agosto. El templo es muy
espacioso; lo forma una extensa nave, un proporcionado crucero y un
amplio y hermoso presbiterio. En dicho templo hay un cuadro muy digno
de llamar la atencin, no por su mrito artstico, que es completamente
nulo, sino por la fuerza terrorfica de inventiva de su autor. El
asunto est muy trado y manoseado en el arte pictrico indgena,
y sin embargo de esto--y en ello est precisamente el mrito--el
_artista_ ha sabido dar alguna novedad al cuadro, que es, ni ms ni
menos, el infierno pero qu infierno! Todos los dibujos, pinturas y
grabados que hemos visto--que en verdad no son pocos--representando la
muerte del pecador, asunto muy rebuscado por los indios, se quedan muy
_chiquitos_ al lado del que hemos convenido en llamar cuadro, ms bien
por el marco que tiene que por el fondo, fondo que lo constituye unas
cuantas libras de almazarrn, delineando la ms completa coleccin de
pinchos, ruedas y garfios que hasta entonces habamos visto. Sentimos
no poder revelar el nombre del autor de aquella _tienda_ de pimentn,
pues no lo sabemos. Entre los _mritos_ que tiene, es el ser annimo.

En cambio del anterior, recomiendo  los aficionados  la pintura que
pasen por Lucban, una Pursima que el Padre Mena tiene en el saln
del convento, sacada de entre el polvo y las telaraas que ha muchos
aos ocultaban su mrito en la hmeda meseta de la escalera.

Segn las crnicas de la orden de San Francisco, la iglesia y convento
que hoy existen fueron concluidos el ao 1738. El primer templo que
se levant en Lucban, segn las expresadas crnicas, fu en el ao
1595 por Fr. Miguel de Talavera.

Dicho templo fu arruinado en 1629, construyndose otro ms slido,
que  su vez fu presa de las llamas, consumindose hasta el punto que
no pudo salvar el prroco ms que el copn y una Pursima. Sera esta
imagen la misma que hoy se admira en el saln del convento? Pregunta
es esta  que no han podido dar contestacin las muchas horas que he
dedicado  buscar la historia del cuadro.

El templo, como el convento, reclamaban en la fecha en que escribo
estas lneas, una pronta reparacin en el maderamen, tanto que ambos
edificios estaban hechos una completa gotera.

 ms de las anteriores construcciones, es digno de citarse el
tribunal, que puede competir con los mejores de su clase, y en el
que el transeunte encuentra todo gnero de auxilios, que proporciona
un mayordomo mediante los precios de tarifa que estn expuestos al
pblico. El viajero que llega  Lucban no debe preocuparse por nada
teniendo dinero, pues en el tribunal halla buenas y limpias camas,
magnfico servicio de mesa, elegante vajilla, fina cristalera y un
cocinero _municipal_ bastante aceptable, que cuenta no solo con los
recursos de sus conocimientos culinarios,  si que tambin con los
abundantes y escogidos surtidos de Europa que guardan los escaparates
de dos establecimientos. Uno de estos pertenece  una simptica 
inteligente mestiza, cuya afabilidad lleva  su tienda gran nmero
de consumidores.

La escuela es muy espaciosa, siendo de piedra su construccin. El
resto de los edificios de Lucban no presentan nada de particular,
vindose algunas casas con teja y zinc, si bien la generalidad son
de tabla con cubiertas de cabo negro. Por todas partes se conservan
las huellas del terrible tifn del 25 de Octubre.

La proximidad  los altos picachos del Banajao y los vecinos bosques,
hacen que raro sea el da que no llueva. En cuanto  su humedad, es
tan constante, que estoy seguro pocos sitios habitados habr en el
mundo que acusen en los higrmetros una intensidad mayor;  pesar de
esto, Lucban no es malsano, teniendo la precaucin de resguardarse
de el relente de la tarde, y sobre todo, dormir entre lana, con el
vientre fajado, cosa que en nada atormenta, pues aun prescindiendo de
la ciencia higinica, las necesidades de la materia hacen que los que
duermen en aquel pueblo busquen la manta, y no dir las mantas porque
no se me tache de exagerado, por ms que las he usado en los meses de
Diciembre y Enero, en los que tena mi cama con todo el servicio de
las de Europa. Tuve ocasin de observar los termmetros, sealando
12 centgrados en algunas madrugadas. En Manila la temperatura
flucta en todo el ao, entre los 22  33. Estas cifras sealan una
grandsima desproporcin, tanto ms de notar, cuanto que de un punto
 otro solo hay unas 22 leguas. Semejante desnivel de temperatura
en tan corto espacio, solo se explica por la grandsima altura que
tiene Lucban con relacin  Manila y por las continuas lluvias que
mantienen una latente humedad en la atmsfera, refrescada por los
Nortes y purificada por las azoadas emanaciones que recogen aquellos
al recorrer las elevadas y espesas frondas del Banajao. Sin embargo
de tales condiciones climatolgicas, altamente beneficiosas para el
cultivo del campo, en dicho pueblo se dedican poco  la agricultura,
verdad es, que su jurisdiccin es escasa, y  ms de escasa, difcil
de ponerla en situacin de beneficio por lo quebrado del terreno y los
rboles y malezas que lo pueblan. No es agricultor, pero en cambio es
artista como pueblo alguno de Filipinas. En esta ocasin, como en otras
muchas de este libro, advierto  mis lectores escribo muy en serio,
llevando por norma la pura verdad. Hago esta salvedad, por juzgarla
muy oportuna antes de decir lo que conservo en mi memoria y en las
notas de mi cartera. Lucban tiene 12.247 habitantes, que son otros
tantos artistas. El oro, la plata, el acero y el hierro los manejan
 la perfeccin. La fragua, el yunque, la lima y el cincel producen
preciosas obras de joyera, tiles maquinarias, variados artefactos
y primorosos objetos de coleccin y adorno. Incrustaciones en el
hierro y el acero he visto, que francamente, hasta mis ojos dudaban
que tales hombres, y sobre todo con las herramientas que empleaban,
pudieran hacerlas. Los cuchillos cortos de hoja ancha, que el natural
llama _bolos,_ no tienen rival con los que se fabrican en Lucban. [5]

Con la varilla de un paraguas viejo, hacen un buril, y con este y un
mal cortaplumas, tallan todo lo tallable, luciendo principalmente
su habilidad en el cuerno del carabao cimarrn, haciendo objetos
primorosos. Puos de armas, de bastones, de cuchillos; cajas,
salacots, cucharas, tapas de libros, pequeas estatuas, estuches,
petacas y otros cientos de objetos, hacen del cuerno del carabao,
que ha de ser _cimarrn_ y no domstico, porque la fibra del primero
es ms compacta que la del segundo; circunstancia fcil de explicar
al tener en cuenta el constante uso que hace el carabao montaraz de
sus cuernos y el poco que hace el domstico.

A ms de los anteriores trabajos, son dignas de citar, y muy en
primer trmino, las obras femeniles. En Lucban, las nias no juegan,
pues todas trabajan: la nia limpia, estira y prepara las fibras del
_bur,_ el _cabo-negro_ y el _buntan,_ con las que la hermana arma,
y la madre teje finsimos sombreros, petacas, _salacots_, guardavasos,
petates, _tampipis,_ y hasta unos pantalones, si le dan horma, tiempo
y dinero, y digo esto, porque ya se ha hecho un chaleco, tejido con
la fibra del _bur._

Las petacas y sombreros de Lucban constituyen una industria bien
conocida en Manila, y aun en Espaa y en el extranjero. En los mismos
momentos en que escribo estas lneas, tiene hecha la casa de Guichard
y Compaa con un amigo mo, una gran contrata de sombreros para la
exportacin. A la Exposicin de Filadelfia se mandaron varias clases
de tejidos de fibras de diversas palmas, que de seguro llamaran
la atencin. La mujer que no teje, borda en oro,  hace trabajos de
abalorios, sedas,  escamas de pescado. De estas ltimas, adornadas
de oro, regal el pueblo de Lucban al general Alaminos en su visita
del ao de 1874, una preciossima corona. Si queris un retrato al
pasar por Lucban, no tengis cuidado, que lo tendris; hay all indios
que, con solo veros una vez, os trasladarn al lienzo. Con una mala
fotografa de D. Alfonso XII se ha hecho el retrato de cuerpo entero
que ostenta el tribunal de Mauban.

En cuanto  la msica, nada tengo que decir  mis lectores, pues en
muchas provincias, incluso en Manila, conocen la de Lucban, la cual
tendr muy pocas en todo Filipinas que puedan rivalizar con ella,
A ms de la msica _fuerte_, haba,--pues hoy ya no existe--una
orquesta del _sexo dbil,_ que concluy por casarse la mayor parte
de las artistas. En conclusin, para que todos sean artistas en
Lucban dir  ustedes que mi querido amigo Fr. Samuel Mena, su cura
prroco, es entre otras cosas buenas, un excelente msico, y vean mis
lectores cmo rodando rodando, hemos vuelto adonde partimos. Llegamos
al convento, y ahora tropezamos con el prroco, quien nos brind con
una franca y cordial hospitalidad, que aceptamos gustosos, alojndonos
en una espaciosa habitacin con vistas al Banajao.

El convento, enclavado en uno de los extremos  del pueblo, presenta en
su maciza y negruzca fbrica, un aspecto triste y sombro. La piedra
tapizada de musgo y cubierta con la viscosidad que forma el continuo
azotar de las aguas, le dan un todo imponente y majestuoso, que hace
recordar los viejos sillares de los antiguos castillos descritos en
legendarios romances.

El que cruza de noche el amplio pretil que se extiende frente  la
puerta del convento, insensiblemente acelera el paso. La masa negra que
forma el frontispicio de la iglesia, destacndose bajo un cielo siempre
cubierto de nubes; la opaca lamparilla que perezosamente chisporrotea
en el hueco del muro, alumbrando,  mejor dicho, queriendo alumbrar,
la imagen de San Lus, patrn del pueblo, y ms que todo el montono
y pertinaz llover, forman un cuadro altamente medroso. La campana que
 las ocho nos recuerda  los que _fueron_, tiene un eco tristsimo,
efecto sin duda de alguna rotura en el bronce.

Todo el silencio que rodea al templo durante las horas de las sombras,
se convierte en alegre bullicio tan luego aquellas desaparecen. Pocos
pueblos del mundo habr que tengan tantas cofradas, hermandades
y archicofradas religiosas, as que la iglesia es constantemente
visitada por gran nmero de fieles de ambos sexos, que preparan y
disponen las fiestas que unas  otras se suceden durante todo el ao,
siendo entre todas de notar, la que celebran las dalagas en el mes
de Mayo. Las combinaciones de flores con que adornan el altar, la
precisin de detalles, la potente facultad inventiva para sustituir
y apropiar cuanto hace falta, es admirable. Del tronco del pltano
construyen ingeniosas armaduras para gigantescos  candelabros, que
primorosamente revisten de follaje, haciendo con las hojas de la
sampaguita, el ilang-ilang, la sampaca y las doradas campanillas,
artsticas combinaciones. La fiesta de las _flores_ corre  cargo de
la cofrada titulada _La guarda de honor de Mara,_ formada por el
sexo femenino, sin exclusin de estados ni edades. Como distintivo,
llevan las cofrades una medalla de plata pendiente de una cinta
azul. La guarda de Mara est perfectamente organizada, constituyendo
la base de la asociacin, la adoracin perpetua  la Virgen, para lo
que la hermana mayor distribuye las horas del da y de la noche de
tal forma y con tal precisin,  que constantemente hay tres hermanas
en oracin. Los rezos se verifican en las casas,  cuyo efecto con
la debida anticipacin se seala el da y hora en que cada hermana
debe hacerlos. Como esta asociacin  no obedece  presin alguna,
y si solo  un acto puramente espontneo, excuso decir  mis lectores
que todas las hermanas sin excepcin de clases, cumplen al pie de la
letra su misin.

La guarda de Mara, durante algunos das de la cuaresma y Semana Santa,
acude en romera  una pintoresca montaa llamada el _Calvario_,
en la que se alza una tosca cruz de madera. La ofrenda  Mara que
hacen las _dalaguitas_ al terminarse el ltimo novenario del mes
de Mayo, es digna de verse por todos conceptos. En aquel da se
recarga el templo de flores y follaje, suspendindose de la bveda
un colosal rosario de verdura, el cual baja desde el centro de la
nave formando pabellones y rematando en el comedio del presbiterio,
con una gran cruz de flores. Termina la fiesta por ofrecer y depositar
las _dalagas_  los pies de la Virgen las blancas coronas con que van
engalanadas. He visto ms de una _dalaga_ en ese da, vestida de una
forma irreprochable, y en cuyo conjunto nada tendra que recusar la
ms puritana de las modistas. El traje que se usa para la ofrenda
es el de la desposada, vindose en ellas desde la primorosa botita
de raso blanco llevada del _Bazar Oriental_,  el ms transparente
encaje de casa de _Los Catalanes_.

Las _dalagas_ de Lucban imprimen un sello especial y _sui generis_
 todas sus fiestas, bien sean de carcter religioso, bien puramente
mundano. La lucbanense no prescinde por nada ni por nadie del rango
social que ocupa, pues es de advertir que en dicho pueblo las mujeres
estn divididas en tres clases: La primera,  sea la _taga-bayan,_ la
constituye la sangre _azul_,  como si dijramos la aristocracia. A
las _taga-bayan_ las veris siempre en carcter. Sus distintivos
son: hablar ms  menos el espaol, calzar botitos en las grandes
solemnidades; medias, con bordadas chinelas en las medias fiestas,
y pi desnudo resguardado por pintado zueco, en lo ordinario; viste
estrecho tapiz, con la abertura atrs, permitindose algunas veces,
saya suelta, la que invariablemente es de seda, completando su atavo,
ternos ms  menos costosos _y pias_ ms  menos bordadas. En la
iglesia se arrodilla siempre prxima al presbiterio, y jams se ha
visto  una _taga-bayan_ sin su correspondiente devocionario y su
rosario de coral, plata  ncar. Casi todas han estado en colegio,
saben leer, escribir y bordar, un poquito de msica, y hasta algunas
se permiten rimar un _cundiman_, dedicado  alguna amiga, el da de
su santo.

El distintivo culminante en la _taga-bayan_, es el orgullo con que
llevan y mantienen su jerarqua. Una intrusin de una _dalaga_ de
segunda,  tercera clase, en las fronteras de la sangre _celeste_,
producira una verdadera revolucin femenina.

La segunda jerarqua, la constituye la _taga-tabi,_ la que generalmente
vive por las orillas del pueblo, y se diferencian poco de la primera
clase en cuanto  usos y costumbres. Asiste  las fiestas de aquellas,
si bien sin confundirse con ellas, no habla espaol, no calza botitos
por ms _tieso_ que repiquen, y no conoce el colegio, ms que por
las relaciones que oye de la _taga-bayan_ cuando la permite que se
acerque hasta ella. El constante anhelo, el desideratum de los sueos
de una _taga-tabi_, es poder llegar al rango de las _taga-bayan_, 
cuyo deseo, suele sacrificar no pocas veces su felicidad, uniendo su
suerte  la de algn viejo _capitn pasado,   cabeza reformado_, cuyas
jerarquas dan  sus mujeres un lugar en el suspirado _taga-bayan_.

La verdadera diferencia donde existe, es con la tercera clase llamada
_taga-linang_,  sea la plebe, mujeres todas de sementera que miran
 una _taga-bayan_ con la misma admiracin con que contempla un hijo
del _Corn_ el ltimo rayo del sol poniente.

La _taga-bayan_ tiene el orgullo de la antigua seora feudal, que
desde la alta almena despreciaba  la pobre villana que labraba
la tierra al pi de los fosos del castillo. La primera noche que
estuve en Lucban, fu presentado en la casa de la _capitana babae_,
 sea la Reina de las _taga-bayan_, guapa mestiza china, de labios
muy finos, mirada penetrante, conversacin amena y sentimientos
fros y calculadores. La encontramos rodeada de unas cuantas amigas,
y habindome llamado la atencin la solicitud con que era servida,
no pude menos de observarlo  uno de los que me acompaaban, quien
me explic las diferencias sociales que dejo hecha mencin, y que
ms tarde tuve ocasin de comprobar.

--Le gusta  V.?--me dijo mi excelente amigo Pardo Pimentel,
comerciante radicado haca aos en Lucban, viendo la profunda
atencin con que escuchaba una meloda del Fausto, tocada al piano
por la mestiza.

--No s qu decir  V.,--contest--la estatua es correcta; pero el
espritu que la anima me parece fro cual el mrmol.

--Fro, no; dotado de una potente fuerza de disimulo, s. Esa mujer
hace de su cara lo que quiere, su cabeza manda al corazn, y muy
de tarde en tarde pasa por su negra pupila un vivido relmpago, que
momentneamente descubre el insondable abismo de su alma. Jams esa
mujer retroceder en un propsito, morir si es preciso en la lucha,
pero crame V., morir sin ocurrrsele volver la cabeza atrs.

--Y nosotros, amigo Pardo, volvemos con esto al tema de la cascada.

--Y bien, ha quedado V. convencido de la verdad que encierra aquel
tema,  es de los que creen que las filipinas no aman?

--Creo como V., y en prueba de ello, le ruego que me entregue el
autgrafo de la leyenda que nos cont en la cascada. Sacar una
copia, y le prometo que en el primer libro que escriba la publicar,
hacindome solidario de las ideas que encierra.

Los ltimos acordes del Fausto, fueron arrancados al piano,  la sazn
que el toque de las nimas nos record que el Padre cenaba  esa hora,
y por lo tanto nos dirigimos al convento.

La promesa de mi amigo Pardo, no se dej esperar. Al irme  acostar,
me encontr sobre la mesita de noche el original de la leyenda,
cuya copia literal es objeto del siguiente captulo.



CHAPTER IV

CAPTULO IV.

_El puente del suspiro_.


Las mujeres no aman, los pjaros
no cantan, y las flores no huelen.


(Dicho popular filipino.)


SECTION I


Qu triste es un da sin sol!

Cuanta melancola lleva al alma uno de esos breves crepsculos en
que el astro del da desciende oculto tras los inmensos pliegues de
brumas, que forma el insondable manto de los cielos.

Qu momentos tan llenos de sentimiento los que se mezclan con los
pausados ecos de la oracin de la tarde!

La esquila que en el sombro torren produce los sonidos de la oracin
vespertina, vibra  en el mundo del sentimiento con una forma extraa;
tiene un no s qu indefinido, misterioso, incalificable.

Las campanadas que siguen al crepsculo son el sublime canto funeral
que el cristianismo cre  la muerte del da.

El alegre volteo de la campana cede en esos cortos momentos sus
bulliciosos ecos  las tristes, melanclicas y pausadas notas que se
desprenden del bronce, yendo  mezclarse con el _ngelus_ que murmura
la lengua y el recuerdo que despierta la mente.

En el misterioso _archivo_ de la memoria recorre el eco de la campana
todas las ms sublimes pginas; pginas que  la voz de los recuerdos
llegan al santuario del alma, evocando realidades del ayer y creando
fantasmas para el maana.

El toque de la muerte del da siempre me parece nuevo, siempre creo
orlo por primera vez.

Su primera campanada produce en mi organismo una sacudida magntica,
creyendo percibir en su montono tair la voz querida de la mujer
amada.

Aos hace que el ngel de mis sueos oy, desde el _mundo_ de la luz,
mi triste plegaria y el funeral doblar que escribe en el libro de la
vida la ltima letra, al confundirse con el ruido de la piqueta que
abre la fosa y el martillazo que cierra el atad; ltimos _adis_
que se elevan desde el fondo de la tumba  los que quedan esperando
en el _teatro_ del mundo la realidad de la muerte.

Qu triste est hoy el da!

La _madeja rubia_ que reparte la luz  los mundos en sus puras hebras,
perezosamente ha corrido el firmamento envuelta entre pardas nubes. Un
fuerte _Noroeste_ ha hecho gemir  la naturaleza que me rodea.

Hoy no hay crepsculo!

Hoy muere el da sin que el astro que lo alienta y vivifica haya
reanimado mi ser.

La noche bate sus negras alas en el cementerio de los vivos...!

Abstrado en mis profundas reflexiones, no he notado que la luz
artificial ha sustitudo  la luz del da.

Suena la oracin!

Recemos por los que fueron...

       *       *       *       *       *

Las anteriores lneas, cundo han sido escritas? No lo recuerdo, solo
puedo decir que las le entre las notas de mi cartera, encabezadas
con dos renglones que decan: Recuerdos de Filipinas. _De cmo no
es verdad que las mujeres no aman, los pjaros no cantan y las flores
no huelen_.

La lectura de semejantes conclusiones me hicieron leer y releer
lo que segua, y por ms que refrescaba mi memoria, no encontraba
la relacin de lo escrito con su epgrafe. Bah!--dije por ltimo
tirando la cartera sobre la mesa--sea de ello lo que quiera, es lo
cierto que _Rateln_, [6]  quien cariosamente saludo, tiene razn
en muchas de sus brillantes y poticas apreciaciones.

--Rateln tiene razn--dije distrado en voz alta.

La india puede poetizar el amor, es ms, lo poetiza.--Lo poetiza?--S
 no?--le dije en tono de buen humor  mi buen _Quico_, antiguo
veterano de la guerra de Cochinchina, ms mudo que _Grimeau_ y ms
fiel que un perro de Terranova.

Mi criado que me ayudaba  vestir, se qued mirndome con esa gravedad
del que trata de investigar una cosa que no comprende, y por ltimo
me dijo--no entiendo, seor.

--Digo, mi buen Quico, si t crees, por ejemplo, que una india pueda
llegar  ponerse muy flaca, muy plida y muy mala, en _puro_ querer
 un hombre.

--Puede ms, seor.

--Caramba! Puede ms.

--Seguro, ms.

--Has visto t alguna india en esas noches en que la luna asoma su
blanca faz por all--y le seal los picachos del vecino Banajao--que
haya cantado muy bajito, muy bajito, canciones que al que las escuchaba
le dieran ganas de llorar?

--_Sabe,_ seor.

--Si ser cierto que la india podr llegar al paroxismo del amor, 
la idealidad del querer,  la potica fusin de dos almas,  parodiar
 Julieta,  sacrificar su vida,  morir en fin, de amor?

--Muere tambin--dijo Quico, interrumpiendo mi _crescendo_.

--Que muere has dicho!

--Muere, seor--contest aquel con esa gravedad cmica del
indio.--Pregunte V.  su amiga X ... y ella contar  V. la historia
de _El puente del suspiro_.

Diez minutos despus de la anterior conversacin, y bajo un cielo
cubierto de pesados nubarrones, cosa habitual en los horizontes
que cierran las elevadas cumbres del Banajao, cabalgaba camino del
pintoresco pueblo de Lucban, donde vive mi amiga, en busca de la
misteriosa historia de _El puente del suspiro_.



SECTION II


El que haya corrido las alturas y hondonadas con que encadenan el
_Malinao_, el _Dalitiuan_ y el _Balete,_  las provincias de la Laguna
y Tayabas; el que haya contemplado desde la descarnada atalaya del
_San Cristbal,_ los risueos panoramas de Paquil y Paete; el que
haya palpitado de emocin ante la grandiosidad del _Botocan_; el que
la curiosidad, el estudio, la necesidad,  la caza le hayan obligado
 pasar el camino de Majayjay, necesariamente le habr llamado la
atencin un puente abandonado, semi-derrudo y de lgubre aspecto que
se eleva  un lado del camino. Su antigua y slida fbrica ha adquirido
con el tiempo, las aguas, y la viscosidad de los musgos que abrazan
la bveda que lo forma, un aspecto tan sencillo,  al par que severo,
que parece decir al viajero:--Deten tu marcha; deletrea en mis piedras
con los ojos de la investigacin; escucha el gemir de las puras ondas
que en un beso eterno acarician mi vida; contempla el panorama que
rodea mi cuna; oye los alegres cantos y los melanclicos susurros
que adormecen en mi crcel de granito  los genios de las sombras,
en esas interminables noches en que el aguacero carcome mis entraas
y el _cierzo_ conmueve mi ser; rene todo esto en el _laboratorio_
donde se purifican los pensamientos, donde se aquilatan las ms
sublimes concepciones, donde se anida el genio, donde mora el alma;
y al leer mi nombre de _El suspiro_ en los viejos sillares que me
sostienen, evocars la triste historia de la desgraciada Hasay. [7]

Quin fu Hasay? Cul fu su vida? Cul su historia?

Poco ms  menos, procurar recordar lo que en lenguaje natural y
verdico me cont mi buena y bellsima amiga.


SECTION III


Hasay, era all por los aos de 1845, una hermosa dalaga que contaba
unos quince, desde que su madre, india en toda su pureza, lanz el
ltimo aliento al arrancar de sus entraas un pedazo de su alma en
su hija Hasay.

La primera lgrima de Hasay, cay sobre los inmviles restos de
su madre.

Hasay jams supo quin fu su padre.

Infeliz expsita!...

La niez de la hurfana fu todo lo laboriosa que era consiguiente
 una pobre que no la haban legado ms que un padrn de deshonra su
padre, y una ardiente lgrima, que en un beso supremo antes de espirar,
depsito en su frente su desgraciada madre.

Ha dicho no s quin--creo que Selgas--que se conocen los nios que
se cran sin madre.

Qu cierto es esto!

Cuntas veces en mi querida Espaa, en las templadas tardes del
Otoo, he admirado en los jardines del _Parterre_, aquellas bandadas
de alegres nios entretenidos en sus juegos! Cuntas otras, al
caer cerca de m un volante  llegar rodando un aro, he detenido al
pequeo ser que lo buscaba! Al ver una de aquellas rubias cabecitas
cuidadosamente peinadas, formando bucles; al distinguir entre los
blanqusimos pliegues de la batista una pequeita Virgen de los
Dolores; al apreciar aquellas ligeras falditas, tan minuciosamente
inspeccionadas, sin faltarles ni una cinta, ni un pliegue, ni el
ms ligero detalle, no he podido menos de exclamar. Esa nia tiene
madre. Nadie, nadie ms que una madre sabe vestir  su hija.

Significa tanto el nombre de madre!

Por el contrario, cuando ha llegado hasta mi vista una nia de faz
macilenta, con el peinado descuidado, el vestido aunque rico, manchado,
sustituyendo algunos botones con alfileres puestos  la ligera, no la
he mirado al sonrosado y puro seno, pues estaba seguro que cual en la
anterior no descansara la pequea imagen _smbolo del dolor_. Al ver 
estas nias, siempre he dicho: pobrecitas! vosotras no tenis madre!

Una madre para su hija, es como el roco de la maana para la flor;
encerrar esta en una estufa, privarla de los primeros besos de la
fresca aurora y palidecer triste y mustia.

Un nio sin madre es cual la flor.

Saben tantas cosas las madres! Tiene tanto calor el seno de la que
nos di el ser!

Hasay, estaba en el nmero de las nias que no tienen madre! Era
la flor de la estufa!

En la misteriosa cadena de todo lo creado se destacan dos eslabones; la
_sensitiva_ y la madre: en la primera concluye el vegetal; en el amor
de la segunda, se establece el lazo de unin entre lo inmortal y lo
mortal, entre lo infinito y lo finito. La Reina de los Angeles, antes
de ser la _Seora_ de los cielos, fu la amantsima madre del Salvador.

Con la proverbial caridad de Filipinas, afortunadamente no se ha
llegado  escribir todava en estas playas el filosfico pareado
que inspir un infanticidio  el autor de _El Rey se divierte_,
al exclamar:


Amor, contra el honor, te di la vida.
Honor, contra el amor, te di la muerte.


Pensamiento sublime encerrado en dos versos, que en su laconismo
expresan y revelan todo un mundo de pasin el primero, todo un infierno
no descrito tras el terrible _lasciate_ del Dante, el segundo.

Qu negra ser la existencia de la madre que ahoga al hijo de sus
entraas!

Imposible es que la oracin d consuelo, el sol alegra, ni el tiempo
olvido,  la que no conmovi la inocencia del nio, que en vez de
encontrar los amantes brazos que le dan vida y calor, solo hall,
al alargar sus manitas, el fro hierro de la reja del refugio, 
sinti sobre su sonrosada faz el duro viento que se estrella contra
las macizas puertas del templo, ante cuyo dintel lo abandon el crimen
para que lo recoja la caridad.

En Filipinas, donde no se conoce esa monstruosidad del corazn,
tampoco se conoce el que un ser quede abandonado en el mundo.

Hasay fu recogida por unas vecinas de su madre, y aunque con trabajos,
lleg  los seis aos, en que una casualidad hizo la conociese Doa
Luisa, excelente y buensima mujer, que en los veinticinco aos que
llevaba de pas, no haba olvidado la hidalgua castellana.

La protectora de la nia, era lavandera de la casa de Doa Luisa,
y un da en que Hasay llevaba sobre su cabecita un lo de ropa,
la vi aquella.

Desde aquel da, la vida de Hasay tom un nuevo aspecto.


SECTION IV


Doa Luisa, viuda y rica, posea en su hija Lola la verdadera riqueza
que satisfaca su alma, sin perjuicio que las atesoraba, y muy pinges,
para las necesidades materiales, en las que acaudal su difunto marido,
probo empleado primero, activo comerciante ms tarde,  inteligente
propietario despus.

Dos aos tena Lola cuando muri su padre. Doa Luisa, desde que su
marido descendi  la tumba, concentr toda su vida, todo su cario,
todos sus cuidados en la hija de sus amores.

Hasay pas  casa de Doa Luisa, teniendo Lola su misma edad.

Los infantiles juegos y las caricias de Doa Luisa desarrollaron la
existencia de sus dos hijas, como ella las llamaba.

El nombre de hija que daba  Hasay, era verdadero; su noble y bello
corazn lata para el amor, y lo que en un principio fu compasin,
poco  poco fu cambindose en un profundo cario.

Hasay tena una segunda madre en su protectora.

Sin conocer su triste historia, y sin que pena alguna amargase la
tierna infancia de la hurfana, cumpli los diez aos.

Lola, ya hemos dicho, era de su misma edad.

La noble viuda comprendi deba confiar la educacin de su hija  uno
de esos centros en que la vida se auna con el saber, formando de la
nia que juega con la mueca, la mujer que piensa en las hojas del
libro,  siente ante el teclado del piano.

De la mueca al piano, hay la misma distancia que de la crislida 
la mariposa.

La nia, instintivamente, llega un da en que deja de fijar su mirada
en las inmviles formas del cartn, lo mismo que la mariposa llega un
momento en que rompe su crcel de seda y extiende su vuelo revoloteando
donde hay luz y perfumes.

Doa Luisa confi la educacin de sus dos hijas al desvelo de las
virtuosas y buenas madres del beatero de Santa Isabel, no sin antes
tener que vencer algunas dificultades para el ingreso de Hasay,
cuyas facciones acentuaban marcadamente su raza india.

Hasay viva feliz entre sus amigas, sus juegos y sus estudios.

Una sola frase de una colegiala, vino  verter la primera gota de
hiel en el hermoso vaso que guardaba la existencia de la hurfana.

Sucede--no sabemos cmo, pero es un hecho que sucede,--que tras
las paredes de esas infantiles sociedades que se llaman colegios,
trascienden hechos ntimos que se desarrollan en el hogar de los
pequeos asociados. Lo que todos haban tenido cuidado de ocultar,
lo que la misma Hasay ignoraba, se lo revel en una sola palabra una
amiga suya.

--Qu quiere decir inclusera?--Pregunt un da Hasay  la que llamaba
su hermana.

--No s, contest Lola; y, dime: por qu me lo preguntas?

--Porque ayer, sin querer, pis el vestido  ngela, y esta al ver
que estaba roto, me dijo:--anda, inclusera!

La terrible palabra que descorra en parte el misterio de la vida de
la nia, qued grabada en su memoria, y poco  poco fu comprendiendo
todo el valor de aquella frase.


SECTION V


La alegra de Hasay fu desapareciendo, sustituyndola una profunda
tristeza.

A los trece aos, la nia era mujer.

La mujer, dej de jugar y pens.

Por este tiempo la naturaleza de Lola sostena una terrible crisis,
luchando con la pobreza de su constitucin.

Lola era el melanclico lirio que poco  poco doblega su esbelto talle.

Esa terrible enfermedad de la juventud; ese aterrador despertar de los
ms hermosos sueos del amor; ese descarnado fantasma, que inflexible,
rgido, implacable, avanza y avanza siempre cual si lo empujara la
malfica influencia de la maldicin del rprobo; esa enfermedad,
tormento de la ciencia que busca siempre el calor del alma, que
se desarrolla al comps del amante corazn, y que nunca retrocede,
se apoder de la pobre existencia de Lola.

La tisis, es incurable! Ante ella, la ciencia es impotente. El nombre
no puede parar las funciones del organismo. El pulmn obedece al
corazn. Para curar al primero, era preciso dejara de latir el segundo.

No hay ningn engranaje que se componga funcionando la mquina.

Y la humana mquina obedece como las obras del _Divino Artfice_
 inmutables leyes.

Inmutable ley es, que el corazn no dejar de latir mientras haya
vida!

La tisis ocupar siempre un rincn en las salas de incurables!


SECTION VI


Los mdicos que asistan  Lola, comprendieron bien pronto que la
terrible enfermedad se incubaba en su vida.

La ciencia crey que lo mejor para la enferma sera el campo y las
puras y frescas brisas.

Doa Luisa posea un magnfico cafetal en las vertientes del Banajao,
y tan luego fu prescrito  la enferma la vida del campo, su solcita
madre di rdenes para que se alojara y dispusiera la casa que se
alzaba en el centro de la hacienda.

Nada de cuanto constituye lo necesario y representa lo suprfluo
faltaba en la finca. Hbiles tallistas de Paete, inteligentes
artistas de Lucban, y activos personeros de Manila,  cambiaron en
pocos das el aspecto de la granja agrcola en mansin seorial. No
se olvid ni un detalle en el pequeo santuario de la coquetera,
que constituye el tocador de una dama, ni se dej de indagar hasta
encontrar un excelente piano de _cola_, construccin belga, que con
grandes cuidados, qued instalado en la casa, pronto  llenar de
armonas las fragosas faldas del Banajao.

A doscientos metros de la casa se destacaba cual centinela avanzado,
el sombro _Puente del suspiro_, conocido por entonces, por el del
_Capricho_, nombre que tuvo su origen en el informe que se emiti al
ser reconocido y en la extraa y atrevida concepcin de su nico arco.

Registrando crnicas he podido adquirir algunas curiosas noticias
respecto al puente que nos ocupa.

Un respetable escritor, virtuoso y docto, hijo de la orden de San
Francisco, dice en sus escritos:

Dicho puente fu construido por el reverendo padre Fr. Victoriano
de Moral. Se halla sobre el ro Olla, basado sobre dos montes y cuyo
arco tiene sobre noventa pis de cuerda, sin haber usado ms amarras
ni maderas para la formacin de la colosal cimbra que bejucos, caas,
cocos y bongas; entrando en su construccin solo argamasa; su nico
ojo mide de luz cincuenta y dos pies de alto por cuarenta y ocho de
ancho, construccin casi milagrosa, por lo cual sin duda alguna el
arquitecto mayor de Filipinas en su informe al Superior Gobierno,
fechado en 7 de Diciembre de 1852 deca entre otras cosas lo que
literalmente copiamos.

Si se tratase de un puente levantado con estudio y bajo las reglas
del arte, la prueba hecha con el de Majayjay era ya suficiente para
manifestar su estabilidad. Por desgracia se trata de una obra sin
principios: que los aplicados en su ejecucin han sido caprichosos,
y si bien el arco se mantiene sin desprenderse, como no puede hallarse
en la ciencia una regla que manifieste la causa de este procedimiento,
 mejor dir fenmeno, no es la opinin del que suscribe, sino de toda
la ciencia junta la que lo condena.--A cuyo informe, donosamente dice
un cronista de la orden del constructor. Hete aqu un puente, tan asaz
atrevido, que  pesar de estar condenado por toda la ciencia junta,
tiene la desfachatez de mantenerse firme, de sufrir temblores como los
del 16 de Setiembre de 1852 y el 3 de Junio de 1863 sin resentirse;
fuertes avenidas como las que se desprenden del gran monte Banajao,
sin descimbrarse, estando dispuesto y con pensamientos quizs de
decir despus de algunos siglos: _yo fu construido por un fraile
franciscano sin principios. Sabed que los principios aplicados en mi
construccin fueron caprichosos, y ms caprichoso an, el empeo de
construirme sin gastar un solo maraved y llevar  cabo su empeo._

Muchos ms datos poseemos entre nuestros apuntes tomados unos
del anlisis del mismo puente y otros de documentos particulares y
oficiales; pero como nuestra misin ni es arquitectnica, ni histrica,
ni ms que ligeramente descriptiva, basta con que nuestros lectores
sepan que dicho puente existe, como existen diferentes _consejas_
que  l se refieren.



SECTION VII


--Decamos,--que el _Puente del suspiro_, se destacaba cual sombra
atalaya  la vista de la casa de Doa Luisa.

Esta qued instalada en el cafetal con sus dos hijas, su antiguo y leal
Pedro, criado depositario de la confianza de la familia ya largos aos,
su servidumbre, y su fiel Len, hermossimo perro de Terranova.

La joven naturaleza de Lola; las puras emanaciones azoadas del
Banajao; sus frescas y deliciosas brisas, impregnadas de las delicadas
esencias de la _sampaguita_ y del _ilang-ilang;_ la vida del campo,
el constante murmurio de sus bosques, el lenguaje potico y enamorado
de los cientos de arroyos que retratan en sus bulliciosas ondas la
_palma, la bonga y el coco_; la existencia tranquila, la bondad del
clima y los exquisitos cuidados, hicieron crisis en la enfermedad
de Lola. Sus ojos se animaron, adquirieron color sus mejillas, y
la imperceptible y pertinaz tos, terrible alerta de la enfermedad,
dej su montona y constante pertinacia.

Todo respiraba alegra.

Hasay nicamente estaba triste.

Lola, entre los puros cristales del roco de la maana, buscaba la
brillante rosa.

Hasay, entre las sombras de la noche, arrancaba triste y melanclica
la humilde _siempreviva_, fiel emblema de la amargura.

Cuando los blancos dedos de Lola recorran el teclado, arrancaban
bulliciosos _allegros_; cuando los de Hasay se posaban en el marfil,
solo producan tiernos _nocturnos_. A la una la animaba el genio de
_Strauss_,  la otra la tierna inspiracin de Beethoven.

Aunque distintos tipos, las dos eran hermosas.

Lola era blanca cual los misteriosos genios de las puras nieves:
Hasay morena cual la mas perfecta concepcin del sueo de un rabe. La
primera posea en sus azules ojos toda la ternura de la resignacin;
la segunda despeda de su negra y ardiente pupila el rugir de la
pasin. Las rizadas _hebras_ que adornaban  Lola se esparcan sobre su
sonrosado seno, cuya blancura se confunda con las pursimas mallas del
encaje que resguardaba los encantos de la virgen: la suelta cabellera
de Hasay, negra cual el palacio de la noche, destacaba las cobrizas
y mrbidas formas en que descansaba. El conjunto de esta irradiaba
el ardor de la lucha, el de aquella, la paz de la conformidad.

Una maana, encontrndose toda la familia reunida en la espaciosa
cada, recibi Doa Luisa una carta de un antiguo capitn de la marina
mercante, paisano y amigo de su difunto marido. En dicha carta la
deca tendra sobre anclas el barco hasta _abarrotar_ sus bodegas
y cubierta de madera, y aprovechando la circunstancia de la larga
_estada,_ y la proximidad del cafetal al fondeadero donde haca su
carga el velero _Nebl,_ invitaba el capitn  sus antiguas y leales
amigas  pasar unos das  bordo.

La oferta fu aceptada, y se dieron rdenes para emprender la marcha
lo antes posible.

Hasay, de da en da, aumentaba su tristeza, vindola muchas veces
coger un libro y pasar horas sin volver una hoja, prueba evidente
del ensimismamiento que dominaba su ser.

Qu motiva la creciente tristeza de Hasay? Por qu todas las tardes,
cuando el sublime artista combina en los cielos sus ms divinas tintas,
va al puente cual si fuera empujada por una invisible fuerza? Por
qu contempla con la inmovilidad de la estatua del dolor, el profundo
abismo? Por qu cuidadosamente limpia de gramas una frondosa planta
de _suspiros_ [8] que crece  la orilla del ro? Qu malfico
genio atormenta su corazn? Qu sueo la adormece? Qu fantasma
la despierta?

Solo Dios lo sabe!...


SECTION VIII


Los diamantinos dedos de la aurora perezosamente plegaban los crespones
de las sombras, en el amanecer del da en que Doa Luisa deba llegar
 bordo del _Nebl_.

El gallardo _brik_ denunciaba en su aparejo, en su fino y airoso
casco, en su ligera arboladura, y en lo minucioso de su cordaje, la
construccin americana. El _Nebl_ bes por primera vez las saladas
aguas, en las que acarician las playas de California. En uno de
sus viajes di fondo en las revueltas ondas de Bilbao, en donde fu
comprado por una casa espaola, la cual desde aquel momento lo dedic
 la carrera de Filipinas.

Barco alguno ha rendido viajes tan rpidos como el _Nebl_.

Cuando sobre el _espejo_ de los cielos tenda el _Nebl_ sus blancas
_alas_; cuando la _embergadura_ de sus ligeras _arrastraderas_
reclinaba en sus _tomadores;_ cuando en la fresca _ventolina_
se largaban _gabias y velas altas_, crugiendo _cables, motones y
relingas_; cuando no quedaba _rizo, trapo_, ni _estay_ que al viento
no diera cara, entonces era de ver al _Nebl_ besar con sus finsimos
_tajamares_ el encaje de espuma con que el creador borda el insondable
_manto_ de las ondas.

A bordo del _Nebl_ vena como agregado, un joven que haba dejado las
rutinarias y graves carreras universitarias, optando por inscribirse
en Cdiz en la matrcula del colegio naval.

Lpez Rdenas se llamaba el prfugo de la Universidad de Madrid, en
cuyos claustros siempre se haba distinguido como calavera, decidor
y camorrista.

Las horas que le dejaban libres el aula y los libros--que eran
casi todas,--las pasaba entre requiebros, caas y jolgorios. Jams
estudiante alguno ha corrido la calle de la _Luna_, llevando con ms
gracia la recortada _torera_; jams _pirata_ callejero, ha sabido mejor
poner _facha_ y dar _caza_  la picaresca y alegre modista; jams ha
entrado en casa de _Botn_ joven alguno tan rumboso como Rdenas.

En la alegre zambra, el primer duro que se gastaba era el suyo,
y en la contienda, el ltimo que hua era l.

Desde los misteriosos cuartitos de la _Fonda de la Castellana_, nidos
poticos de las maanas de Abril y Mayo, hasta los ahumados _chamizos_
de _Maravillas_ y _Tribulete;_ desde la elegante _victoria_ de Muoz,
hasta la histrica calesa; desde los aristocrticos bastidores del
teatro de Oriente, hasta las desgarradas _bambalinas_ de _Capellanes_;
todo le era familiar, todo conocido. Punteaba unas malagueas, que
ni el _To planeta_; hacia llorar en el _polo_, como _Silverio_,
y era capaz de dar lecciones _gitanas_ al mismo _Antn_ el _pelao_.

Rdenas era todo un buen muchacho, que se dorma con los textos de las
_Pandectas_, que derrochaba la fortuna de sus mayores, que gustaba
de las mujeres, daba jaqueca  los padres y maridos, y de cuando en
cuando los disgustos iban precedidos de alguna que otra de _cuello
vuelto_ que obligaban al paciente  que _Nogus_ le _carenase_ una
muela  una mandbula.

Con este gnero de vida, sucedi lo que deba suceder. Su tutor--pues
era hurfano--le anunci un da, en son fatdico, que todo aquel
caminito de rosas lo llevaban directamente y en tren _expres_  la
portera de San Bernardino, santo respetable en el _almanaque_,
pero que, inscrito al frente del establecimiento  que se alude,
es capaz de dar un calambre  una pieza de molave.

Rdenas so con el beato santo, y ya que no poda echar cuentas
con su tutor, las ech consigo mismo, resolviendo variar de vida,
emprendiendo la carrera de la marina mercante, confiando en que un
lejano pariente armador le dara con el tiempo el mando de alguno de
los barcos de la casa.

Hecho el proyecto, li los brtulos y se instal en Cdiz, de donde
sali  los tres aos, montando el _Nebl_ como agregado.


SECTION IX


Al llegar aqu, y viendo la precisin con que mi amiga X ... haba
descrito la vida del estudiante tronera, no pude menos de interrogarla,
y con cierto disimulo, para que no lo oyera su madre, me dijo no le era
desconocido _Fgaro_ ni _Mesonero Romanos,_ y que casi podra recordar
alguna de las bellsimas redondillas de _El estudiante de Salamanca_.

Con esta explicacin me d por satisfecho, y mi bella narradora,
haciendo un gracioso gesto al ver mi admiracin de que  las agrestes
vertientes del Banajao se evocaran sombras tan venerandas como la
del autor de _El da de difuntos_ sigui su relacin.

Abordo del _Nebl_ pasaron Doa Luisa y sus dos hijas ocho das,
al cabo de los cuales regresaron  la quinta.


SECTION X


Seis meses han transcurrido desde que Doa Luisa y sus hijas volvieron
del _Nebl_.

Era el mes de Diciembre.

En las faldas del Banajao se respiraba una temperatura semejante 
la del otoo en Espaa.

Los panoramas que rodeaban la quinta de Doa Luisa tenan gran
semejanza con los que retrata el suelo y el cielo de nuestras
provincias meridionales en los meses de Setiembre y Octubre.

El rbol del Banajao pierde su lozana, la hoja aminora su brillo y
el cielo se cubre de fantsticos nubarrones que velozmente recorren
su bveda  impulsos de los fuertes _Noroestes_.

En una de esas tardes melanclicas en que todo lo que nos rodea
se impregna de sentimiento y amor, se encontraba Hasay, _cabe_ la
murmurante corriente que se desliza bajo el puente.

Rojos estn sus ojos, plidas sus mejillas, contradas sus
facciones. Sus labios dibujan ora una sonrisa amarga, ora murmuran
palabras ininteligibles.

Reza  blasfema? Implora  maldice?

Pobre nia!

De pronto se levant con un movimiento convulsivo: sus ojos adquirieron
una potente fuerza de irradiacin, sus facciones se acentuaron y hay
que acabar!--murmur su lengua, al par que como una corza herida
desapareci por las granticas quebradas que conducen  la vecina
cascada del _Botocan_.


SECTION XI


Aquella noche, Hasay no pareci por su casa. A la maana siguiente
se encontr el cadver de la nia bajo el puente.

Entre las frescas campanillas de los frondosos _suspiros_ descansaba
el cuerpo de Hasay.

La mat el rayo del sentimiento que hace estallar el corazn  la
ltima resolucin del suicida? Dios y la muda y potica naturaleza,
nicos testigos, solo lo saben!

--Y bien--dije  mi amiga,-por qu muri Hasay?

--Muri--me dijo muy bajito--de amor; al da siguiente al en que se
encontr el cadver de Hasay, deba Lola casarse con Lpez Rdenas.

Hasay estaba enamorada de Rdenas.

Amaba sin esperanza!...

Mi amiga, al pronunciar la ltima frase de la leyenda del puente,
cuyo nombre del _suspiro_  se debe sin duda  las flores que crecen 
su alrededor, verti una lgrima  la memoria de Hasay, lgrima que
se desliz al blanco teclado del piano, sobre el que maquinalmente
apoyaba sus dedos.

La voz call, mas el piano fu alentado por el genio de mi buena amiga,
arrancando de sus cuerdas uno de los ms sublimes _nocturnos_.

Las ltimas notas se confundieron con el gorjeo de un precioso pjaro,
de plumaje tan bello como armonioso era su canto, que alojaba una
dorada jaula pendiente de uno de los huecos de la cada.

--Ese pjaro es de China?--dije  mi amiga.

--No, me contest con la mayor naturalidad--nace all,--dijo
sealndome las alturas del _Balete,_ y se llama _el pjaro del
sol_. [9]


SECTION XII


La modesta cruz puesta sobre la tumba de Hasay, y los gorjeos del
_pjaro del sol_, son una pgina que claramente _dice_, que las
mujeres en Filipinas aman, y los pjaros cantan.

Ya escrita la ltima cuartilla de esta histrica leyenda, recibo el
correo de Europa. Entre las cartas viene una, de la que literalmente
copio un prrafo.

Dice as:

Adjunto te mando, hijo mo, el diploma del premio que han logrado
en la Exposicin de Viena, las esencias de las flores de ese pas,
que mandaste en tus colecciones.


SECTION XIII


Hasay!

El pjaro del sol!

El premio de la Exposicin de Viena!

       *       *       *       *       *

Rateln, tiene razn.

En Filipinas las mujeres aman, los pjaros cantan, y las flores huelen.



CHAPTER V

CAPTULO V.

Despedida de Lucban.--Arroyos que se convierten en torrentes.--Huellas
de un baguio.--Puentes derrudos.--Troncos de cocos.--La sampaca y el
jazmn silvestre.--Pedregales, hondonadas y pendientes.--Relente de
la tarde.--Aguas sulfurosas.--El puente de la Princesa.--Belleza del
paisaje.--Brava y salvaje naturaleza tropical.--Melancola.--Una
caa acueducto.--El camarn de Alaminos.--Cuatrocientas dalagas
 caballo.--Tubiganes.--Garzas blancas.--Cuesta y puente de las
Despedidas.--Bulliciosa cabalgata.--Cocales.--El puente de la
Ese.--Vista de Tayabas.--El kilmetro 146.

La buena y franca amistad que encontr en Lucban, detuvo mi viaje
ms tiempo del que me haba propuesto, decidindome por ltimo,
aunque no sin trabajo,  sealar da para seguir  Tayabas; aquel
lleg como todo en la vida, y en una entoldada tarde, me puse en
marcha acompaado de mi inolvidable amigo Pardo.

A los pocos pasos que dieron los caballos, encontramos las huellas del
terrible baguio del ao 1873. Dos riachuelos que en tiempo de secas
son completamente inofensivos, pero que en las grandes avenidas hacen
imposible su vadeo,  y que corre el primero  la salida del pueblo,
y el segundo  un tiro de fusil de aquel, mostraban al viajero las
ruinas de sus dos puentes, habindose establecido sobre las del
ltimo un arriesgado paso, formado de troncos de coco. El da en que
hacamos este viaje, ambos ros traan poqusima agua, as que nos
pusieron los caballos al otro lado sin salpicarnos las botas. Pasado
el ltimo, dejamos  la espalda una pequea eminencia que da entrada
 una bellsima caada sombreada por miles de cocos, entremezclados
de caas, baletes y madre-cacao, cuyas verdes cimeras entrelazaban
aquella vegetacin virgen con las flexibles lianas, salpicadas de
plidas campanillas de la sampaca y del jazmn silvestre. En la caada
retozaban hermosos toretes, cuya lustrosa piel y buen estado de carnes,
bien claramente demostraban la abundancia de agua y de pasto. Un
sostenido galope nos alej de aquel espacioso trozo de camino,
hacindose la marcha embarazosa por los pedregales y resbaladizas
pendientes que bamos encontrando.

El cielo estaba surcado de nubes, cosa muy frecuente en aquellas
alturas; los picachos del Banajao los envolva la bruma, y la humedad
de que estaba impregnada la atmsfera nos oblig  ponernos los
capotes  fin de preservarnos del desapacible relente de la tarde.

De hondonada en hondonada, y caminando siempre entre una salvaje y
exuberante vegetacin, entre la que de trecho en trecho se elevaba
alguna que otra casita, morada de sementereros  abrigo de viajeros,
llegamos  la altura del puente de la Princesa, en la que un fuerte
olor  huevos podridos nos indic la presencia en aquellas cercanas
de algn manantial sulfuroso. El olor  medida que avanzbamos era ms
acentuado, notando por ltimo en la misma meseta de la prominencia,
ligeros surcos impregnados de los residuos mineralgicos que arrastran
las aguas. En el puente de la Princesa dimos un pequeo descanso  los
caballos, y tuvimos ocasin de examinar la solidez de su fbrica. Una
escalinata hecha en uno de los estribos, nos condujo guardando ciertas
precauciones al lecho del ro. El puente lo constituye un solo ojo
de una gran altura fabricado con suma valenta, y cuya consistencia
la prob en el ltimo baguio, el cual arrastr por completo uno de
los estribos, quedando el arco totalmente descarnado por uno de los
lados, sin resentirse gran cosa su bveda en el ao y medio que dur
su reconstruccin. Dicho puente, segn las inscripciones que muestran
sus pretiles, fu dedicado  la Princesa de Asturias, y concurrieron
por igual, tanto para los gastos como para los trabajos, los pueblos
de Tayabas y Lucban, constituyendo en la actualidad el comedio de
dicho puente, la lnea jurisdiccional entre aquellos.

El paisaje que se admira desde el puente de la Princesa es de lo
ms bello que puede crear la naturaleza. El ro corre entre dos
eminencias, en las que el Sumo Hacedor ha derramado uno de los ms
hermosos destellos de su poder. Todos los matices de la flor, todos
los misterios de la selva y toda la grandiosidad de la vegetacin
intertropical, se muestran escalonados en aquellas alturas, en las que
repercutido se deja oir el estridente chillido del mono, el agorero
canto del _calao,_ el triste gemir del _bat-bat_, el montono piar
del _solitario_ y los alegres gorjeos del _pjaro del sol_. Todo este
conjunto, cerrado casi de continuo por compactas nieblas, predispone
fuertemente  la melancola. No concibo pueda rerse al pasar el
puente de la Princesa.

Aquel panorama oprime el alma, aquellas alturas concentran en un
crculo de tristeza el espritu, y las brumas que se corren desde
las quebradas del Banajao, las da vida la fantasa, convirtindolas
en sombros sudarios.

Qu triste, qu salvaje, y  la par qu hermoso es todo esto!--dije
 mi buen amigo, al par que ligeramente rozaba con la espuela los
hijares del caballo.

Pasamos un sencillsimo _acueducto_  los pocos pasos, tan
sencillsimo, que solo lo compona una gruesa caa que comunicaba el
agua de un borde  otro del desmonte que cruzbamos, y que da paso 
una limpia planicie sembrada de caa dulce. Sealndome aquel lugar,
me dijo Pardo se le conoca con el nombre del _camarn_ de Alaminos. Le
interrogu sobre este particular y me cont que all se haba elevado
un precioso _kiosco_ de caa y flores en la visita de aquel general,
al cual, segn el testimonio de mi amigo, esperaban en aquel sitio ms
de 400 dalagas  caballo adornadas con sus mejores galas y escoltadas
por unos 4.000 jinetes. Me sonre con cierto aire de incredulidad,
parecindome muchos caballos, pero ms adelante qued fijada la
veracidad de la cifra por las notas conservadas por el Alcalde. [10]

Pasado el caadulzal, empiezan  verse _tubiganes_  sean terrenos
regados, labrados y escalonados, en los que se siembra el arroz y
en los que vimos grandes bandadas de garzas blancas.

Puestos los caballos al paso y afianzndonos en el borrel de la silla,
bajamos la escabrosa cuesta de las _Despedidas_,  cuya falda se
asienta sobre un riachuelo el puente de aquel nombre, el cual le
fu dado, segn he podido averiguar, por ser el lugar sealado por
la costumbre para despedir los de Tayabas  los que se van. Qu
tiernas escenas habr presenciado! Cuntas lgrimas habr absorbido
su candente arena! De cuntos juramentos y de cuntas fugaces promesas
habr sido mudo testigo!....

El camino mejora notablemente desde aquel puente, pudindose hacer
uso del carruaje. El bosque y el matorral cesan y solo se extienden
 uno y otro lado, tierras cultivadas, sembradas de palay  plantadas
de coco. El agua es abundantsima, manteniendo los cuadros del arroz
constantemente anegados.

Al otro lado del puente nos encontramos una alegre caravana, en la
que nos llam la atencin varias dalagas  caballo perfectamente
ataviadas, luciendo caprichosos sombreros con gran profusin de gasas
y flores. Los colores de las faldas y los pauelos que resguardaban
sus hombros, eran de colores muy fuertes que destacaban el negro del
_tpiz_. La tayabense jams deja el _tpiz_; monta admirablemente y
cifra su orgullo en su traje de montar y en la riqueza de los atalajes
de su caballo. Todas montan al lado izquierdo y desconocen el uso de la
espuela, sustituyndola con flexibles latiguillos que suspenden de la
mueca con una cadenita de plata. La tayabense  caballo, es sumamente
locuaz y decidora, desconoce el peligro, se impacienta  menudo y
pocas veces lleva al paso su cabalgadura. Aquellas dalagas supimos
se dirigan  una de las vecinas sementeras  pasar un da de campo.

Dejando  ambos lados del camino umbrosos cocales recargados de
fruto, pasamos el pequeo puente de la _Ese_--as llamado por su
configuracin que lo asemeja  dicha letra--y dimos vistas  Tayabas,
 cuyo _bantayn_ llegamos de una trotada. El poste telegrfico que
se eleva en la afuera del pueblo, marca en una tablilla el km. 146,
cifra que representa la distancia que separa  Tayabas de Manila. De
Lucban  Tayabas hay 12 km. y pico.



CHAPTER VI

CAPTULO VI.

Tayabas.--Su antigedad,--Situacin.--Estadstica.--Pureza de
raza--El bambn grande.--Fiebres paldicas.--Su remedio.--Casa
real, tribunal, iglesia y convento.--Una Semana Santa en
Tayabas.--Riqueza de ornamentacin.--Correra histrica
alrededor de un escribano de Pilatos.--Fisonomas de los
pueblos.--Comparaciones.--Indolencia.--Supersticiones.

Tayabas es pueblo de muchsima antigedad;  hoy es cabecera de
la provincia  la que da nombre, habindolo sido anteriormente
Calilayan. Se encuentra bajo la influencia del Banajao y  dos leguas
del estrecho, cuyas aguas se divisan perfectamente  virtud de la gran
altura en que dicho pueblo est situado. Confina con Pagbilao, Lucban
y Sariaya. Tiene, segn los padrones del ao 1875, 125 cabeceras
repartidas en 156 barrios,  componiendo un total de poblacin de
22.337 almas, de las que tributan 12.176. Acaecieron en dicho ao
810 defunciones, igual nmero de nacimientos, y 311 casamientos;
se sortearon 1.132 mozos, sacndose 17 soldados; concurrieron  las
escuelas por trmino medio 150 nios de ambos sexos, vacunndose 1.109;
se sustanciaron en el juzgado 23 causas correspondientes  delitos
cometidos en su demarcacin, y por ltimo, tiene 71 cuadrilleros  ms
del puesto de la guardia civil al mando del capitn, jefe de la lnea.

La situacin de Tayabas, segn el Padre Buceta, es 14 50' lat. y 128
30' long.

Tayabas, como toda la provincia  que da nombre, es el centro de la
pureza de la raza india y la buena diccin del tagalo; por lo tanto,
all es donde puede estudiarse con gran resultado al indio y sus
costumbres.

El pueblo es muy limpio, corriendo por sus principales calles
abundantes aguas encauzadas en _bambanes_. La que lleva el de la
llamada del _bambn grande_, hace mover una pesadsima mquina para
descascarillar palay, que se asienta al final de aquella. Dichos
encuces no solo constituyen un poderoso elemento de limpieza, sino
que tambin se utilizan para todo gnero de necesidades domsticas,
siendo sus cristalinas aguas que vienen desde las vertientes del San
Cristbal y el Banajao, un abasto para Tayabas, esparcindose luego por
cientos de canales que riegan los extensos campos escalonados de palay.

El foco de la insalubridad de Tayabas, est precisamente en su misma
riqueza; sus productivos regados, llamados _tubiganes_, alientan
el virus paldico que emponzoa la atmsfera, originando las tan
conocidas y temidas calenturas que tantsimas vctimas hacen, sobre
todo de Julio  Octubre, meses en los que la tierra descansa y hace
pudrir con la ayuda del agua estancada, las races y dems hierbas que
deja tras s la siega del palay. Estamos seguros que desapareciendo
los tubiganes, se concluiran las fiebres; pero el remedio salubre,
est en la ruina de Tayabas, cuya principal riqueza la tiene en sus
arrozales. El paludismo de Tayabas constituye la desesperacin de la
ciencia. Jvenes ilustradsimos, avezados  la clnica y  estudiar
la dolencia  la cabecera del enfermo hemos visto desconcertarse
ante el extrao y mortfero desarrollo de aquellas fiebres, en las
que las intermitencias unas veces, son verdaderamente locas, y otras
pasan completamente desapercibidas, sucedindose una fiebre  otra
en la generalidad de los casos, sin dar lugar  poder emplear la
quinina. Aparte de los meses citados en que las calenturas toman un
carcter verdaderamente epidmico, la salubridad no es mala.

Las construcciones que componen el pueblo en su mayora son de tabla
con techo de cabo negro. Descuellan entre aquellas la Casa Real,
la iglesia y el tribunal  [11]. La primera, aunque pequea, llena
todas las necesidades oficiales y personales del Alcalde mayor, que la
habita. El tribunal es sin disputa uno de los mejores de Filipinas, y
no decimos el mejor,  porque no conocemos todos los de las islas. Tiene
espaciosos salones, magnfico decorado y ricos muebles. En uno de
los ngulos del tribunal est la estacin telegrfica.

La iglesia mide 113 varas y 2 palmos de longitud, siendo de 53
con 9 pulgadas de latitud de su _crucero_. Estas dimensiones
que guardan relacin con el edificio, forman una grandiosa masa,
 cuya contemplacin se aquilata cuanto puede hacer la fe de un
pueblo. Aquella magnfica obra, y aquellos miles de sillares, suman
un total de trabajo que nada ms que la fe puede acumular. A la
grandiosidad del edificio, no desmerece la suntuosidad y riqueza de
los ornamentos que guarda, y la solemnidad con que en ella se practica
el culto y se hacen las funciones religiosas. Lmparas de plata,
pesados candelabros, riqusimos altares, moquetas, damascos, bronces
y dorados se ven en el espacioso presbiterio. En los das solemnes, se
luce un antiguo terno bordado de oro, procedente de Toledo, que llama
grandemente la atencin. Las procesiones se hacen con un orden y una
magnificencia tal, que nos permite recomendar  nuestros lectores una
_Semana Santa_ en Tayabas. Los _pasos_ que se exhiben en la semana
del dolor, no sern de gran gusto, sus combinaciones resultarn
churriguerescas, incorrecta la talla de sus figuras, impropios sus
trajes, la verdad histrica falseada y el arte muy mal parado; pero
lo que falta de arte, lo suple la riqueza. El armazn de uno de los
carros es todo de plata. En la ltima procesin que vimos el ao 1876,
contamos 19 pasos, conteniendo algunos de ellos en sus plataformas
hasta 12 figuras de tamao natural profusamente recargadas de valiosos
metales y preciosas telas. La verdad histrica, volvemos  repetir,
est completamente olvidada en aquellas figuras. En uno de los pasos
campea en primer trmino un escribano con sus correspondientes anteojos
y su indispensable legajo, recordando en las prendas de su traje todas
las pocas conocidas, haciendo sus gregescos acuchillados dar una
galopada de ms de dos siglos, hasta llegar  su abotonado chaleco. El
_acuchillado_ escribano de Pilatos, no caus en nosotros extraeza,
puesto que ya habamos visto  un personaje de las cruzadas luciendo un
descomunal morrin de la milicia nacional, trado por un _cabanista._
Para muestra, creemos basta con ese ... morrin.

Parece imposible que las fisonomas de los pueblos varen tan
en absoluto, mediando entre s cortas distancias. Decimos esto
al recordar  Lucban. Poco ms de dos leguas separa este pueblo
de Tayabas, y sin embargo las costumbres y manera de ser del uno,
son casi la anttesis del otro. En el primero, el gusto y el arte
suplen muchas veces  la riqueza; en el segundo, al contrario; en
este, el rico amontona y entierra los antiguos pesos de _dos mundos_;
en el otro, la vida activa y comercial baraja continuamente su poco
numerario. En Tayabas no busquis ni petacas, ni petates, ni tejidos,
ni bolos, ni trabajos de palmas, ni ninguna de las mltiples y variadas
producciones que hemos visto en Lucban. En Tayabas, el hombre no sabe
ms que cultivar el campo; en cuanto  la mujer, francamente, todava
no hemos podido averiguar lo que hace y en qu se ocupa. De esa misma
indolencia y ese perpetuo reposo, nacen sin duda alguna el sin nmero
de _abusiones_,  sean supersticiones de que est llena la tayabense,
y de las que nos ocuparemos en los captulos siguientes, en los que
trataremos de describir lo mejor posible al indio y sus costumbres.



CHAPTER VII

CAPTULO VII.

Costumbres.--Poesa popular indgena.--La tradicin y el
manuscrito.--_El cumintn._--Qu es el _cumintn--_?--Reminiscencias
moriscas.--El _cariquitdiquitn._--Pensamientos tomados al oido.--El
indio.--Es  no definible?--El libro en blanco.--Identificacin del
indio.--Condiciones para conocerlo.--Fenmenos psicolgicos.--Un
regimiento europeo y un regimiento indgena.--Ingratitud y
agradecimiento.--La india amiga y la india amante.--El portaln del
_Gloria.--Titay_.--Una fortuna  la mar.--La Revista Europea viajando
por el reino de Aracan.--_Conocimientos_ de los escritores de all y
algunos de los de ac.--El cmo se escribe la historia.--Apreciaciones
diversas.

Todas las comarcas del mundo tienen su poesa popular que conservan
bien por la constante repeticin que cuidadosamente hacen de padres
 hijos,  bien por la compilacin escrita que guarda el libro.

El indio posee, como todas las dems razas, su romancero popular, que
conserva por la tradicin, y algo, aunque poco, en el manuscrito. El
_cumintn_ tagalo no es, ni ms ni menos que el primer auxiliar de
sus tradiciones.

Si al recorrer los extensos _tubiganes_ y _cocales_ que rodean 
Tayabas os plaidera guitarra y dirigs vuestros pasos en busca del
taidor; si al llegar al cerco de la casa donde salen los acordes, veis
los _tapancos_ y _caranes_ alzados, notando en el interior profusin
de gente que con gran silencio escucha  una india que perezosamente
canta y baila al son de la guitarra, siguiendo con gran cuidado las
ondulaciones de su cuerpo, el equilibrio de una taza que mantiene en
la cabeza; si de cuando en cuando el silencio de los que escuchan es
sustitudo por el caracterstico grito de alegra del indio y  veces
con un palmoteo semejante al que acompaa las canciones andaluzas;
si subs la _escala_ de caa y bejuco y tomis asiento entre aquella
reunin, que sin preguntaros quin sois, ni quin os presenta, os acoge
con cario y os da lo que tiene; si entendis el tagalo y llevis
algn tiempo en el pas, desde luego comprenderis que  vuestra
llegada se bailaba y cantaba el _cumintn_. Qu es el _cumintn?_
dirn aquellos de nuestros lectores que no conozcan las costumbres
tagalas. El _cumintn_ es una mezcla de todos los acordes tristes y
melanclicos que se conocen en el pentgrama. El _cumintn_ es una
balada compuesta de suspiros. Sus notas son otros tantos _ayes_
arrancados en el silencio de la noche, de la mujer que ama, del
corazn que espera, del proscripto que tras la azulada bveda busca
cual otro rey del Oriente la estrella que marca el derrotero de su
patria. El _cumintn_ tiene algo de salvaje, algo que hace volver la
vista  los agrestes bosques en que se escuchan sus acordes. Tiene
sus reminiscencias de las antiguas cntigas moriscas, recordando no
pocas veces el gemir del _polo_ gitano. El _cumintn_ naci con la
primera guitarra que se oy en estas playas. En esta cancin india,
todas las razas que han pasado por este suelo han llevado una adicin
 una nota. Como dejamos dicho, se asemeja  las canciones gitanas,
las cuales ni se aprenden, ni se inspiran en la _pauta_ sino en la
vvida luz de unos ojos de fuego, en el dolor intenso de una perfidia
 en el triste recuerdo que sintetiza un acerbo dolor.

El _cumintn_ no se aclimata en las ciudades, as es, que hay que
buscarlo en esas perdidas casitas ocultas tras los verdes penachos
de las bongas y las caas.

Veamos lo que es el _cumintn_.

En la casa  que habis llegado se celebra un _suizn_. Una treintena
de indios  indias estn sentados en el _sajig_; un indio templa
las dobles cuerdas de metal de su guitarra, y un individuo del sexo
fuerte y otro del dbil, esperan que aquella est  punto, teniendo
la mujer sobre la cabeza una taza llena de vino de coco. Templada la
guitarra, principia el baile que se reduce  ligeras ondulaciones  de
las caderas, acompaando  los cortos pasos con que van acercndose
los _bailadores_. Al encontrarse, se paran y ella canta, tomando un
tema alusivo  la persona por quien se da la fiesta  picarescamente
intencionado contra el individuo con quien baila. Concluda la copla,
beben ambos, y cambiando la taza de cabeza, contesta el indio  la
cancin que le han dirigido, repitindose estas evoluciones horas y
horas, en que se oyen tiernos y delicados pensamientos. Quin es
su autor? Nadie lo sabe, son hijos de un momento de inspiracin;
el odo los recoge y la memoria los perpeta. Si entre nuestros
cantares populares tenemos tiernos y delicados pensamientos, no los
tiene menos el indio, tanto en el _cumintn_, como en el _balitao_
[12] y el _cutang-cutang._

El tagalo se presta mucho para los poticos giros que generalmente
emplea el indio en sus cantares. Hay una palabra en casi todos los
_cumintn_ que no se puede traducir  ningn idioma conocido; es como
si dijramos el ole!  el _chachip!_ de la taberna del _candil_
de _Cdiz_.

Si no hay lengua en el mundo que traduzca esas palabras, tampoco la hay
que lo haga del _cariquit-diquitn_ tagalo. Dicha palabra compendia
todo un mundo de mimos, de caricias, de besos, de suspiros. Es el
_summum_ de la belleza  quien se le aplica, y el paroxismo del amor
en el lenguaje de los amantes.

--Si mi novio se muriese, yo ira  dormir sobre su tumba, para
que sus huesos no tuvieran fro--deca en una ocasin una india
que cantaba un _cundimn_.--Si t estuvieras aqu, yo me pondra
buena--omos decir una noche  una india, que en el delirio de
una fiebre paldica modulaba un _cumintn_, en el que recordaba 
su amante.

Se dice, y se dice como una cosa concluyente que no admite rplica,
que el indio es imposible de definir. Difcil, s, imposible, no. Se
aduce como premisas de que el indio es indefinible, aquel clebre
libro de un misionero, cuidadosamente encuadernado, en cuyo lomo se
lea: _El indio_, libro que  nadie dej hojear y que vidamente fu
abierto tan luego muri, encontrndose los curiosos con que todas
las pginas estaban en blanco.  ms del libro en blanco, corre de
boca en boca la clebre definicin que hace del indio un doctsimo
escritor, en la que asienta entre otras muchas cosas, lo imposible
de conocer al indio. En las pginas en blanco, solo vemos, ya que no
un cuento, por lo menos un rato de buen humor del Reverendo Padre,
que pona  tortura la curiosidad tras las alambradas puertas de la
librera. En cuanto al segundo testimonio, solo podremos decir que en
las definiciones se ve que el pobre Padre lo que tena ms bien, era
un empacho indio que no poda digerir, y se comprende perfectamente
al decir llevaba cuando tal escribi, ms de cuarenta aos de pas.

Al indio no se le conoce, dicen unos; es imposible definir ni
calificar, replican otros: jams podris formar juicio sobre ellos,
aaden los ms. Por qu? decimos nosotros. Le habis estudiado,
 solo le habis visto? Si solo lo veis, como queris conocerle? El
indio tarda muchsimo tiempo en presentarse ante el europeo tal cual
es; el mismo respeto es la primera circunstancia que nos aleja de
su conocimiento. Hacer con tiempo y cario que se identifique con
vosotros; lograr que vuestra vista no interrumpa sus costumbres;
aprender su idioma; ser tolerantes, procurando modificar con el
ejemplo, lo que queris reprender; llevar  su inteligencia la
seguridad de que ni os burlis de l, ni tratis de originarle mal
alguno, y cuando esto suceda, principiaris  estar en condiciones
de poder definirlo; mientras esto no suceda, no s con qu derecho
queris profundizar una moral, cuyos sentimientos os son completamente
desconocidos. No estando en las condiciones descritas,  buen seguro
que tampoco podris apreciar la poesa popular indgena.

Una india que canta un romance  un _cumintn_, que es sorprendida por
un europeo, deja la mayor parte de las veces su canto,  de continuar,
lo hace de una forma cohibida  todas luces. Aquel ser se transforma
tan luego reina la confianza  su alrededor. Dirn mis lectores,
de modo que para conocer al indio hay que hacerse tan indio como
ellos? No, puesto que podemos asegurar hemos vivido muchsimo tiempo
 su lado, tanto en el campo como en la ciudad, sin que jams se hayan
identificado nuestras costumbres con las suyas. La base de la confianza
es el cario, y ese es el que hemos empleado para _apoderarnos_ de
su manera de ser y poder asegurar que en el mundo psicolgico del
indio se opera toda la serie de sentimientos que se conocen en el
_vocabulario_ del corazn.

El indio, y entindase que hablamos del indio de raza, del indio
puro, no mistificado ni con las costumbres de las ciudades ni con
los instintos de la conjuncin de sangre, es sumamente adaptable
 modelarse en el busto en quien reconoce superioridad, y en
esto, podemos asegurar que la reconoce siempre. El indio, aunque
sea rico, siempre rinde homenaje  un amo; es un ser libre con
todas las condiciones para haber conllevado con resignacin el ser
esclavo. Por los criados muchas veces conocis el amo. Al definir al
amo, generalmente se define al criado. El indio hace lo que ve hacer,
y se deja llevar en momentos dados, desde sus indolentes sueos  las
altas regiones donde centellea la luz de los hroes. Un capitn espaol
al frente de cien indios, puede recordar las grandes epopeyas de las
guerras picas. El espaol se bate por el ardimiento de su sangre,
por el sacrosanto amor patrio, por su espritu  de raza. El indio se
bate ante el ejemplo,  ante la identificacin que hace de su  ser en
otro ser, en quien reconoce superioridad.  Misteriosa mistificacin
que crea y  alienta una campaa como la de Cochinchina,  una epopeya
como la de Simn de Anda, y un recuerdo glorioso como el de Clavera;
el jefe que al frente de fuerzas europeas  vuelve la espalda en un
momento de peligro, encuentra las bayonetas de sus soldados;  el que la
vuelve ante fuerzas indgenas,  tropieza con las mochilas. Un coronel
de un regimiento europeo, es la tctica; un coronel de un regimiento
indgena, es la conjuncin de mil almas en la suya, flotando en su
espritu la suerte del regimiento: su responsabilidad es inmensa,
pues tan fcil le es llegar al Capitolio como  la roca _Tarpeya_.

La identificacin del indio con el sr en quien reconoce superioridad,
est demostrada. De esta demostracin, se deducen necesariamente un
sinnmero de corolarios que vienen  definirlo.

Se dice, el indio es esto y aquello y principalmente desagradecido,
 lo que contestamos  nosotros, que si bien se ven entre ellos pruebas
de olvido--cosa que por otra parte, y dicho sea de paso, no es de
extraar, dado el estado de la humanidad--tambin podramos citar
hechos concretos, de que si hay indios que olvidan, tambin los hay
que recuerdan y agradecen.

Lo que muchas veces se llama desagradecimiento, suele ser exigencias
no otorgadas quizs porque vienen repetidas  porque son odiosas.

--Por qu te vas de esta provincia?--deca en una ocasin una india
 un amigo nuestro.

--Me voy porque me han ascendido, y porque lo manda el rey.

--Pues, pdele al rey--replic con la mayor naturalidad--que te deje
aqu, y en cuanto al sueldo, yo te lo dar.

Las anteriores palabras, en la generalidad de los casos despiertan la
indignacin; pero juramos  nuestros lectores que en el tono y la forma
en que lo dijo la india, solo originan la gratitud. Es de advertir
que aquella no tena amores con mi amigo, y solo haba tenido ocasin
de prestarle aquel algunos pequeos favores. Hacemos esta salvedad,
pues es de hacer, puesto que la india amante, no ofrece, sino que da,
 tira cuanto tiene. Como ejemplo, citaremos un hecho.

Una maana estaba  punto de levar anclas el magnfico vapor _Gloria_,
de la casa Clano. Las blancas burbujas que se escapaban de los tubos
y la compacta columna de humo que perezosamente se iba confundiendo
con las matinales brumas, bien claramente demostraban que el coloso
estaba listo para alentar con sus potentes transpiraciones, las dobles
hlices. El _Gloria_ deba conducir  la madre patria gran nmero de
sus valientes hijos, que despus de haber peleado como buenos en las
aguas de Jol, iban con la alegra pintada en la cara en busca de
las azules ondas de las castellanas playas. De pronto salt desde
el _portaln_  la cubierta una india, pregunt por el capitn, y
una vez en su presencia  le suplic la llevase  Espaa, ofrecindole
doscientos pesos por su pasaje. A las justas observaciones del capitn
explicndole lo imposible de realizar su peticin por no tener
pasaporte ni haber llenado ninguno de los requisitos de embarque,
la india rompi  llorar; volvi  suplicar, y no pudiendo conseguir
nada, sec sus lgrimas, y dirigindose  silenciosamente al _portaln_
tir  la mar los doscientos pesos.--Pobre Titay!--omos decir  un
artillero que vea alejarse la barquilla en que iba la india.--Quin
es Titay?--preguntamos nosotros.--Titay es esa pobre mujer que acaba de
salir, era la amante de un compaero y anoche supimos haba vendido
cuanto tena, creyendo poder seguirnos.--Pobrecilla!--aadi el
valiente hijo de Espaa visiblemente conmovido; sin l nada quiere
y toda su fortuna la ha tirado  la mar.

Que le digan al novio de la india que son indefinibles, y de seguro
se sonreir amargamente al recordar la facilidad con que l podra
definir  la desgraciada Titay.

Sin el trato y el conocimiento ntimo del carcter, volvemos  repetir,
es completamente imposible definir, mxime cuando corre de boca en
boca tanta y tanta vulgaridad, escribindose en la generalidad de
los casos en el mismo tono en que se habla.

No ha muchos das, hojeando una de las ltimas entregas de la
_Revista Europea_ nos fijamos en un artculo, en cuyo epgrafe se
lea: _Una llaga social_. La respetabilidad de la firma del autor,
la justsima reputacin de la revista y nuestra aficin  la lectura
nos hicieron adivinar un precioso cuadro que encarnara algn cncer
moral. Principiamos la lectura, y  vueltas de bellezas de primer
orden nos encontramos con un prrafo que literalmente dice as: _En
el reino de Aracan, en las islas Filipinas, ningn hombre toma por
esposa una doncella so pena de considerarse deshonrado._

Despus de decirse que en estas islas la virginidad  es una deshonra,
creemos que bien puede asegurarse lo de los nidos en los rabos de
los carabaos; lo de los misteriosos embozados  de la calle de San
Jacinto; lo de la persecucin  del _anay_ por fuerzas del ejrcito;
lo de los rabos de las indias de la costa de _Baler_ lo de los tigres
de Mariveles, y lo otro y lo otro, incluso el asegurar que el indio
es indefinido. Si lo han de tratar de la forma que lo hace el autor de
_La llaga social_, ms vale que lo sea y no le atribuyan cosas que est
muy lejos de ser, y con las cuales se forman conceptos y apreciaciones
completamente errneas. Todos los indios de Filipinas, lo mismo los
remontados que los de las ciudades; lo mismo los que campan en su
vida nmada en las escabrosidades del _Banajao_ y del _Caraballo_,
que los reducidos; lo mismo los cristianos que los idlatras, _aetas,
tinguianes y busiaos_ conocen el valor de la virginidad, y en sus
confusas ideas del deber y el honor jams ha entrado como deshonra el
que la compaera que han de tomar por esposa haya perdido al unirse
 ellos la flor de la pureza.

Si tales cosas dice un peridico tan serio y de los primeros de Europa,
qu no podrn decir los dems?

As se escribe la historia!....

       *       *       *       *       *

En muchas de nuestras ideas acerca del indio, convienen gran nmero de
profundos observadores, y entre otros citaremos al eminente jesuita
Murillo Velarde, quien en su _Historia de Filipinas_, dice: _que el
espaol es un vivo espejo en el que se mira el indio_. Robertson, en
su _Historia universal de las Indias_, compara  los indios con los
muchachos de la escuela; semejanza que tambin la encuentran el abate
Marden en sus escritos, y Solorzano en su _Poltica Indiana_. El sabio
cronista de los viajes por Filipinas, del General D. Ignacio Mara
de Alaba, Frey Joaqun de Ziga, escribe en un manuscrito, valiosa
joya que guardan los archivos de San Agustn, cuyo hbito visti, lo
siguiente: El genio de los indios, segn los autores que han escrito
de ellos, es un embolismo de contradicciones; dicen que al mismo tiempo
son humildes y soberbios, atrevidos y cobardes,  crueles y compasivos,
perezosos y diligentes, y refieren de ellos otras mil contrariedades
como estas. Yo he vivido con ellos diez y seis aos y no he hallado
contradiccin  alguna, sino una gran debilidad y mucha disposicin 
recibir la impresin de todas las pasiones, las cuales se les pasan
luego, y con gran facilidad se desprenden de una para dar lugar 
otra. Muchas de sus acciones nos parecen contradictorias, porque las
referimos  nuestros ojos y no  los suyos; lo que entre nosotros es
tenido por bajeza, lo tienen ellos por honra; lo que  nosotros nos
abochorna, suele ser  veces entre ellos muy honorfico. Si cotejamos
su modo de obrar con el modo de discurrir que se halla entre ellos,
muchas que nos parecen contradicciones, las hallaremos consecuencias
legtimas de sus principios.



CHAPTER VIII

CAPTULO VIII.

Costumbres.--Casamientos.--Cdigo amoroso indio.--Prlogo al
libro.--Bndo--Cabezang Juan y cabezang Mara.--Los faldones del
muncipe.--Elocuencia de las uas.--El Eureka tagalo.--El pretendiente
y la pretendida..--El _pamimianan_.--El _amang-cruz.--_Una casa vaca y
una casa provista.--El _habiling.--_Calabazas en redondo.--Influencia
de los mayores.--Rencor indio.--Los picos quemados de una carta.--La
_gayuma_ y el _jonjon_.--Aceptacin del _habiling_.--De novio
 marido.--El _pag-haharap.--_Ceremoniales.--La vuelta  la
casa.--Novenario.

El indio en general es muy dado  sus tradiciones, y por nada en el
mundo vara sus costumbres, costando no poco trabajo el introducir
la ms ligera adicin  supresin en ellas.

Desde que un _lalaqui_ forma el propsito de hacer el amor  una
_babay_, hasta que se consuma el matrimonio, pasa por una serie
de ceremonias y es objeto de un sinnmero de frmulas difciles de
enumerar, y desgraciado de l si en esa larga gestacin de pretendiente
 _catipn_,  sea novio, y de este  _maridable_, infringe alguno de
los infinitos detalles del largusimo ritual del cdigo amoroso indio.

Ni el pretendiente que en fuerza de cortesas llega  _retratarse_
en los tersos botones de portero de Ministerio, ni el aspirante 
rica dote ante exigente futura suegra, ni el candidato extra-oficial
en distrito cunero, ni el cesante con ocho hijos frente  desptico
casero, tolera las injusticias, los desaires, las cavilaciones y los
sudores que sufre y aguanta con estoica resignacin el indio ante la
bronceada deidad de sus pensamientos.

Veamos el tipo.

Bindoy es un fornido muchachote de veinte aos, su padre _Cabezang_
Juan y su madre _Cabezang_ Mara, son dos honrados seres que tienen
cuatro cavanes de regado, quinientos, cocos, algunas vacas y
dos carabaos aradores que labran la tierra, en la que se levanta
el hogar donde naci Bindoy. Aquella casa se llama de sementera,
y los habitantes de las ciudades conocen  sus moradores con el
nombre de sementereros. Bindoy y sus padres no van al pueblo sino
los domingos, los das de procesin y aquellos otros en que el ronco
taido del _tambulic_ del _matand sa nayon_ anuncia al barrio que en
la poblacin ha de verificarse algo extraordinario. Cabezang Juan,
acompaado de su hijo--que es primognito  de su cabecera,--asiste
 las altas deliberaciones  que algunos sbados se discuten en el
Tribunal, y no sin gran trabajo recauda de sus _carolos_ el tributo,
trabajo que en cambio le da fuero sobre uso de chaqueta, asiento en
la principala, voto en las deliberaciones, media firma en informes
de conducta, y sobre  todo el oir llamar con cierto respeto  su cara
consorte el aristocrtico _Cabezang_, ttulo tan nobiliario, como
si su propietaria pudiera ostentar en vez de los blancos faldones
de la muncipe camisa de su marido, un escudo con media docena de
lagartijas en campo amarillo.

Bindoy ha entrado en quintas y sacado un nmero alto, por lo
tanto, vindose libre del servicio del Rey, principi  pasar
por su imaginacin el deseo de dedicarse al de una _dama_. Con tal
resolucin, se ech mi buen Bindoy por aquellas sementeras de Dios en
busca del ideal de sus sueos. Una tarde se hizo cargo de una guapa
dalaga que pilaba arroz acompaando el ruido acompasado del _jalo_
con una montona cancin. Ver  la dalaga y pararse, y tras pararse,
rascarse, fu simultneo. En Europa, sabemos, mejor dicho lo saben
_otros_, que con la msica puede darse las buenas tardes y hasta
pedir un fsforo al vecino; pudindose hacer esto, y muchsimo ms,
en el arte coreogrfico, en el que, y solo con la ayuda de los pies se
pueden recitar todos los pentacrsticos de Estrada. El arte mmico ha
llegado  una gran altura en el viejo mundo; pero juramos  nuestros
lectores, que con toda aquella mmica junta, no se llega  la expresin
que envuelve el hecho de pararse un _bagontao_ ante una dalaga, y
rascarse. Las uas en este caso tienen ms elocuencia que todas las
_catilinarias_ juntas. Una _rasqueta_, reposada, tranquila y practicada
en aquel _sitio_ de que Sancho se quejaba despus del manteo de la
_venta_, es el ultimatum ms perfecto que se conoce en el lenguaje de
las peticiones. Cuando el indio se rasca en la cabeza, su exigencia
solo ser material, es el prembulo para pedir  dinero,  cosa que lo
valga; pero si el indio _corre_ las uas por los _antedichos lugares_,
entonces la peticin cambia de especie, y se convierte en moral.

La dalaga, vi que Bindoy se par, que mir, y que abri la boca; oy
que pronunci  el _eureka_ tagalo,  sea el caracterstico, _aba!_
y sobre todo, observ que baj la mano y se rasc con el mismo mimo
y parsimonia que podra hacerlo un gitano sobre el lomo de un pollino
en feria, y visto y odo lo anterior, dej _jalo_ dentro del _lusong_
y mir de reojo  Bindoy como diciendo, maana t sers el que piles.

En las costumbres tagalas de la provincia de Tayabas, el hombre
trabaja mientras es novio, cuando es marido, generalmente quien lo
hace es la mujer.

Sigamos  nuestro Bindoy.

Una vez que comprendi haba encontrado su media naranja, traspuso el
cerco de _madre cacao_ que resguardaba la casa, en la que entr con
la misma familiaridad que si fuera la suya. Di las buenas tardes 
los padres de la dalaga, fu cuidadosamente observado por aquellos,
y acto continuo indicaron faltaba agua,  cuya indicacin el pobre
Bindoy, carg con un pesado _bombn_ de caa, que llen en un manantial
vecino. Con este trabajo empieza el _via-crucis_ que tiene que recorrer
el pretendiente. En el mero hecho de haber desempeado una ocupacin de
la dalaga, se le acepta, y en tal concepto, presta con el nombre del
_servicio_,  sea el _pamimianan_, toda clase de trabajos. Acompaa
 su pretendida  todas partes, desempea sus quehaceres, pila por
ella el arroz, lampacea el suelo, limpia los _carajais_ y los platos,
ayuda al padre en las faenas de las sementeras, y todo por ella, por
ella,  quien mira con una cmica gravedad. No hay nada ms digno de
notar, que la respetuosidad con que es tratada una india en situacin
de pretendida.

El _servicio_, lo impone el padre de la dalaga, dura generalmente un
ao,  sea de cosecha  cosecha, viviendo muchas veces el pretendiente
en la misma casa de la pretendida. Desde el momento en que se acepta
el servicio por parte de la familia de la dalaga, se abren dos
listas, una que lleva el padre de aquella y otra el pretendiente,
consignndose en ellas el importe de todo cuanta gasta en obsequios,
sean de la clase que quieran. Los trabajos tambin tienen su tarifa,
abonndose en cuenta dos reales por los servicios de noche, y uno los
de da. Las listas del _pamimianan_ son altamente curiosas, leyndose
en ellas, al lado de una libra de _lichn,_ un pauelo de guinaras,
figurando ms all de este apunte, dos reales por una noche en claro
velando el _romadizo_ de la futura suegra, y ms all, un real por
media noche en que acompa  la dalaga  cantar la pasin. Al cumplir
el ao se hace la liquidacin del importe total de los trabajos, de
los obsequios y del valor de todo lo comible y bebible, que ha llevado
el pretendiente, y este se prepara  recibir su sentencia, pues al
concluir el servicio se resuelve en definitiva si se le acepta  no.

En esta aceptacin, poco  nada se oye el asentimiento de la dalaga,
la cual con raras excepciones sigue la voluntad de sus _mayores_,
sin rplica ni objecin alguna.

El pretendiente, en esos das, se preocupa todo lo que puede
preocuparse un indio; busca una especie de hombre bueno, que se le
conoce con el nombre de _amang-cruz,_ y con este, y algunas veces la
msica, se dirige  la casa de la dama de sus pensamientos, siendo
de advertir que ya con anticipacin se ha procurado se le comunique
la noticia. Constituidos en la casa, si ven que nada falta en ella,
es mala seal; mas si por el contrario, se encuentran solo con las
paredes, sin que haya fuego, ni lea en el hogar, ni bancos, mesas
y lamcapes en la cada y sala, entonces la cosa vara de aspecto,
y el novio, el _amang-cruz_ y los individuos de la familia de aquel,
en un momento llevan cuanto hace falta, procedindose acto continuo
 preparar la cena y buscar  la dalaga, que la tienen escondida en
alguna casa vecina. Encontrada aquella--y es de advertir que se la
encuentra siempre--el _amang-cruz_ entrega  su padre una bandeja
adornada de flores. Entre estas se coloca una cajita, en cuyo fondo
se ponen dos monedas de plata, cuyos bustos resulten mirndose el
uno al otro. A esta ofrenda se la llama el _habilin_, y aceptado
este, principia la cena; se bebe, se canta, se baila y se habla de
todo, menos de la proyectada boda. A los ocho  quince das de la
entrega del _habilin_, se prepara otra cena, previo aviso  todos
los parientes de una y otra parte, y si  la conclusin de aquella
devuelve el padre de la dalaga al _amang-cruz_ las dos monedas, es
seal de calabazas en redondo; si no hay devolucin, el pretendiente
pasa  ser novio oficial.

De no aceptarse al novio, se le entrega el importe del servicio, el
cual se le carga en cuenta al nuevo pretendiente que tenga la dalaga,
de modo que el _pamimianan_ no es ni ms ni menos que un prstamo
que se hace al padre, con la garanta de la hija. Volvemos  repetir,
que pocas veces entre las indias de la provincia de Tayabas, se ven
ejemplos de que contraren la voluntad de sus _mayores_, y cuando esto
sucede, el rencor se lleva  un terreno casi incomprensible. Conocimos
una joven, que habiendo apelado al amparo de las leyes, y habindose
decretado su depsito, escribi  sus padres una carta pidindoles
perdn. El da que tal hizo fuimos  la casa en que se hallaba, y la
encontramos llorando, teniendo  la vista su carta con los cuatro
picos quemados, una mortaja, un cordn, un rosario y cuatro velas
amarillas. Aquellos objetos mortuorios nos llamaron la atencin,
y al interrogar  la joven, nos dijo, que aquella carta era la suya,
devuelta sin contestar por sus padres, quienes, juntamente con ella
le haban acompaado los anteriores objetos. La carta que se devuelve
quemadas las cuatro puntas, significa que el odio ser eterno; si se
acompaa la mortaja, revela, que aquel se llevar hasta la tumba.

La oposicin de los _mayores_ tratan algunas veces los pretendientes de
conjurarla por medio de empricas recetas  tradicionales _anitos._ Las
hojas de la _gayuma_ y del _jonjon_, se prestan en primer trmino para
las cbalas amorosas. Aqu no hay _echadoras_ de cartas, ni agoreras
pitonisas; pero el gnero no es desconocido, La _mangcuculam_ suple
aqu las rayas de la mano, la sota de bastos y los _setenarios_ del
amor, con los brebajes del _jonjon_ y los sahumerios de la _gayuma_.

Nuestro conocido Bindoy no tuvo necesidad de recurrir  medios
extraordinarios. Fu aceptado por todos, trabaj como un cumplido
pacientsimo su ao de servicio, y cabezang Juan guard en el fondo
del arca las dos monedas del _habilin_. Ya lo tenemos, por lo tanto,
novio oficial de la simptica dalaga, cuyo nombre era el de Nnay.

Del estado de novio al de marido, hay entre el indio muy poco camino,
as que  los pocos das tomaron el que dirige al convento, Bindoy,
Nnay, el _amang-cruz_ y los padres de aquellos. Presentes los novios
ante el prroco, fueron examinados, y _nemine discrepante_ aprobados,
quedaron inscritos para las amonestaciones.

La presentacin que hacen al cura la llaman el _paghaharap_, y con
este nombre se da una fiesta, que se repite la vspera de la unin, con
el nombre del _casalan_, la que dura hasta la hora de ir  la iglesia.

En todos estos actos hay un ceremonial especial que se repite de unos
 otros con la precisin del engranaje de un cronmetro ingls.

Bindoy, solo, segn programa, marcha por medio de la calzada que dirige
al convento  la cabeza de la msica; detrs de esta, y en la misma
forma que su futuro, camina muy despacio la novia, llevando sobre su
cuerpo la saya ms pintarrajeada que ha encontrado y cuantos objetos
relucientes ha podido proporcionarse.  Ledas que fueron las solemnes
palabras de San Pablo, Bindoy mir de reojo  Nnay, el cura bendijo la
unin de ambos, y todos contentos y satisfechos regresaron  la casa de
la desposada, en la que el pobre marido, antes de entrar en posesin
de su mujer, tiene que sufrir nueve--nueve!--interminables das, por
supuesto con sus correspondientes noches de baile, _cutang-cutang,
coquillo_ y dems agasajos que para el pobre Bindoy son otras
tantas mortificaciones. En estos nueve das la desposada duerme
con sus amigas, las cuales la rodean, no dejndola ni un momento
sola. Delicada y alegrica costumbre en que se despide la dalaga del
mundo, rindiendo en aquel novenario el ltimo tributo  la virginidad!

Bindoy es completamente feliz al lado de Nnay. Veamos en el siguiente
captulo si es  no posible la felicidad en el indio.



CHAPTER IX

CAPTULO IX.

_Es  no feliz Ambrosio_?

Deca un amigo mo que  ser posible volver  nacer y tener el
derecho de peticin, pedira  Dios nacer indio, pero indio puro,
de sementera. Fundaba su deseo en la observacin que haba hecho de
este pas en su larga permanencia en l y en el trato y conocimiento
de las costumbres del indio.

Hoy que llevo algunos aos en Filipinas y que he pasado muchsimos
das estudindolo, comprendo cunta razn tena mi amigo.

Entindase, que tanto aquel como yo, nos referimos al indio de campo,
no al ilustrado de las ciudades.

Para que no haya duda, voy  describir el tipo tomado del natural.

En mis excursiones por uno de los pintorescos ros de la contra-costa
de Tayabas, que desembocan en el Pacfico, vi deslizarse pesadamente
una balsa de caas, sobre las cuales tranquilamente dorma un indio. A
las voces que le di nuestro timonel, se incorpor lentamente y tras
un largo esperezo y un no menos largo resoplido sooliento, separ
con la ayuda del _tiquin_ su rstica embarcacin, dejndonos paso en
la corriente.

He ah, dije en mi interior, un ser que respira tranquilidad, salud
y bienestar.

Formulado que fu el anterior juicio, me asalt el deseo de saber si
habra sido  no exacto en dicha apreciacin.

--Conoces  ese indio que va en la balsa?--dije al timonel.

--No conoce, seor.

--Pregunta si vive cerca, y de vivir prximo al ro, dle si podramos
pasar la noche en su casa.

El timonel con la ayuda de mi criado, tradujo en tagalo mi deseo,
dando su contestacin por resultado, que viva un cuarto de hora de
_remo_ de donde nos encontrbamos, y que con mucho gusto nos ofreca su
casa y cuanto tena,  cuyo ofrecimiento d orden para que se largara
un cabo  la balsa. Con la ayuda del remolque y apretando _bogas_,
atracamos al poco rato al pi de la morada del indio. La casa era de
caa y nipa, y todo su ajuar se reduca  dos _lancapes_, una mesa,
una banga y unos cuantos tabos de coco, destacndose en las paredes
varias estampas pegadas con morisqueta.

El indio nos dijo llamarse Ambrosio, estaba casado y tena
dos hijos. Veamos las necesidades morales y materiales de
aquella familia. El espritu de Ambrosio flotaba en el mundo
del indiferentismo, sin que le atormentase ninguna clase de
ambiciones, puesto que ignoraba el ancho campo y el dilatado ms
all, que se extenda tras la cerca de palmabraba que resguardaba la
casa. All viva, sin recuerdos del ayer, sin aspiraciones del hoy,
ni intranquilidad ni zozobra para el maana. Las edades, los tiempos,
las esperanzas, las tiernas conmemoraciones y todo cuanto constituyen
esos eternos fantasmas que se suceden sin interrupcin en el gran
laboratorio que da calor al alma, son completamente desconocidos en la
morada de Ambrosio. No sabe cundo naci y confusamente recuerda _los
cabos de ao_ que ha celebrado desde que murieron sus padres. Adora
 Dios sin que en sus ideas religiosas entre para nada tratar de
profundizar ninguno de sus misterios, llevndole su misma ignorancia al
fatalismo que predomina en la generalidad de los indios.  la muerte
la llaman la _raya-negra,_ y poco  nada hacen para contrarestar ese
negro surco de sus creencias, tan luego anuncia una de sus muchas
_abusiones_ que la muerte ha de entrar en una casa.

Las necesidades morales de Ambrosio son perfectamente nulas. Tiene
mujer  hijos, pero ni remotamente le ha preocupado su porvenir. Las
palabras hospital, hospicio, casa de empeos y de refugio, son
completamente desconocidas en su vocabulario; es ms, Ambrosio no
llegar jams  comprender su significacin; ignora lo que son las
interminables noches del invierno sin abrigo y sin luz, y no sabe lo
horrible de la palabra _pan!_ pronunciada por un hijo hambriento
y aterido. La nauseabunda guardilla, los harapos, la miseria, el
hambre, las privaciones de todo gnero, las luchas de la virtud con las
necesidades, la camilla y la fosa comn, jams han llegado ni llegarn
 atormentar los pensamientos de Ambrosio. Pertenece  la raza pura,
su constitucin como la de los suyos, es virgen, desconociendo casi las
enfermedades,  teniendo para las que le aquejen admirables especficos
en las hojas de sus bosques, en los jugos de sus plantas y en las
corolas de sus flores. La constante y benigna temperatura intertropical
de su cielo, le libra de todas las necesidades que trae en pos de s
el invierno, poseyendo Ambrosio  su alrededor cuanto constituye su
vida, no solamente con relacin  su materia, sino que tambin  su
espritu. Un pequeo campo le provee de arroz para su morisqueta; el
ro le brinda con la riqueza de sus pescados; el coco, le ayuda con las
mltiples aplicaciones de sus hojas, sus jugos y sus fibras; el chile,
fortifica su organismo; las hebras del abac, cubren su cuerpo; las
esbeltas caas y los trepadores bejucos, le dan albergue; los verdes
nipares, bebidas alcohlicas; y por ltimo, refrescan su sangre los
poticos _tamarindos._ Y todo esto lo tiene Ambrosio en las treinta
varas que rodean su casa. En aquel terreno estn cubiertas todas sus
aspiraciones, no inquietndole el porvenir de sus hijos, puesto que
sabe que en aquel suelo, mina inagotable cultivada por la mano del
Sumo Hacedor, est encerrado todo el horizonte del maana. Su cielo,
siempre lleno de luz; sus alboradas, con sus diamantinos rocos; sus
plcidas noches, con los vividos destellos de los miles de _alitaptap_
que baten sus alas de fuego en las rojas corolas del rbol del amor;
la grandiosidad de la selva con sus rboles seculares, sus misterios,
sus pjaros, sus arroyos y sus flores, sonren  su espritu y le
ensean  amar al que enciende en los altos plenilunios la plida faz
de la _sultana_ de los cielos,  la que Ambrosio como todos los de su
raza, rinde una verdadera admiracin. As nace y vive el indio, viendo
llegar tranquilamente su ltima hora, sabiendo que sus despojos no
han de ser llevados por manos mercenarias y s por sus propios deudos,
los cuales no tienen el amargo _privilegio_ de verlos  arrojar en la
fosa comn, _ese_ horrible rincn de las grandes _necrpolis,_ donde
se hacinan cientos de cadveres y se compendian millones de lgrimas.

Es  no feliz Ambrosio?



CHAPTER X

CAPTULO X.

Costumbres.--Enfermedades y entierros.--El _orimon_.--Creencias
del indio.--El mediquillo.--Confeccin de una receta.--El
_constructor_ de cigarrillos.--Dos _respiraciones._--El fro y
el calor.--Muerte de cabezang Pedro.--Al hoyo y ... _talag nang
Dios._--La casa por concluir.--_Dolor de embarazo_.--Las plegarias
y la Orden tercera.--Las listas del presente.--_El panalagin._--El
sentimiento y el estmago.--_Inoac_ y _sayos_.--El sentimiento y el
indio.--Filosofa del _icao ang bahala_, y el _talag nang Dios_.--El
cementerio de Tayabas.--La vida y la muerte.--Eterno olvido!--El
_dasalan._--Creencias.--El _lungcasan_.--ltimo recuerdo del vivo
al muerto.

Ya que hemos visto todo el ceremonial que precede  un casamiento
en Tayabas, sganme los lectores que quieran  la cabecera de un
enfermo grave, y si muere les daremos  conocer las costumbres que
se practican en los entierros.

--Estamos en camino? S, pues principiemos por doblar la rodilla,
pues  pocos pasos de la casa adonde nos dirigimos llevan el _orimon_,
resguardado por un inmenso payo de seda grana, y dentro de aquel se
ve al ministro del Altsimo con la sacrosanta _forma_. Detrs del
_orimon_, que no es ni ms ni menos que una silla de manos conducida
en hombros de cuatro fieles, y custodiada por una guardia de honor de
cuadrilleros, va la msica tocando la marcha real, y  continuacin
gran nmero de acompaantes con velas.

La devota comitiva se dirige  la iglesia, y nosotros entramos en la
casa del paciente, en la que se notan algunos adornos, lo que prueba,
que en aquella se ha recibido al _Rey_ de los _Reyes_, con toda la
suntuosidad  que alcanzan los recursos de sus moradores.

Ya estamos en la cada; si quien padece es mujer, y se encuentra de
parto, no podemos detenernos ni hablar hasta llegar  la habitacin
donde se encuentra la enferma; si esto no hacemos, se creera en un
resultado funesto. Delante de nosotros ha pasado un indio que se ha
parado  encender un cigarro en una de las muchas luces que hay en la
cada,  pesar de ser las cuatro de la tarde; aquella parada, desde
luego nos da  conocer no habr bautizo, ni necesidad de preparar
agua de socorro. Con nosotros viene el estudioso y aventajado joven
D. Evaristo Batlle, mdico titular de la provincia; lleva poco
tiempo en ella, y todava no ha podido desterrar con su ciencia las
ridculas y hasta estrafalarias prcticas de los mediquillos. El
doctor nos acompaa como simple curioso, si bien, va animado de
los mejores deseos humanitarios. Cerca de la cada est la cocina,
y en ella nos ensean  un grave y respetable _seor,_ de camisa por
fuera, armado de unos tremendos anteojos, cuyo varillaje difcilmente
encuentra apoyo en una _cosa_ que quiere ser narices. Aquel personaje,
es el mediquillo; se encuentra rodeado de una porcin de cachivaches,
dando rdenes y disposiciones con un gran aplomo. Cree que ninguno de
nosotros conoce el tagalo, y por lo tanto contina con su explicacin
medica, al par que confecciona una receta. Veamos los ingredientes
de esta, y oigamos el discurso.

En una hoja de pltano, embadurnado de aceite para que no se pegue,
deja destilar la melaza de unos caramelos, que derrite  la llama
de unos _tinsines_ que arden por cima de la hoja, sobre la que
vemos perfectamente picado un poco de tabaco y otro poco de _buyo_,
que mezcla y revuelve con la melaza, haciendo por ltimo con todos
aquellos _compuestos_, una especie de tabaco de las dimensiones de un
_primera habano_. Concluda su obra, mir por cima de las antiparras
 todos los que aguardaban brotase la salud de sus manos, y con _aire_
reposado y sentencioso, dijo en tagalo, lo que traducimos en espaol.

--Toma,--dijo, dndole el cigarrillo  una india, que supimos
era la esposa del enfermo,--cuando le _suba_ el fro, hay que
traerlo _abajo_, y para llamarlo, tienes que taparle con _eso_
todas las _respiraciones_--Santos cielos! exclamamos en nuestro
interior,--cuntas _respiraciones_ conocer ese _constructor_ de
cigarrillos! Sudando, solo en pensar la horrible faena para conducir
el fro _abajo,_ nos dirigimos  la habitacin del paciente. Con
ms parches que redoblante de concejo; ms hierbajos que anaquelera
de herbolario: y ms _sobas_ que espalda de galeote, _yaca_, en el
petate del dolor, mi bueno de cabezang Pedro, aquejado de un descomunal
ataque de _fro_ y _calor_.

Al ver al pobre cabezang Pedro, comprendimos todo lo grave que es el
estar malo en Tayabas.

Y en efecto, lo estaba tanto, que muri aquella misma noche.

Nuestro amigo el doctor nos dijo que el fro y el calor, no era ni
ms ni menos, que una fiebre maligna.

Por supuesto la muerte de cabezang Pedro, no se la achacaron al
mediquillo ni mucho menos, pues all no hay la _fea_ costumbre de
echar el muerto  las espaldas del que lo asisti en vida. Se muere
porque _s_, y al hoyo y _talag nang Dios_.

Si la casa donde acaece una defuncin es nueva y est concluda,
entonces no hay que preguntar, pues que est muy arraigada la creencia
que enfermo que cae en casa nueva y concluda indefectiblemente ha
de morir, haciendo esto, que jams se concluyan las casas de Tayabas,
dejando por poner,  una  puerta,  una concha,  una ventana. Durante
los embarazos se suspende toda obra, as que si la duea de una casa
en construccin  reparacin nota sntomas de embarazo, se paraliza el
trabajo en el estado en que se encuentre, hasta que aquella d  luz.

Hemos dicho si la mujer nota sntomas de embarazo, y en esto no hay
completa exactitud, pues basta que aquellos sntomas lo sienta por
su mujer el marido. Pero..., pero que vamos, que hay que ponerse
serio para decir ciertas cosas, mas es lo cierto, que en Tayabas la
generalidad de los futuros paps, llevan su tradicional creencia,
hasta jurar que sienten los mismos dolores que la mujer.

--Qu tiene tu padre?--decamos en una ocasin  una muchacha.

--Tiene, seor, dolor de embarazo,--nos contest.

--Vamos, que les digo  ustedes, que entre las muchas gangas que posee
un marido, jams pudimos creer podra llegar  tener la de _ponerse_
 parir.

El pobre cabezang Pedro--como dejamos dicho--muri, no de una ilusoria
creencia sino de una real y efectiva fiebre paldica.

Tan luego espir se le cubri la cara con un pauelo, se le
entrelazaron las manos, poniendo en ellas un crucifijo, las campanas
tocaron plegarias, y todos los individuos de la _Orden Tercera_,
invadieron el cuarto, ponindose  rezar, mientras los parientes ms
cercanos preparaban un hbito de San Francisco, mortaja con la que
haban de vestir el inanimado cuerpo.

El toque de plegarias, al par que avisa  los vivos recen por el alma
de un muerto, convoca con su lgubre tair  todos los que fueron
sus parientes. Estos acuden  la casa si es que ya no estn en ella,
llevando cada uno un obsequio, consistente en dinero  bien en tabaco,
en bebidas  en comestibles, obsequios que  su vez son recompensados
en igual forma y en casos semejantes por los que los reciben,  cuyo
efecto, se guarda una lista de _presentes_ en cada casa.

Como los parientes del cabezang Pedro son muchos y pudientes, la lista
del _presente_ est llena de _nmeros,_ que aparecen traducidos en
_especie_, sobre las mesas y fogones.

Una vez reunidos deudos y amigos, empieza el _panalagin_  sea el
canto de la pasin, que dura toda la noche con gran contentamiento
del estmago, al que se da lastre y refuerzo tras cada estrofa.

Entre cabezadas, esperezos y cnticos roncos y destemplados, viene
el da, y con l el carro  angarillas que ha de conducir al cadver
 la iglesia y de aqu al lugar del eterno reposo.

Todos los parientes acompaan al cadver, conocindose aquellos por
una especie de frac de percalina engomada color garbanzo, de faldones
muy largos, llamados _sayos_, que visten los hombres, y un manto,
generalmente de raso, conocido con el nombre de _inuac_, con el que
se cubren las mujeres.

El indio, bajo el punto de vista del sentimiento,  es nio  es viejo,
lo que viene  ser sinnimo, de aqu lo difcil de definirlo. Tiene la
volubilidad, la indiferencia, y los momentneos caprichos del nio:
como este odia y ama, como este quiere y olvida, sucedindose en los
impenetrables misterios de su espritu, las ms fuertes impresiones,
sin dejar el dolor la ms ligera huella, ni el placer el ms mnimo
recuerdo. Todas las cosas posibles la envuelve en su lacnico _aco ang
bahala_, como todos los hechos consumados, los acepta en su filosfico
_talag nang Dios_.

Pronunciando el _aco ang bahala_, emprende todos los actos de su vida;
y murmurando el _talag nang Dios_, arroja el primer puado de tierra
sobre los ltimos restos de la que le di el sr,  sigue con estico
indiferentismo el fretro del fruto de sus amores, sin que jams se le
ocurra protestar ni con la lengua ni con los ademanes de su profunda
y filosfica frase.

Si la ciencia no hubiera ya convenido que las canas son, en la
generalidad de los casos, consecuencia de la fijeza de los grandes
dolores morales, nos convenceramos de ello en este pas. La casi
carencia en el indio de esas prematuras y plateadas hebras, recuerdo
de otras tantas lgrimas, prueba, que en su mente hay una gran
fuerza de conformidad, que la mayor parte de las veces lo conduce al
indiferentismo. Ser esto producto de una inquebrantable y poderosa
fe,  derivacin de su temperamento? Arcano insondable que solo Dios
lo sabe, mas es lo cierto, que felices ellos mil veces que  la vista
de una gran desgracia se quedan dormidos murmurando su concluyente y
consolador _talag nang Dios_, no conociendo las interminables noches
de insomnios, en que se lucha con un insistente y doloroso recuerdo!

Haciendo estas reflexiones, llegamos al cementerio de Tayabas.

Aquella mansin de olvido y descanso, est rodeada de una gran
exuberancia de vida. El murmurio del ro que rompe entre guijas
al pi de uno de sus muros; los esbeltos penachos de las flexibles
caas que los coronan, y los hermosos plumajes de las _oropndolas_ y
solitarios que se posan en su parduzca y viscosa argamasa, constituyen
una amarga verdad que ensea  los que _vuelven_ cun cerca est la
vida de la muerte.

En uno de los lados del cementerio se alza una espaciosa y slida
capilla, en la que de poco tiempo  esta parte se ha principiado
 formar _esa_ fnebre anaquelera invento de la pobre humanidad,
que sin duda cree que un cajn de ladrillo elevado  tres cuartas
del suelo es mejor lecho para dormir el sueo eterno, que el hoyo
abierto en la madre tierra.

En el amplio y extenso patio, no vimos ni un mausoleo, ni un monumento,
ni una lpida, ni una fecha, ni una inicial, ni nada que recordase
un nombre. Hierbas y musgos por doquier!... Eterno olvido!

       *       *       *       *       *

Recordando las sentidas estrofas, que la soledad del _campo santo_
inspiraron al malogrado Becquer, volvimos al pueblo.

Aquella noche se verific el _dasaln,_  sea el principio del
novenario, en el que si bien se reza, tambin se cena. Esta suele
servirse en algunas casas los nueve das, mas lo general es verificarlo
en el cuarto con el nombre de _apat na arao, y_ en el ltimo que se
celebra con el de _siam na arao_.

Hasta que este se lleva  cabo, los parientes del muerto ni comen
verduras, ni se baan. Al quinto da de acaecida la defuncin, creen
que el muerto se aparece al que duerme en la misma cama del finado. Al
sacar el cadver de la casa, ponen  todos los chicos sentados en
la escalera, de forma que el atad pase por cima de ellos. De no
hacer esto, y no cerrar inmediatamente que sale el fretro todas las
ventanas, se cree que pronto entrar en la casa otra muerte.

Con el nombre del _lungcasan_ se celebra _el cabo de ao,_ en el que
no solamente se cena, sino que en la generalidad de los casos tambin
se baila.

Despus del _lungcasan_, ltimo recuerdo que consagra el vivo al
muerto, no quedan ni fechas, ni memorias, ni conmemoraciones, ni
marchitas coronas. Solo la iglesia conserva en sus archivos una partida
de defuncin; la campana un triste eco en la noche de todas las nimas;
la tierra un poco ms de lodo, y el enterrador unos trozos de lea,
restos de los descarnados brazos de una tosca cruz que carcomi y
desuni la inclemencia del tiempo.



CHAPTER XI

CAPTULO XI.

Paseo  caballo.--El cocal de las _Angustias.--_La ermita.--La
esquila del santuario.--Una alborada en los trpicos.--La nia, el
rbol y el crepsculo.--Una misa en la ermita.--Oracin que implora
y curiosidad que investiga.--La madre del dolor.--Una cifra y una
fecha.--Averiguaciones intiles.--El matand de la ermita.--La Casa
Real de Cotta.--Las ruinas y la recmara de la muerte.--Estancia
en el barrio de Cotta.--Tamayo y Belloc.--Recuerdos.--Horas
felices.--Salubridad y riqueza.

--Hermoso cocal es ese--dije  mi buen amigo A... con quien paseaba
 caballo una tarde por el pintoresco y agreste camino que conduce
al pueblo de Lucban.

--En efecto--me contest mi amigo,--no encontrars en toda la
provincia un cocal como este; observa su cerca, su tierra, su labor,
sus rboles y vers que ni falta una piedra, ni crece una grama,
ni fructifica una parsita, y, cosa rara, este cocal no tiene dueo,
es de todos y de nadie, no hay vecino del pueblo que no lo atienda,
que no lo cuide, que no lo mejore, y, sin embargo, su dueo no es de
este mundo. Cuando el indio pasa por delante de sus flexibles palmas
agobiadas por los compactos racimos de sus frutos, si se ha desmoronado
una piedra coloca otra, si se ha torcido un pono lo apuntala, si una
planta extica abraza un tronco la arranca, y cuando nada de esto hace
porque nada falta, se quita el sombrero, lleva los dedos  la frente,
hace la seal de la cruz y murmura una oracin. Estamos en el cocal
de las _Angustias_ y su propietaria es la imagen que se venera en la
ermita de aquel nombre.

--El cocal de las Angustias!--Ese ttulo dije, seguramente debe
encerrar un misterio sintetizando alguna histrica leyenda del pas.

--No conozco la leyenda, solo s que el producto del cocal se emplea en
beneficio de la ermita, y que de cuando en cuando se extrae cantidad
bastante de aceite para que una lmpara continuamente alumbre  la
sublime madre del dolor.

--Y nada ms sabes?--repliqu con creciente impaciencia.

--Absolutamente nada ms, mis ocupaciones, y ms que todo mi poca
aficin  escudriar cosas que ni me van ni me vienen, han hecho que en
los aos que llevo por estas comarcas practicase lo que he visto hacer,
quitndome el sombrero cuando por aqu paso, por aquello de que adonde
quiera que fueres haz lo que vieres, sin que haya tratado de averiguar
el cmo y el por qu _la_ que es duea de todo desde el cielo viene
 ser propietaria aqu en el suelo de esas flexibles palmas.

Despus de la anterior manifestacin de mi amigo, continuamos el
paseo sin hablar ms acerca de la ermita y el cocal de las Angustias.

Volvimos al pueblo, y al da siguiente muy de madrugada me encamin
 la ermita, encontrando en ella  un matrimonio indio que la cuidaba.

--Abre--dije en tagalo  la mujer que se haba adelantado  mi llegada.

Las pesadas hojas de una puerta profusamente claveteada rechinaron en
sus goznes, quedando  la vista el interior del santuario. Este lo
compona un pequeo clustro, un modesto presbiterio y la sacrista
que ocupaba un local  la derecha del presbiterio. Cuatro ventanas en
los muros provistas de conchas y cristales, el altar con la imagen
de la Dolorosa y una lmpara de plata que arda frente  aquella,
completaban el modesto templo  cuya puerta se levantaba una pequea
esquila, cuyo bronce anunciaba todos los das la oracin de la tarde,
y un alegre repique los viernes, el sacrosanto sacrificio que desde
tiempo inmemorial se celebraba en ese da, conmemorativo de los
dolores de Mara.

Despus de inspeccionarlo todo, me volv  mi casa sin haber podido
adquirir noticias referentes  la ermita.

Una hermosa y risuea alborada como lo son todas en la
India, me despert, oyendo los ecos del lejano volteo de la
campanita que convocaba  los creyentes  la misa del alba. Era
viernes. Apresuradamente me vest, abr las conchas de mi cuarto y
me dispuse  asistir al ms grande de los misterios del cristianismo.

Los ltimos crespones de la noche fueron replegados por la tenue luz
de un corto crepsculo,  y la claridad sustituy  las sombras con
esa potencia, esa vitalidad y esa gigantesca exuberancia con que hace
la naturaleza en este pas todas sus manifestaciones.

Aqu no hay crepsculos, como tampoco hay juventud. El nio, pasa 
ser viejo sin haber sido joven, y la nia se da cuenta que ha dejado
de jugar, cuando es madre. Al rbol lo rinden los aos, sin que su
aoso tronco  su ligera palma hayan visto arremolinarse al pi de su
cuna, ni el melanclico sudario de su dorado otoo, ni los descarnados
brazos de su prematura vejez.

Aqu, una semilla es un rbol, una nia, una mujer, y un crepsculo,
una rapidsima penumbra de la vvida luz de los trpicos.

Preguntar  una india qu acaba de dar  luz y os dir que ha parido,
no un nio  una nia, sino una _babai_  un _lalaqui_, es decir,
un hombre  una mujer. Plantar una simiente de las que en el viejo
mundo dan un arbusto, y aqu saldr un rbol. Salir  la calle sin
el payo, contando con el crepsculo y ms que  paso tendris que
volveros con los sesos achicharrados.

Mas dejemos digresiones y entremos en la ermita,  cuya puerta se
agolpaban gran nmero de fieles.

Me arrodill al pi del presbiterio, y al levantarme despus de oir
pronunciar al sacerdote la ltima palabra del conmovedor evangelio
del da, alc los ojos  los inmviles de la imagen, no recuerdo,
si con el fervor de la oracin que implora  de la curiosidad que
investiga; mas el resultado fu que poco  poco, el fiel se convirti
en el artista, admirando la correccin de la talla, lo acabado de
sus detalles, lo valiente de sus lneas, y ms que todo la profunda
expresin de sentimiento que el artfice haba sabido impregnar en
la Dolorosa Madre. Recorriendo mi vista todos los detalles de la
escultura, con gran insistencia se fijaron en un objeto que estaba
 sus pis y que poco  poco vine  convencerme era un bastn.

Concluda la misa, me dirig  la sacrista y supliqu al sacerdote
me permitiera examinar aquel. Mi ruego fu atendido, teniendo
ocasin de observar un antiguo bastn de mando, en cuyo rico puo,
toscamente cincelada se destacaba una cifra, la misma que segn me
dijo el sacerdote, tenan el cliz, propiedad de la ermita, y la
lmpara. Examin esta y aquella, y en efecto, en el oro del primero
y en la plata de la segunda, se encontraba la cifra y una inscripcin
debajo de ella que deca: 8 de Enero 1720.

Mientras hice mis investigaciones, el sacerdote concluy su rezo de
gracias, y ambos nos dirigimos  la casa de mi amigo A...

Incidentalmente hice recaer la conversacin acerca de la ermita y de lo
que  ella se refera. El misterioso cocal, siempre cuidado y atendido,
la correcta escultura escondida tras los muros del modesto santuario,
el antiguo bastn de mando  los pies de la imagen, el laconismo de
la jeroglfica cifra, y ms que todo, aquel 8 _de Enero de_ 1720, en
cuya fecha seguramente se compendiaba alguna ofrenda conmemorativa de
pasados sucesos,  embargaban fuertemente todo mi ser. Tras no pocas
insistentes preguntas y no menos vagas respuestas que mediaron,
mientras tomamos chocolate, vine  perder la esperanza  de lograr
mi deseo.

Pasaron algunos das y una tarde en que con mi amigo respiraba la
fresca brisa, sentados en la espaciosa azotea de su casa, pas
por la calle una procesin en la que todos los alumbrantes eran
muy viejos. Esto hizo que se hablara sobre los frecuentes casos de
longevidad de Filipinas, y el que dijera  mi amigo que entre aquellos
alumbrantes iran muchos de ochenta y noventa aos,  lo que me replic
aquel, que conoca un antiguo veterano que llevaba ms de cuarenta
aos cobrando su retiro, siendo de advertir que al salir del ejrcito
ya tena el mximun de tiempo, debiendo por lo tanto cifrar en ms
de cien aos. Encontrndonos en esta conversacin,  fu  hacernos
compaa un honrado comerciante espaol, casado con hija del pas y
radicado en aquel pueblo. Enterado de nuestra conversacin nos dijo,
que l saba de un viejo de ciento dieciocho aos, que se le conoca
con el nombre del _matand de la ermita_, el cual, haca tiempo viva
en el barrio de _Cotta_, distante dos leguas de Tayabas.

Al da siguiente al en que tuvimos la anterior conversacin, caminaba
con direccin  Cotta.

Tan luego desmont del caballo, al pi de la escalera, de la que
llaman Casa Real, indagu del _castellano_ que la habita, quin era
y dnde viva el _matand de la ermita_, sabiendo por boca de aquel
y con gran desconsuelo mo, que haca ms de un ao haba muerto.

El castellano, pudo iluminar poco,  nada, mis investigaciones,
dando mis preguntas el nico resultado de saber, que el matand tuvo
una especial predileccin por unas ruinas que se descubran en la
margen del ro. Dichas ruinas, cubiertas en su mayora de brozas,
musgos y malezas, muestran en su antigua argamasa las seales de un
incendio. Sobre algunos ahumados y dentados ladrillos, descansa un
tosco can de hierro de gran calibre. Su. _nima_ est destrozada,
el herrumbre cubre su spera superficie, y en su desportillada boca
relucen en las horas de sol los ojillos de los verdes lagartos,
que buscan la vida, en la que fu _recmara_ de la muerte.

Sentado sobre aquel can, y rodeado de aquellos restos, supe pasaba
muchas horas el matand.

Las negruzcas ruinas del baluarte de Cotta, y su invlido can,
claramente demostraban que por all haba pasado la tea incendiaria de
la piratera morisca. Aquella muda, pero elocuente pgina de muerte
y destruccin, seguramente ocupaba un lugar importante en la leyenda
de la Virgen de las Angustias. Cul sera aquel? Hasta la fecha en
que escribo no he podido averiguarlo. [13]

En los das que estuve en Cotta, tuve ocasin de ver y apreciar lo
agradable que es una estancia en aquel precioso y saludable barrio
levantado al borde de dos ros, cuyas aguas se confunden en un mismo
desage antes de llegar  la barra, la que dista del embarcadero un
cuarto de hora.

En Cotta he pasado das cuyo recuerdo ser tan imperecedero en mi
memoria, como lo es en mi alma el cario que profeso  los que me
acompaaron en aquellos. Mis amigos, mejor dicho, mis hermanos Tamayo
y Belloc me han visto escribir en aquellas alegres soledades muchas
cuartillas de este libro.  Un frondoso tamarindo nos resguardaba
de los rayos del sol mientras Belloc estudiaba, Tamayo disecaba,
y yo escriba. All fuimos felices muchas horas, y ellos, lo mismo
que yo, es imposible olviden aquellas tibias tardes, entre aquella
naturaleza, que tiene en su cielo toda clase de colores, en su suelo
toda la variedad de plantas, y en su ambiente toda la diversidad
de aromas que Dios alienta en los _pulmones_ de las flores. Cotta,
como ya he dicho, es un barrio de Tayabas que necesariamente llegar
 ser pueblo. [14] Su proximidad al Estrecho, lo caudaloso de su ro,
y la benignidad y salud que se respira en sus aires, hacen que su
poblacin aumente de da en da. Los vecinos de Tayabas buscan este
barrio como lugar de convalecencia y recreo.

La riqueza de Cotta consiste en sus cocales, que puede asegurarse
son de los mejores y ms productivos del Archipilago. Los bayones
que tejen sus mujeres, la cera silvestre que producen las salvajes
abejas de sus bosques, y la gran variedad de pescados que recogen
las mallas de la red,  las entrelazadas celosas de los corrales,
completan los productos de Cotta, que dista como ya hemos dicho,
dos leguas y cuarto de la cabecera.



CHAPTER XII

CAPTULO XII.

Estancia en Tayabas.--El archivo del Gobierno.--Trabajos preparatorios
para girar una visita  la provincia.--Preliminares de quintas y
elecciones.--Andoy.--Laboriosidad y mutismo.--El 1. de Abril.--Salida
de Tayabas.--El ro Alitao.--Barrio de _Muntingbayan_.--Camino de
Tayabas  Sariaya.--El gobernador D. Jos Mara de la O.

Mi estancia en Tayabas se prolongaba mucho ms de lo que yo me propuse.

Dos aos largos haca que sal de Manila y resida en aquel
pueblo. Sus costumbres, su manera de ser, sus campos, su industria,
su agricultura, sus edificios, y hasta el nombre de sus habitantes
me eran conocidos. El archivo del Gobierno--que dicho sea de paso,
es de los ms ricos y ordenados que conozco--me fu franqueado,
y no haba estante, tabla, ni legajo, que no hubiese registrado
tomando luminosas notas y curiossimos apuntes de la provincia. Uno
de los das que me ocupaba con gran afn ayudado del bueno de Andoy,
oficial encargado del archivo, en la busca de un dato estadstico
que me faltaba, fu sorprendido por mi querido amigo el Alcalde.

Era  fines del mes de Marzo, y se tenan sobre la mesa todos los
trabajos preparatorios para verificarse en la provincia las quintas
y elecciones de gobernadorcillos y dems cargos del municipio.

Nada faltaba. Las listas de mozos sorteables, los reglamentos, las
actas, y cuanto haca falta lo tena Andoy perfectamente clasificado
y ordenado. No restaba ms que el Alcalde sealase da de salida para
formar los itinerarios, y avisar  los pueblos.

Al hablar de las oficinas del Gobierno de Tayabas, es imposible dejar
de consagrar un recuerdo  Andoy. Andoy est tan identificado con los
estantes del archivo, que estoy seguro morira de nostalgia el da que
se le separara de ellos. A su vista aprendi  escribir, y entre sus
legajos pas de la niez  la juventud, y de esta  la vejez. Ms de
treinta aos lleva manejando aquellas carpetas que jams han estado
empolvadas, merced al cuidado y cario con que son tratadas. Para
Andoy no hay ms all que su oficina, esta constituye su hogar,
sus goces y sus distracciones. La palabra maana aplicada al trabajo
le es desconocida, pues jams dej para _luego_ lo que debe hacerse
hoy. Andoy no habla, obra. Se le da una orden, y la cumple sin que
jams haga una observacin. Al entrar una persona en sus dominios la
mira por cima de sus dorados anteojos, contesta  los buenos das con
un movimiento de cabeza si le es desconocida, y con una dulce sonrisa
si es de su afecto, y despus de este ligersimo parntesis su cara
adquiere la severidad oficial de que est revestido, y contina su
trabajo est quien est en el despacho. Cuando se le habla, escucha;
y cuando concluye de escuchar, busca un papel, hojea una _Gaceta_
 abre un libro, y contesta con el texto, mas pocas  raras veces
con la lengua.

Despus de inspeccionar el Alcalde todos los trabajos y ver nada
faltaba, di orden de que el 1. de Abril saldra de Tayabas  las
cuatro de la tarde, con direccin  Sariaya.

Mientras Andoy extenda los oficios, mi buen amigo me invit  que le
acompaara en la visita de la provincia, invitacin que desde luego
acept con muchsimo gusto.

Ya haba odo que la salida sera  las cuatro de la tarde del da 1.
de Abril, y estbamos  28 de Marzo, de modo que no haba tiempo que
perder, pues demasiado saba que una vuelta  la provincia de Tayabas
requiere algunos preparativos, por ms que yendo con el jefe de la
provincia poco podra faltarnos.

Ocupado en registrar escopetas, hacer cartuchos, ordenar apuntes y dar
la ltima mano  las maletas, lleg la maana del da 1., y con ella
la animacin propia de un pueblo que rompe con su habitual monotona. A
las doce llegaron  caballo frente la casa real, el Gobernadorcillo
de Sariaya y principales que nos haban de acompaar. A las cuatro
en punto me ofreci el Alcalde un sitio en su coche, y precedido de
diez y seis cuadrilleros  caballo, armados de lanzas y seguidos de
ms de doscientos principales de Sariaya y Tayabas, emprendimos la
marcha  los acordes de la msica que nos despeda.

Dejamos la calle Real, y tan luego pasamos el amplio pretil del
convento, entramos en el slido puente que se levanta sobre el ro
Alitao. Este divide la poblacin con Muntingbayan, primer barrio
que se encuentra yendo  Sariaya y adonde va afluyendo el vecindario
de Tayabas. En dicho barrio, y  la derecha del camino se halla una
espaciosa capilla abandonada. La solidez de la obra, toda de magnficos
sillares y la amplitud de la nave nos hizo sentir el injustificado
estado en que se encuentra aquel edificio que  poca costa podra
habilitarse y drsele aplicacin.

El camino de Tayabas  Sariaya est en muy buen estado. A uno y otro
lado se ven magnficos cocales y extensos terrenos, tanto de secano
como de regado, perfectamente labrados para la siembra de palay.

El cultivo de la tierra mantiene cerca de ella  sus dueos que viven
en pintorescas y limpias casitas.

A ms del puente de Muntingbayan son muy notables y dignos de citarse
en este camino el de Isabel II, levantado sobre el ro Iyam--su primera
piedra la puso el inolvidable Gobernador, D. Jos Mara de la O., el 15
de Marzo de 1852, y la ltima el 6 de Julio del siguiente ao,--el de
Urbistondo sobre el ro _Malaoa_ y el de D. Francisco de Ass que une
las altas rocas entre las que corre el pintoresco cuce del tortuoso
y agreste _Domoit_. El puente de Urbistondo se termin el 31 de Julio
de 1854, y el de D. Francisco de Ass el 15 de Octubre del mismo ao,
habiendo entrado en la fbrica de aquel 10.651 sillares de piedra y
en la del ltimo 9.967, segn se lee en los datos que he recogido de
sus planos. Excuso decir, que tanto estas obras como la mayora de
las que se encuentran en la provincia, son hechas bajo la inmediata
direccin de los gobernadores con el empleo del trabajo comunal.

A los cuarenta y cinco minutos de marcha, dimos vista al bonito y
pintoresco pueblo de Sariaya, en cuyos _bantayanes_ nos esperaba la
msica, la que nos acompa hasta el Tribunal provisional.

El trayecto entre Tayabas y Sariaya es de 11 km.



CHAPTER XIII

CAPTULO XIII.

Sariaya.--Su situacin, lmites, historia, productos y estadstica.--La
iglesia y el convento.--Una modesta ctedra del saber, convertida
en un bullicioso templo de Terspcore.--La mujer de Sariaya.--La
_dalaga_.--El bosquejo, la caricatura y la fotografa.--Ms sobre las
hijas del pas.--Sistema de gobierno femenino.--Manda,  obedece?--La
india casada con europeo.--El _castila_ y el marido.--Valor de un
calificativo.--Los saludos y el alma de _Garibay_.--Episodio histrico.

El alegre y pintoresco pueblo de Sariaya, se encuentra entre la mar y
las estribaciones del San Cristbal. Confina con los pueblos de Tiaong
y Tayabas. Las brisas de la mar refrescan su atmsfera, y las brumas
que se forman en las crestas del San Cristbal, entoldan su cielo. Su
situacin, segn el padre Buceta, es la de 125 13' 40'' long. y 13
55' 26'' latitud. Tiene gran altura sobre el nivel del mar, que se
domina perfectamente,  pesar de distar su casero una legua y media.

Este pueblo es de gran antigedad, ignorndose la poca exacta de su
fundacin. Registrando archivos, se encuentra, en el de Reverendos
PP. Franciscanos, la tabla capitular ms antigua de su orden, que data
del 17 de Abril de 1599, en la que ya figura el nombre de Sariaya,
y el nombramiento del Padre Frey Miguel Linares, para su convento de
Santa Clara. Segn las crnicas de dicha orden,  el ao 1605, ya fuese
por escasez de Misioneros   ya por ser el pueblo demasiado pequeo,
qued agregado al de Tayabas permaneciendo as hasta el ao 1743,
desde cuya fecha existen datos exactos.

Los lmites jurisdiccionales de Sariaya, abarcan un dimetro de unas
cinco leguas en su mayor extensin, de terrenos llanos de pasto y
de labor. Se cosecha gran cantidad de arroz, caf, cacao, aceite y
trigo. Este ltimo es de grano pequeo y oscuro. El pan que se hace
de su harina es excelente.

La salubridad de Sariaya es buena, siendo de notar la diferencia de
temperatura que se advierte entre este pueblo y Tayabas. El paludismo
que tantas vctimas hace en este ltimo, apenas es conocido en aquel.

El casero de Sariaya es muy limpio, vindose  entre sus ligeras
construcciones de palma brava, caa, cabo negro y cogn, no pocas
de slidos y buenos materiales. El convento es muy espacioso,
aprecindose desde sus galeras un lindsimo paisaje. En su iglesia
se venera un crucifijo que, segn cuenta la tradicin, fu salvado
de las llamas  que redujeron los moros el pueblo de Sariaya, en
una de las muchas correras que verificaron en la costa de Tayabas
en el pasado siglo. El convento, es de bonito aspecto, cmodo y muy
proporcionado en su distribucin. La amplitud de su escalera da acceso
 una dilatada cada, que termina en una bonita azotea con vistas al
Banajao. La construccin de los dos salones que  derecha  izquierda
tiene la galera, revelan la arquitectura moderna,  y descubren en el
director de la obra un gusto nada comn. A primera vista, mas parece
la casa de un rico hacendado, que el asilo asctico de un misionero;
es verdad, que contribuye  ello, en primer trmino, la situacin
pintoresca en que se asienta, y los dilatados horizontes que domina.

Como edificios, son de citar  ms del anterior, la casa cuartel
de la Guardia civil, levantada  la margen del ro,--que lame con
su corriente los lmites del casero,--y la escuela, que se halla
en el centro de la plaza, y que sirve de tribunal en las grandes
solemnidades.

Los datos estadsticos que hemos podido reunir son los siguientes:
tiene Sariaya 50 cabeceras que componen 7.778 almas, de las que
tributan 4.462; hubo 281 defunciones, 103 casamientos y 245 bautizos;
se vacunaron 246 nios; asistieron  las escuelas por trmino medio
60  70; fueron sorteados para el servicio de las armas 357 mozos,
de los que correspondieron 8 soldados; en el juzgado se tramitaron
20 causas,  consecuencia de otros tantos delitos perpetrados en su
jurisdiccin, que la compone 48 barrios, bajo la vigilancia de otros
tantos caudillos; la fuerza pblica la forma un puesto de Guardia
civil al cargo de un oficial europeo, y 66 cuadrilleros, dependientes
del tribunal; la distancia  la cabecera, como ya hemos dicho, es de
poco ms de 11 km.

La noche que llegamos  Sariaya, hubo baile en el Tribunal, al que
concurrieron todas las dalagas adornadas con sus mejores galas. El
tipo de la mujer de Sariaya, es en su generalidad como el de toda la
provincia, indio puro. Sus facciones son muy acentuadas, si bien las
dulcifica la constante sonrisa de bondad que dibujan sus labios y el
meloso adormecimiento que retrata la negra pupila de sus ojos; son
muy inteligentes, y aunque su odo no conozca la significacin de la
palabra  espaola, sin embargo, sus ojos saben penetrar y traducir el
ms ligero deseo. Es verdad que la raza india tiene muy perfeccionado
el espritu de observacin. Nadie como ellos saben fotografiar en
una sola frase  un individuo, y nadie aplicar un calificativo,
una definicin  un mote.

Aquellos de mis lectores que conozcan el tagalo, les recomiendo que
si pasan por Tayabas, procuren sorprender una conversacin ntima
entre varias dalagas. Si estas se creen completamente solas, de
seguro pronunciarn conceptos altamente ingeniosos  la par que
poticos. Manejan con gran facilidad los metafricos giros y no
perdonan en su alegre chchara, persona, cosa  objeto que se presente
 la vista   la memoria. No hay intencin de herir y jams sus
dichos traspasan las negras fronteras de la calumnia. En una palabra,
hacen un bosquejo; en un gesto, un retrato; y en un movimiento,
una caricatura; se ren de su obra y de aqu no pasa.

La risa jams llega al sarcasmo y nunca fabrican en sus labios el
sucio barro en que modela la maledicencia sus asquerosos dolos.

La mujer de Filipinas, tiene muchsimo que estudiar. El que
verdaderamente la llega  comprender, es el que sabe apreciar cunto
vale. Para la generalidad, es un misterio el cmo muchos europeos
concluyen por estar completamente dominados por hijas del pas. Esto
se atribuye  debilidad en ellos y fuerza de carcter en ellas,
nosotros no lo creemos as; conocemos  varias de esas _despticas_
seoras,  que toda la fuerza que emplean en su _sistema_ de gobierno,
la basan precisamente en su misma humildad. Nada desarma tanto el
carcter, como la obediencia, como nadie est ms dispuesto  ser
dominado que quien lucha con una dulce sonrisa de resignacin. La
mujer india, casada con un europeo, jams dice _mi marido_, sino
_el castila_. En esta sola palabra establece la diferencia de raza y
retrata su propia humildad. Llega  su casa y al entregar el tpiz  la
criada,  buen seguro que no dir dnde est mi marido? y s dnde
est _el castila_?  los hijos de este, los llamar por sus nombres
 simplemente sus hijos; pero lo que es _el castila_ jams ser en
el hogar, ni Pepe, ni Juan, ni Andrs, sino siempre _el castila_. La
madre, en todas partes es la misma. La mujer, no en todas es igual.

Es de advertir que cuando en una casa viven varios europeos, los
criados no dan el nombre de _castila_ sino  aquel en quien reconocen
ms superioridad.

Un indio de pura raza que sirva, por ejemplo, en Malacaang, no
encontrar otra palabra ms grfica para nombrar al general que la
de _el castila_, todos los dems que lo rodean sern _D. Fulano,
D. Mengano_,  esto  aquello, pero el general ser siempre _el
castila_. Sale aquel criado del servicio de palacio y entra al de
alguno de los que llam _D. Fulano_  _D. Mengano,_ y si este vive
con otros ciento, que sean en posicin oficial menos pasar  ser
_el castila_, y los dems seguirn siendo _D. Mengano_  _D. Fulano_.

El mayor ttulo de respeto que puede dar el indio es el llamarle 
uno _el castila_, palabra que va aplicando en el escalafn de las
categoras.

Tan difcil sera convencer  un aragons de que haba ms duques que
el de la Victoria, como hacer comprender  un indio, tal como l lo
aplica y entiende, que _el castila_ es todo aquel que ha nacido bajo
la bandera espaola.

Con _el castila_ indio sucede lo que con los saludos. Ir veinte 
treinta caballeros honrados acompaando en Tayabas, por ejemplo,
al Alcalde, encontrar  quinientos indios, en el camino, y  buen
seguro que no oiris ni  uno solo emplear el _plural_ en sus
salutaciones. Se quitar el sombrero, se inclinar ante el Alcalde,
y solo dir _magandang hapon p,_  es decir, buenas tardes, seor. _El
Seor,_ en este caso, es _el castila_. Fuera del Alcalde todos los
acompaantes son para el indio otras tantas almas de _Garibay._

Hemos hecho la anterior digresin para que se comprenda el valor que
tiene _el castila_ pronunciado por la esposa india. Para recargar el
cuadro y hacer comprender el cario y respeto que tiene la mujer de
la provincia de Tayabas al espaol, voy  recordar un episodio que
presenci el ao 1874. Haba llegado el general Alaminos  Lucban,
y todas las dalagas se ocupaban en el tribunal de Tayabas en hacer
preparativos para recibir dignamente al primer magistrado de las
islas. Unas cosan banderolas y gallardetes, otras confeccionaban
adornos, aquellas limpiaban vajillas, no pocas arreglaban cortinas y
damascos,  y las ms daban la ltima mano  los trajes y galas que
haban de lucir. Todas trabajaban y todas hablaban. La impaciencia
era grande por saber cundo llegara el general. Esto por una parte,
y la rivalidad por otra que existe entre las de Lucban y Tayabas,
haca que la impaciencia de las ltimas subiese de punto, deseando
saber si podran  no sobrepujar  las primeras. Este era el tono
de todos los corrillos y de todas las conversaciones, hasta que,
por ltimo, para salir de dudas, se resolvi mandar  Lucban, de
riguroso _incgnito,_  una picaresca y lista mestiza, que era quien
las capitaneaba. La misin de la _embajadora_ se reduca  correr en
posta las dos leguas que separan  los dos pueblos, y una vez salvada
la distancia, averiguar, escudriar,  verlo todo y tomar nota de
cuanto se hiciese y se pensase. Hubo quien la dijo, en un rasgo de
verdadero valor--mira, si es preciso, habla al mismo general!--La
nia, que en honor  la verdad no es corta de genio,  mont  caballo,
y  los cincuenta minutos estaba en plenas funciones. Nada le qued por
ver, incluso al ilustre viajero. A las cuatro horas de haber salido
de Tayabas refren el caballo  la puerta de su Tribunal, en donde
esperaban en sesin permanente, no solo las dalagas, sino que tambin
las _oras_ graves. Taconeando como un hsar apareci la enviada en el
dintel. Su larga falda, toda llena de barro, no estaba tan mustia como
su cara. Todas la rodearon.--Qu hay?--murmuraron los labios.--Qu
no viene, que se vuelve desde Lucban!--dijo con voz desfallecida la
interrogada. Ni la inscripcin del festn de Baltasar, ni la rota de
Roncesvalles, ni la capitulacin de Sedn, produjeron tanto efecto
como el que originaron las anteriores palabras. Un silencio de muerte
invadi el saln, y las lgrimas se agolparon  los ojos. Viendo 
todas llorar, la capitana babae prorrumpi en una carcajada, al par
que las deca:--Vamos, muchachas, no hay tiempo que perder; maana
llegar  las once.--Qu soberano contar en sus crnicas que todo
un pueblo ha llorado ante la idea de no verle! Creemos que ninguno.

Los anteriores recuerdos nos los acentu el baile de Sariaya, en el que
vimos muchas de las dalagas que figuraron en el verdico episodio que
hemos narrado, encontrndose entre ellas la protagonista, que aquella
noche nos demostr que lo mismo sirve para correr la _posta_, que para
entonar un cadencioso _cundiman_,  bailar un caracterstico _balitao_.

A las dos de la madrugada concluy el baile.  las ocho de la maana,
segn la orden que di el Alcalde, deban verificarse las elecciones,
 las que Dios mediante, nos proponemos asistir.



CHAPTER XIV

CAPTULO XIV.

Quintas y elecciones en Sariaya.--Adorno del saln.--Las
_bangas_.--Los capitanes pasados, los cabezas reformados y los
cabezas en ejercicio.--Escrutinio de _canutos_.--Preparacin de una
eleccin.--Los muidores de all y los _camisas por fuera_ de por
ac.--Engranaje municipal.--El Gobernadorcillo, el Teniente mayor
y el Juez mayor.--Bambalinas y bastidores.--Votacin.--Forma de
hacerse.--Ternas.--Constitucin del municipio.--Las _principalas_,
de oficio.--El sorteo.--Manera de verificarse.--Fisonoma de un
da de quintas en Filipinas.--Los alrededores de un tribunal y el
interior de un hogar.--Deducciones y apreciaciones.--Lgica pura.--La
cena.--Despedida de Sariaya.--Un santo y un hombre honrado.

Exactos como cronmetro ingls nos encontramos  las siete de la
maana en el gran saln de la escuela, cuyo techo estaba revestido
de verde ramaje, formando una pintoresca bveda, de la que pendan
una gran variedad de frutos. Los huecos de las conchas y ventanas
cerraban colgaduras, banderolas, grmpolas y gallardetes. Una ancha
mesa, con un dorado sitial en el centro, y otra formando martillo
con aquella, provista de trece tinteros sujetando bajo su base
blancas cuartillas, se destacaban en el testero de la derecha. Dos
hileras de bancos corran por toda la extensin del saln, y frente
 la mesa presidencial, en el testero de la izquierda, se hacinaban
en otra mesa, cubierta de blanqusimo mantel, adornado de lazos y
bullones de colores, gran profusin de fiambres, pastas y dulces,
y no escaso nmero de botellas de vinos y cerveza. Sobre la mesa
presidencial campeaba una magnfica escribana de plata, y  derecha
 izquierda de aquella dos bangas, cuyas bocas las cerraba un papel
pegado con morisqueta. La mesa de la votacin con sus cuartillas, sus
trece tinteros, convenientemente separados, y las sillas que rodeaban
aquella, ms bien la semejaban  la de confeccin de un peridico
que  otra cosa, por ms que esa _cosa_ sea tan grave y trascendental
para el pueblo, como el nombramiento de su municipio. En este estado
son el tambor y tras este la msica y precedidos de _escuelas_,
principales y cuadrilleros, lleg el Alcalde acompaado del Cura y
de algunos otros espaoles. Ya todos en el saln, ces la msica,
y habl el Gobernador, traduciendo el intrprete en tagalo lo que
les dijo aquel en espaol. El discurso se reduca  prevenirles que
al llegar  las urnas, lo hicieran sin sujetarse  presin alguna,
obedeciendo solo  su conciencia y al bien del pueblo. El Alcalde
rompi los _parches_ que cubran las urnas, que eran unas tripudas y
relucientes _bangas, obras_ perfectas de alfarera, llamadas en aquel
da  contener dentro de su frgil barro la futura suerte del pueblo,
por ms que fuesen ms tarde relegadas al ltimo rincn del _sajig_
de la cocina, ocupando la morisqueta  el _atole_ aquellas _entraas_
de barro, que albergaron los nombres de tanto, y tanto cabeza de
... barangay.

Rota la cubierta de la banga que estaba  la derecha, vaci el Alcalde
su contenido, cayendo sobre la mesa unos pequeos canutitos de caa,
cuyos extremos enseaban el rollito de papel que contenan. En dichos
papelitos estaban inscritos los nombres de los capitanes pasados y
cabezas reformados,  sean aquellos individuos que teniendo todas
sus cuentas corrientes han pertenecido diez aos al municipio.

En la banga de la izquierda estaban los nombres de todos los _cabezas_
que en aquel entonces formaban la principala.

Mientras el Alcalde hace el escrutinio de _canutos_ que precede al
acto del sorteo, hagamos una pequea digresin y veamos los actos
que preparan una eleccin.

Me ro yo de todos los _muidores_ de por _all_, pues cranme mis
lectores, hay _camisa por fuera_ de por ac que les pueden dar, no digo
cruz y raya, sino un centenar de calvarios ms rayados que libro mayor
de comerciante chino. Los elementos que entran en Tayabas para toda
eleccin, son en primer trmino, el lechn asado y las damajuanas
de vino y anisado. Meses antes de la eleccin empiezan  moverse
los partidarios de los distintos candidatos, y estos por su parte
menudean las comilonas entre los votantes. Se hacen ofrecimientos, se
buscan influencias, se apalabran concesiones, se reanudan amistades,
se dirimen odios y todos marchan al objeto que se proponen. El cargo
de Gobernadorcillo y los de Teniente primero y Juez mayor son los
ms ambicionados, y no vindolo, no se concibe los resortes que se
mueven en ese complicadsimo engranaje municipal que empieza en
las altas prerogativas del Gobernadorcillo, y acaba en el amargo
servilismo del _tanor_ de tribunal. Un tribunal de Filipinas tiene
ms bambalinas, bastidores y telares que el mejor provisto teatro,
y hay Gobernadorcillo que se reira de _compasin_ al enterarse de
lo atrasados que en esta materia estn los anfitriones de Fornos. Si
ellos tuvieran _un Fornos_ qu no haran!

El Alcalde haba vuelto  sus respectivas bangas todos los canutos,
diciendo con voz solemne.--Seores, principia la eleccin:--Acto
continuo un nio de cinco  seis aos sac, uno por uno hasta seis
canutos de la banga de la derecha, y otro nio de aquella edad,
igual nmero de la izquierda, procediendo el Alcalde  desarrollar
los papelitos, leyendo los nombres de los doce votantes. En medio
de un religioso silencio se acercaron aquellos  la mesa, tomando
asiento en unin del Gobernadorcillo  en funciones, quin tiene voto
personalsimo. Armado cada cual de pluma y cuartilla, en la que con
anticipacin se ha puesto el encabezamiento, se llenan los huecos
estampando tres nombres, dos de libre eleccin del votante y uno
forzoso. Este uno, es el Gobernadorcillo en ejercicio que completa
la terna, figurando siempre en el ltimo lugar. Llenas las papeletas
se las presentan al Alcalde quien las lee en voz alta, procedindose
al escrutinio y formando  su vez con los dos que hayan reunido ms
votos y el Gobernadorcillo la terna que con informe documentado,
en el que se enlegajan las papeletas de la votacin, lo eleva al
Gobernador general, quien tiene el derecho de eleccin.

Concluda la votacin de Gobernadorcillo, fueron acercndose uno
 uno los trece votantes  la mesa presidencial, manifestando
verbalmente las candidaturas para los cargos de Teniente mayor,
que es el llamado  sustituir al Gobernadorcillo, en ausencia,
licencia  enfermedad; el Juez mayor, muncipe encargado del fomento
y mejora de la agricultura; el Juez de ganados  cuyo cargo est la
vigilancia de la matanza, ventas, transferencias y marcas de reses;
el Juez de caminos llamado  mantener en buen estado las carreteras,
puentes y dems obras fuera de poblado; el Juez de palmas cuya misin
estriba en la buena conservacin y fomento de los cocales; el Juez
de polica  cuyo cuidado est el ornato y aseo pblico, y el Juez
de aguas, por ltimo, que est en el deber de velar por las presas,
bambanes, encauces y cuanto se refiere  tubiganes y regados.

Concluda la eleccin, nuevamente son la msica, desaparecieron de
la mesa tinteros y cuartillas, sustituyndose con finos manteles de
_pia_, que bien pronto se cubrieron de manjares. Se almorz y acto
continuo se retir  descansar el Alcalde, habiendo antes prevenido,
que las quintas las hara  las cinco de la tarde.

Ni chiquillos de escuela en ausencia del maestro, armaran ms ruido
y batahola que la que armaron los concurrentes al Tribunal tan luego
desapareci el jefe de la provincia. Se coment la eleccin, se
murmur, se bebi, se comi, y, por ltimo, se bail. Es de advertir
que en la provincia de Tayabas, las _principalas_ asisten  la mayor
parte de los actos oficiales, no faltando nunca  las elecciones.

Ms de un indio se _traspuso_ ante los vapores del tinto; pero sin
consecuencias. La borrachera del indio es _sui generis_, propia y
peculiar suya. Generalmente no pierde el conocimiento, y rarsimas
veces le da la _juma_ por ser valiente y pendenciero.

A las cinco de la tarde se toc el tambor, yendo todas y todos en
dos filas  _sacar_ al Alcalde.

A los pocos minutos todo estaba listo para dar principio al sorteo. A
derecha  izquierda del Jefe de la provincia hay dos bangas; en la
primera, dice un papelito que tiene pegado: _Nombres de los mozos
solteros sorteables_. En el rtulo de la segunda, se lee: _Nmeros._
Tanto estos como aquellos, estn inscritos en tiritas de papel
enchufadas en pequeos canutos de caa. Al lado de cada banga hay
un nio.

Varios escribientes debidamente separados, tienen sus listas con
los nombres de los sorteados puestos por cabeceras, dispuestos
 poner  continuacin de cada uno de aquellos, el nmero que le
toque en suerte. Dos Auxiliares de Fomento son los llamados  sacar
de los canutos las papeletas, y dos individuos de la principala,
provistos cada cual de sus respectivos hilos encerados y enhebrados
esperan de pie detrs del silln presidencial. Todo estaba listo. A un
campanillazo y un _principia el sorteo--_ meti mano en la banga el
nio de la derecha, sac un canuto, el Auxiliar de Fomento desdobl
el papel, lo di al Alcalde y este ley:--_Cabecera,_ nmero _cual:
Fulanito de Tal_. Los escribientes buscaron en sus listas la cabecera
y apoyaron los puntos de la pluma al margen de _Fulanito de Tal_. El
nio de la banga de la izquierda, sac acto continuo su canutito,
se hizo lo mismo que con el anterior, y una vez ledo el nmero,
pasaron las papeletas  las agujas enhebrndose por el orden con
que van saliendo, en un hilo los nombres, y en el otro los nmeros,
de modo que, de resultar la ms ligera inexactitud en los cotejos,
los hilos son los llamados  resolverla. El sistema, como se ve,
no puede ser, ni ms exacto ni ms sencillo.

Mientras se leen nombres y nmeros, hagamos nosotros algunas
observaciones sobre las quintas en Filipinas.

Alrededor del tribunal, no veris esa multitud impaciente y anhelante,
que con gran zozobra espera oir su nombre. En el hogar, ni llora la
madre, ni reza la abuela, ni suspira la novia, ni calcula el padre. En
Filipinas nada de esto sucede, ni hay lgrimas, ni impaciencias,
ni temores, ni zozobras.

Las cercanas de un tribunal en da de quintas, presenta su fisonoma
habitual, y en el saln donde se verifican aquellas, estn todos,
menos los interesados. A qu obedece este indiferentismo? Tiene su
razn de ser,  es uno de los muchos fenmenos psicolgicos que se
dicen se operan en este pas? Estudiemos un poquito esta cuestin,
y se ver, que en esto, como en otras muchas cosas, hay su perfecta
lgica y su concluyente razn de ser. El temor del sorteado y de su
familia, crece en razn directa, al nmero de soldados que han de
sacarse,  las penalidades del cuartel, y  los riesgos ms  menos
probables. En Filipinas, la contribucin de sangre es escassima,
las fatigas del cuartel nulas, y los riesgos del soldado tan lejanos
que generalmente cumplen su tiempo, suponindoseles el valor. En el
ao 1875, entraron en suerte en la provincia de Tayabas _cinco mil
trece_ quintos, de los cuales, solo fueron  ser soldados _ochenta y
cinco_. Con estas cifras, no es lgica la falta de temor, y sin l,
la indiferencia? Lo es, mxime si se agrega que el soldado cumplido
al volver  su pueblo, cuenta la vida holgada del cuartel, y con
sus relaciones, aleja el temor de los quintos, que saben, que el
soldado viste bien, come mejor, tiene dinero, y vive con holgura y
poco trabajo. La paz, que gracias  la Providencia gozan las Islas,
aleja la zozobra de presenciar escenas de sangre y horrores. Despus
de lo anterior, es  no lgico, eso que se llama indiferentismo? Hay
en esto misterios? Creemos que no, y para concluir de robustecer esta
idea, y como prueba evidente de que el indio no es refractario al
servicio de las armas, diremos, que conocemos sustitutos que se han
comprado por _cuarenta pesos_. Esta es la mejor apologa que puede
hacerse del trato verdaderamente paternal que se da en estas colonias
al soldado.

Una vez que fu cosido el ltimo papelito, se prepar la cena, y tras
ella, el baile, que dur hasta las dos de la madrugada.

Antes de despedirnos de Sariaya, no podemos menos de citar dos
nombres. El Padre Juan Belln, y el _capitn Perto_. El primero,
es un santo, el segundo, un modelo de buenos Gobernadorcillos.



CHAPTER XV

CAPTULO XV.

De Sariaya  Tiaong.--Monotona del camino.--Diversidad del resto de la
provincia.--Panoramas.--El _Lagnas_.--Aguas minerales.--El ro Quiapo
y el Maasim.--Barrio de Maasim.--Su riqueza y necesidades.--Un indio
rico.--Apunte de una idea financiera.--Cambio de caballos.--Vista
de Tiaong.--Su situacin, lmites, historia, salubridad,
productos y estadstica.--Aspecto del pueblo.--Inclinaciones de sus
habitantes.--La resistencia pasiva.--Falta de edificios.--El consabido
baile.--Brillantes y sayas.--Paredes aprovechadas.--Camino de Tiaong
 Dolores.--Dolores.--Su historia.--Bellos paisajes y riqusimas
aguas.--Regreso  Tayabas en posta.

La jornada que habamos de hacer el da tres para ir al pueblo de
Tiaong era muy larga; as que se di orden de salir antes de que
alboreara.

A las cuatro de la madrugada todo estaba listo, ocupando  los pocos
minutos el carruaje que nos haba de conducir.

A la salida del pueblo dejamos un puente de piedra bastante bien
conservado, y entramos en una recta y espaciosa carretera.

El camino de Sariaya  Tiaong, difiere completamente del resto de los
que se encuentran en la localidad; verdad es que de la cabecera  aquel
pueblo, forma la provincia un saliente que hay que retornar cuando
se trata de dar  aquella la vuelta. El espacio que separa Tiaong 
Tayabas, no armoniza ni en su geologa ni en su industria, con el
total de los dems terrenos que componen la provincia. Riqusimos
pastos; dilatados cogonales; extensos manchones sin derivacin
alguna; profusin de _mangas, bongas_ y _madre-cacao;_ no escasos
plantos de palay en secano;  algn que otro caf, resguardado por la
sombra del _balete_  del _abac_; y de trecho en trecho, descarnados
_algodoneros_, en cuyas desnudas ramas acecha el aguilucho  arrulla el
bat-bat, es lo que se va encontrando en aquel camino cuya monotona,
regularidad y falta de accidentes hace interminable, mxime si se
recorre en poca de secas, en que los cascos de los caballos levantan
un polvo cernido muy molesto. En aquel camino no encontraris ni
cascadas, ni ros caudalosos, ni viva ni alegre vegetacin. La hoja
pierde su esmalte con el polvo que la cubre, y los ros en tiempo de
secas muestran sus descarnados lechos salpicados de las excrecencias
volcnicas que arrastran de las misteriosas grutas del San Cristbal.

Las aguas del Lagnas al cruzar el camino, en el que no tienen puente,
dejan gran cantidad de hierro y azufre, conteniendo principios
medicinales que han dado buen resultado  los que de ellas han
hecho uso, sobre todo en las afecciones de la piel. Vadeado el
ro Quiapo--que se encuentra  continuacin de Lagnas y cuyo vado
generalmente est seco--entramos en la jurisdiccin del rico y poblado
barrio de _Maasim_, por cuyas tierras corre el ro de su nombre.

El barrio de Maasim est llamado  ser pueblo en un plazo no muy
largo. Se encuentra en el comedio del camino de Sariaya  Tiaong, y
en la fecha en que escribimos, afluyen ricos propietarios que lo van
poblando de excelentes construcciones. El da que Maasim sea pueblo,
perdern gran nmero de tributos Tiaong y Sariaya, y as se explica
la oposicin que viene sostenindose para que no salga de su modesto
nombre de barrio.

En una buena y cmoda casa de Maasim, descansamos y mudamos
de caballos. El dueo de aquella, _Capitn Ciriaco,_ que saba
nuestro viaje, nos tena preparado un buen almuerzo, durante el
cual nos enteramos que aquel posea un capital inmenso consistente
en sementeras, cafetales y ganados, lo que comprendimos desde luego
al ver las dimensiones de sus tambobos, repletos de bayones de caf,
y cavanes de palay. Al apreciar toda aquella riqueza, y al calcular
la tierra que deba poseer para lograr tales cosechas, no pudimos
menos de reflexionar los pinges rendimientos que podra producirle al
Estado la introduccin de una mdica contribucin territorial. Capitn
Ciriaco y otros muchos que se encuentran en su caso, por no pagar,
ni aun pagan la prestacin personal, de la que estn exentos por
razn del cargo que ejercieron. Ligeramente apuntamos esta idea que
algn da quiz desarrollaremos, si Dios quiere, juntamente con otras
muchas que guardamos en cartera.

Puestos nuevamente en locomocin, merced  la fogosidad de dos
magnficos caballos que enganch Ciriaco, continuamos nuestro camino,
 una hora, en que no solamente molestaba el polvo, sino que tambin
un calor sofocante.

Sin nada que de citarse sea, y despus de cruzar el ro _Taguan_,
dimos vistas  Tiaong. En tres horas salvamos los 27,50 km. que
separan  Tiaong de Sariaya.

El pueblo de Tiaong, fu fundado  principios del siglo XVII.

Est situado en una llanura por la que corre el ro _Lalig_, cuyas
aguas baan las orillas del pueblo. Confina con Dolores, Sariaya y
San Pablo. Su clima es seco y mal sano. Tiene 52 cabeceras, 7.273
almas, tributando 4.722. Acaecieron 252 defunciones, 115 casamientos
y 310 bautizos. Se sortearon 335 mozos, de los que correspondieron
8 soldados.

Por trmino medio asistieron  las escuelas 50 nios, vacunndose
182. La jurisdiccin de Tiaong est  cargo de 18 caudillos,  y su
fuerza pblica la componen 38 cuadrilleros, y  ms un puesto de
Guardia civil, mandado por un teniente. La criminalidad de Tiaong da
un resultado desconsolador, pues se registraron 33 causas.

Los vecinos de Tiaong son muy insistentes en sus propsitos, siendo
muy apropiado el calificativo de _cavilosos_, con que los define el
indio de Tayabas.

El pueblo tiene un aspecto triste, la hierba crece en sus calles
y las _conchas_ y puertas de las casas permanecen casi todo el ao
cerradas, efecto de vivir la mayora de sus vecinos en las haciendas
 sementeras, de las que no salen sino en los das solemnes.

Edificios no tiene ninguno digno de citarse.  La iglesia est en obra
y el convento en completa ruina, estado en que permanecern  largo
tiempo, teniendo en cuenta la proverbial  resistencia pasiva del
natural de Tiaong, quien prestar pocos y tardos auxilios.

No hay Tribunal, y la escuela la constituye  un malsimo camarn. El
cuartel de la Guardia civil se levant  fuerza de excitaciones  y
_algo_ ms. En el centro de la plaza, campea una casa que cuando se
concluya ser magnfica, mas no podemos responder el cuando _brillar_
dicha magnificencia, pues por espacio de tres aos la vimos siempre
en el mismo estado.

Tiaong, es pueblo rico, cosechndose arroz en gran cantidad, que
llevan  los mercados  de Batangas; caf recogen en bastante nmero
de cabanes, cuya cosecha por lo general se compra por adelantado.

La pepita del _lumban_, que tanto llam la atencin en la ltima
Exposicin de Pars, deja un buen rendimiento. Se cultiva alguna
caa de azcar, cacao y abac. Es agricultor en primer trmino,
favorecindole  ello las dilatadas llanuras que comprende su
territorio, en el que se encuentra mucha y buena caza mayor y menor,
predominando en la primera, el venado y el jabal, y en la segunda
una rica y numerosa variedad de palomas. Pastos los posee excelentes,
crindose en ellos ganado vacuno y caballar.

La noche de nuestra llegada hubo su correspondiente baile en la
casa del Gobernadorcillo, y en ella vimos reflejarse la riqueza del
pueblo. Haba india que luca valiosas perlas y gruesos brillantes;
llamando sobre todo nuestra atencin, lo extremadamente largo de las
colas de sus ricas sayas.

Las quintas y elecciones se hicieron en el camarn que sirve de
escuela. Das antes habamos estado en Tiaong, y aquel _mismo_
modestsimo templo de la ley y de la ciencia, estaba convertido en
depsito de cadveres. Pocas, poqusimas paredes habr tan aprovechadas
como aquellas, pues por aprovechar, ni aun desperdician los remolinos
de polvo, que dan entrada, mas nunca salida, los irregulares agujeros
que empiezan en la puerta y concluyen en el tejado. Si en aquella
escuela se recoge tanta ciencia como basura, con el tiempo ser Tiaong
un pueblo de Snecas.

En las primeras horas de la maana del cuatro nos dirigimos 
Dolores. El camino  este pueblo puede recorrerse en carruaje, en
poca de secas, en la de aguas se pone intransitable. Hay en aquel
tres cuestas y un profundo barranco por el que corre un riachuelo,
cuyos pasos deben hacerse con precauciones.

De Tiaong  Dolores, hay 10 km. que hicimos en cinco cuartos de hora.

Dolores es un alegre pueblecito enclavado bajo la influencia del
Banajao, el San Cristbal y el Masalacot. Su fundacin es moderna,
datando del ao 1835. Ocupa el sitio que antiguamente se llamaba
_Hambuhan,_ y lo forman antiguos tributarios procedentes de Tiaong
y de sus vecinos pueblos de Batangas.

El nombre que se le puso  su creacin fu el de _Nuestra Seora de
los Dolores_.

La altura que ocupa y lo limpio de los horizontes que domina, descubren
pintorescos y bellsimos paisajes. Es muy sano y sus aguas contienen
sustancias altamente diurticas, efecto de venir muy batidas entre
campos en que crece la zarzaparrilla. Sus productos son los mismos que
los de Tiaong. Confina con este pueblo y con el de San Pablo. Lo forman
1.498 almas, de las que tributan 916 en 11 cabeceras. Sus defunciones
llegaron  49,  21 sus casamientos y  63 sus bautizos. Concurrieron
 las escuelas 20 nios y se vacunaron 19. Se sustanciaron 3 causas,
se sortearon 62 mozos, de los que se sacaron  2 soldados. Hay puesto
de Guardia civil al mando de un sargento europeo; compone su dotacin
de cuadrilleros 16 individuos y 6 el nmero de caudillos para vigilar
sus barrios.

Su Tribunal, lo mismo que la escuela, estn en casas particulares. La
iglesia, el convento y el cuartel, constituyen tres modestsimos
edificios.

En Dolores almorzamos despus de haber cumplido nuestra
misin. Regresamos  Tiaong aquella misma tarde, desde donde retornamos
 Tayabas,  cuyos _bantayanes_ llegamos  las diez de la noche,
habiendo aprovechado desde Dolores cuatro parejas de caballos,
distribudas en Tiaong, Maasim y Sariaya.

El da seis por la tarde debamos salir para dar la vuelta  la
provincia.



CHAPTER XVI

CAPTULO XVI.

De Tayabas  Pagbilao.--El _bantayan_.--Riqueza
de cocales.--Alambiques.--Aguardiente de coco.--Su
fabricacin.--_El mananguitero_.--El coco _mura_ y el
_macapun._--Crecientes y menguantes de la luna.--Aceite
de coco.--Forma de extraerlo.--Tubiganes.--Quebrada del
Maragoldon.--El Dumaca.--Puente.--Sistema para resguardar
los puentes de madera.--Pagbilao.--Su fundacin, lmites,
situacin, riqueza y estadstica.--El convento, la iglesia y las
escuelas.--Frey Manuel Rodrguez.--Importancia que tiene Pagbilao
y la que deba tener.--Conduccin de efectos.--Centralizacin de
poderes.--Observaciones y lgica de los nmeros.--Parfrasis de un
dicho de Montes.

En la tarde del seis salimos para Pagbilao, verdadero punto de partida
para el que se proponga dar la vuelta  la provincia.

_El bantayan_ que abre el camino para Pagbilao, es de mampostera y
en l se sita una guardia durante la noche. Dicho camino ya tiene el
carcter de los que predominan en la localidad, si bien su acentuacin
no es tan grande que no permita hacerlo en carruaje.

En el trayecto que media hasta una casa que se alza  la izquierda
del camino--y que nos dijeron llamarse del _capitn_ Basio,--cimbrean
 un lado y  otro magnficos cocales,  cuya sombra se ven algunos
camarines, bajo cuyas nipas humean los hornos de los alambiques. Estos
vierten en las tinajas gran cantidad de aguardiente, cuya fortaleza
flucta entre los 16 y 19. La tinaja de  veinticinco gantas de dicho
alcohol, se vende de 28  34 reales fuertes. Este aguardiente es el
resultado de la destilacin del jugo del coco, llamado _tuba_. A los
cocales que se dedican al aprovechamiento de la _tuba_ no les dejan
prosperar sus frutos, cortando al efecto _la espata_,  botn en que
nace el racimo, por cuyo corte destila un lquido ligeramente lechoso
que va depositndose en pequeos bombones de caa, que atan debajo de
aquellos. De rbol  rbol se suspende un rstico andamio, formado de
dos caas paralelas, por las que cada veinticuatro horas recorre el
_mananguitero_ todas las cimeras de las palmas. El _mananguitero_ lleva
colgado  la cintura el _cabuic_,  sea un cilindro hueco de madera,
en el que vaca los jugos que encuentra en cada coco. Una vez lleno
el _cabuic_, se vierte en tinajas, que tapan perfectamente con la hoja
verde del mismo coco, dejndolas en tal estado tres  cuatro das, en
los que fermenta la tuba. Hecha esta operacin, se somete aquella  la
destilacin de la alquitara  alambique, del que sale el aguardiente.

Al camarn en que est el alambique le llaman _fbrica,_ y esta exige
 su dueo una patente, que paga al Estado, y cuyo importe vara
segn la fuerza del aparato y de las arrobas que destile. Hasta ocho
arrobas, por cada veinticuatro horas, exige patente de 4. clase,
y esta lleva como condicin el no poderse hacer ventas al por mayor,
no teniendo en depsito ms cantidad que la que se destila por da,
ni operar ventas que excedan de una arroba.

Las faenas en que se ocupa el _mananguitero,_ no solo son muy duras,
sino que tambin expuestas, pereciendo todos los aos algunos de
ellos. Las palmas de Tayabas miden una gran altura, y como el paso de
copa  copa solo se hace con la ayuda de dos caas, de aqu el que
algunas veces se escurra y caiga el operario. Estas circunstancias
las aprovechan los que  tales trabajos se dedican, exigiendo crecidos
jornales, y sobre todo el _utang_,  sea el adelanto.

La tuba recin cogida es una bebida muy fresca y medicinal: en Tayabas
la toman los tsicos y disentricos.

Cuando  la _palma_ se la deja desarrollar el fruto, este presenta
las seales de madurez por un color amarillento. El coco verde,  sea
el _mura_, da una bebida muy agradable. El verdadero coco _mura_ es
aquel cuya carne no ha llegado  solidificarse en el interior de las
paredes  chiretas de la nuez. Hay una clase de estas nueces  cocos
muy especiales, llamados _macapun._ Este crece entre los otros, no
distinguindose ni el rbol que lo da ni el racimo en que se produce;
es de advertir que en un racimo en que hay 15  20 cocos, solo se
encuentra uno de aquella clase. Si se seala la palma que lo cri
y se registran los sucesivos frutos, no vuelve  encontrarse entre
ellos por lo general, lo que prueba un fenmeno forestal que aparece
y desaparece de una forma misteriosa. La propiedad del _macapun_
consiste en que la carne lo llena casi por completo, dndose la
particularidad--segn aseguran los mismos _mananguiteros_,--que esta
clase de nuez se llena en los altos plenilunios, quedando un pequeo
espacio en las crecientes y menguantes.

Del coco se extrae el aceite de su nombre, siendo el de Tayabas muy
estimado en el mercado. En el camino de Pagbilao se encuentran algunos
camarines de aceite. El sistema que tienen para extraerlo es todo
lo primitivo que puede imaginarse. Cogen fruto por fruto, y con el
bolo le quitan la corteza estoposa exterior, llamada _bonote_; rayan
sobre _bilaos_ de madera la carne, empleando para esta operacin una
cuchilla de cortas dimensiones y ligeramente curva,  fin de que pueda
trabajar en las paredes cncavas de la chireta. Una vez recogida toda
la carne, la descomposicin, el cocimiento y la prensa se encargan de
lo dems. Con tal sistema, las faenas de corte, rayado, cocimiento
y prensado son muy lentas y caras. Un buen molino en Tayabas dara
utilidad. Por trmino medio, se dan mil nueces para cada tinaja
de aceite.

En el camino de Tayabas  Pagbilao se hallan tambin riqusimos
tubiganes y buenos terrenos de pasto.

La quebrada de Maragoldon, que se encuentra  media legua de Tayabas,
es bellsima por los musgos y helechos que abrigan la pea. A la
bajada del desmonte se admira el magnfico puente de aquel nombre,
levantado sobre una profundsima sima, por la que corre el caudaloso
Dumac. Dicha obra es, sin duda, la mejor de la provincia, y por lo
tanto, digna de figurar entre las primeras de Filipinas. El puente
que nos ocupa se empez el ao 1841, siendo Gobernador el desgraciado
D. Joaqun Ortega, y se concluy en 1850. El nombre de Fr. Antonio
Mateus va ntimamente ligado con la historia de aquella construccin,
en la que es sabido aport dicho padre conocimientos, trabajo y
dinero. Recomendamos  los que vayan  Tayabas visiten aquella obra,
la que es fcil de inspeccionar, merced  una rampa que le da bajada
en una de las estribaciones.

A ms del anterior, se encuentra en dicho camino el llamado de _Mate_-,
que fu concludo el 15 de Diciembre de 1851, y otros cuatro ms,
de madera, resguardados con una montera de caa y nipa.

De Tayabas  Pagbilao hay 12,50 km., distancia que recorri nuestro
carruaje en hora y cuarto.

Pagbilao fu fundado  principios del siglo XVII en el sitio llamado
_Nayun_, cuyo nombre llev hasta que fu trasladado al que hoy
ocupa. Se encuentra prximo al Estrecho, en una pequea eminencia que
conduce al embarcadero del ro, que desagua en la mar  una media legua
corta. La salubridad de Pagbilao es buena y sus productos principales
son arroz, aceite, brea, bejucos y madera. Sus naturales tejen bayones
en bastante nmero.

La iglesia est bajo la advocacin de San Juan Bautista; es de buena
fbrica, lo mismo que el convento. En este pueblo se destacan dos
espaciosas y alegres construcciones, estas son las escuelas. Fueron
principiadas y concludas bajo la direccin de su prroco.

El natural de Pagbilao es flojo y aptico por lo general, habindose
dado el caso de que tuvimos que suspender la eleccin el da que
llegamos por no haber concurrido los votantes. Aquella se llev 
cabo en la maana del siete, sirviendo de Tribunal una de las escuelas
habilitadas al efecto.

Las obras del Tribunal estn presupuestadas, mas en las veces que se
han sacado  licitacin no concurrieron postores.

Pagbilao tiene 4.686 almas, de las que tributan 2.220 en
22 cabeceras. Nacieron 223, murieron 131, y se consumaron 53
casamientos. Mozos sorteados subieron al nmero de 163, de los que solo
1 fu al servicio. Asistieron  las escuelas 120 nios y se vacunaron
200. Su criminalidad est representada por 4 causas; su fuerza pblica
por 23 cuadrilleros, siendo vigilados sus barrios por 39 caudillos.

Pagbilao deba ser el punto de ms importancia de la provincia, y el
llamado  importar y exportar los productos de muchos de los pueblos
del interior. Una de las cosas que no comprendemos es el por qu las
conducciones de efectos estancados que se asignan  la provincia no se
llevan por Pagbilao. Los fletes son baratsimos, y en las licitaciones
lograra gran beneficio el Estado de hacerse all la conduccin.

Hoy se llevan los efectos  los almacenes de Pagsanjan, en la Laguna, y
de aqu  Lucban. El camino que media entre ambos pueblos es muy largo
y sobre todo penossimo, tanto que el contratista necesita destinar 
este servicio gran nmero de carabaos. Cada arroba de tabaco puesta en
la Administracin de Lucban, pasa por el gravamen de dos contratistas
uno que lo lleva  Pagsanjan y otro  Lucban, mientras que de hacerlo
directamente  Pagbilao y situar la Administracin de Hacienda en
Tayabas--que no sabemos haya razn en contrario,--repetimos sera
mucho ms econmico, pues en las dos leguas que median entre los dos
ltimos pueblos, puede utilizarse el carretn.

Las ventajas de la exportacin por dicho puerto la van comprendiendo
los naturales, saliendo peridicamente de aquel algunas embarcaciones
que hacen viajes  Manila.

Muchas economas podra hacer el Estado en el ramo de Hacienda;
pero para ello deban desaparecer las Administraciones de
provincias. Aquellas, quedando concentradas en la Casa Real y bajo
la gestin del Gobernador, no produciran los entorpecimientos,
complicaciones y gastos que hoy se originan. Para los que pregonan
las excelencias de la divisin de, poderes, [15] solo les diremos
que prcticamente se han visto los resultados de la centralizacin en
el cobro de rezagos. Provincias enteras haba que tenan cuantiosos
descubiertos de muchos aos atrs. Los dignsimos Jefes de Hacienda
haban depurado todos sus recursos y excitaciones cerca de sus
subalternos, y el final era _arrastres_ y ms _arrastres_ en los
cierres de cuentas. Lleg un da en que sin duda se trat de poner
 prueba la influencia de los Jefes de provincia, y al efecto se
les encomend aquel cobro, lo que dichas autoridades hicieron no
somos nosotros los llamados  decirlo: respondan los nmeros y los
resultados.

Para legislar hay que conocer las localidades, y muchas veces hemos
repetido, que el que crea conocer  Filipinas conociendo solo  Manila,
est en un grandsimo error.

Un da que un Gobernadorcillo lea uno de los muchos artculos que
sudaron la prensa de la capital, tratando de tan debatida cuestin
de _fallas_, le vimos sonreir picarescamente, le interrogamos, y en
buenas palabras nos hizo una parfrasis de aquel clebre dicho de
Montes; _de que las lecciones se dan  la cabeza del toro_.



CHAPTER XVII

CAPTULO XVII.

Las mareas.--El ro de Pagbilao.--El castellano
de _Tabangay._--Islita de Patayan.--Simn el
lazarino.--Capuluan.--Bajo Talusan.--Antiguas ruinas.--Las rocas
Bagobinas.--Laguimanoc.--Almuerzo.--Un astillero.--Ensenada de
Talusan.--Casero y bajo de Calutan.--Calilayan, barrio y Unisan,
pueblo.--Historia.--Ladia.--Castillo de Calilayan.--Sntesis
de dos civilizaciones.--D. Jos Barco.--Rumbo  Pitogo!--Bajo
Salincapo.--Cabulijan.--Pitogo.--Cacera de caimanes.--Un
bailujan, un collar de coral y una pregunta.--A los
botes!--Macalelong.--Su estadstica.--Catanauan.--Su presente y
su porvenir.--Mulanay.--Pastos y cogonales.--Monte Dumalong.--San
Narciso.--Seno de Ragay.--Guinayangan.--Unin de los mares.--El
Cabibijan.--Alunero.--Ro y pueblo de Calauag.--Lpez.--Su fundacin,
su estadstica.--Alto en Gumaca.

Despus de una larga discusin en que se oyeron varias opiniones
respecto  las mareas,--circunstancia muy de tener en cuenta antes de
embarcarse en Pagbilao,--se convino en que saliendo  la madrugada,
encontraramos agua bastante para el calado de nuestros botes, en el
seno y bajo de Talusan.

Podramos salvar este bajo, mas para ello, era preciso alejarse de
la costa y navegar por fuera de las islas de Patayan y Capuloan,
lo que no convena  nuestros clculos, no solo por el tiempo que
habamos de perder tomando tanta altura, sino tambin por lo inseguro
de nuestras pequeas embarcaciones.

Recomiendo  los que tengan que costear los _senos_ de Tayabas,
cuenten con las mareas antes de que se empuen los remos, pues es
muy fcil queden encallados entre medrporas y arenas si no aprecian
debidamente las subidas y bajadas de las aguas.

A la madrugada, como dejamos dicho, embarcamos en un ligero y espacioso
bote, propiedad de un honrado y laborioso comerciante, radicado en
Calilayan, que galantemente nos lo haba mandado. Acto seguido cayeron
en las aguas del ro de Pagbilao las seis palas de los remos. Con
la ayuda de estos, navegamos durante unos veinte minutos por aquel
caudaloso ro embovedado de verdes ramajes, A la banda de babor, y en
las cercanas del desage del estero de Tabangay, se alza un antiguo
torren, en el que se conserva un castellano llamado  vigilar aquella
parte del Estrecho, en el que entramos siguiendo el canal del ro.

Una vez tomada la competente altura, navegamos entre la costa de
Pagbilao que tenamos  estribor, y la islita de Patayan que cual un
canastillo de verdura se nos mostraba  babor.

En la playa de Patayan llam nuestra atencin una solitaria y alegre
casita que se divisaba entre un grupo de cocos. Preguntamos y nos
dijeron que en aquella viva haca algunos aos, un lazarino llamado
Simn, quien no sale del recinto de la isla y  quien sus parientes
llevan semanalmente los alimentos, dejndoselos en la playa. Dicho
lazarino, siempre que se le propona el mandarlo  un establecimiento
piadoso, rompa en lgrimas rogando no se le sacase de aquellas
soledades para l tan queridas.

Dejando la bocana del Maruhi--en la que se ven las ruinas de un
castillejo,--nos pusimos  la altura de la isla de Capuloan teniendo
siempre  estribor la costa. Aquella isla la divide el arenal de
Tulay-buhangin, cuyo arenal lo cubren las altas mareas formando un
canal que une  Capuloan con Lipata, islas que al bajar las aguas se
confunden en una.

Entre aquellas y la costa, se encuentra el bajo madreprico del
Talusan y los descarnados peascos llamados San Juan y Taliban.

Frente  aquellas islas desaguan el Parsabangon,--cuyo ro tiene un
vadeo por el que pasa el correo de Pagbilao  la contracosta,--el
Binajan, el Malicbing, el Palaspas, y el Hinguibin, cuyas bocanas
muestran al viajero las ruinas de los antiguos castillejos que las
defendieron contra las pirateras moras.

Al doblar el recodo del Hinguibin se entra en la resguardada concha
de Laguimanoc,--en la que avanzan cual dos vigilantes centinelas las
acantiladas y tajadas rocas Bagobinas. Estas se llamaron antiguamente
Lauig y Manoc, palabras tagalas que significan aguilucho y gallo. Al
crearse barrio en aquella ensenada, unieron las dos palabras formando
la de Laguimanoc, adonde atracamos  las dos horas de nuestra salida
de la barra de Pagbilao.

Laguimanoc, depende de Atimonan pueblo situado en la contracosta,
 sea en el Pacfico. De Laguimanoc  su matriz Atimonan, hay que
cruzar de costa  costa separada una de otra por un accidentado camino
de bosque, que mide por lo ms corto 18,50 km. Esta larga distancia y
lo penoso de salvarla, hace no comprendamos cmo no depende Laguimanoc
de Pagbilao, adonde es mucho ms corto y ms cmodo el llegar, bien
por agua,  bien por el camino de la playa.

El barrio de Laguimanoc lo forma un pequeo vecindario, compuesto
de madereros, carpinteros, constructores de barcos y acopiadores de
maderas. Dos eminencias cierran el anfiteatro, en el que se alzan
el astillero, un camarn que resguarda una sierra movida por el
vapor, y varias casas que se apoyan en la misma roca, en cuya cima y
estribaciones se reparten el resto de las que componen el barrio. En
aquel astillero se han construido magnficos barcos de alto porte,
habiendo sido el ltimo que se bot al agua el vapor _Paz_, propiedad
de los hermanos Alcntara. En aquella ensenada hacen carga de maderas
para China y Japn, gran nmero de barcos. En la fecha en que pasamos
por Laguimanoc haba dedicados  este negocio dos extranjeros, uno de
ellos, Mr. Broom, nos ofreci una cordial hospitalidad y un confortable
almuerzo, en las pocas horas que permanecimos en Laguimanoc. All
estuvimos hasta las tres de la tarde, en que nuevamente volvimos 
los botes para seguir  Calilayan, en donde debamos pernoctar.

Una fresca brisa de tierra nos permiti _dar_ vela en demanda de
Punta-Remo, extensa lengua de tierra que va  hundirse entre las
madrporas y arrecifes del Estrecho.

Una vez que la estrecha quilla de nuestro bote cort las aguas de
la ensenada del Talusan, notamos que el sondaje disminua hasta
el extremo de apreciarse los ms insignificantes detalles de las
preciosas y variadas algas, que destilan sus viscosos jugos sobre
las afiladas excrecencias que forman el bajo de Calutan. En aquella
ensenada desaguan gran nmero de ros y esteros, siendo de citarse los
llamados Pinanimdim, Yaue, Ipil y Cabuyao, cuyas corrientes prestan
un gran servicio  los madereros, arrastrando los trozos que cortan
en los bosques.

En la ensenada de Calutan, se conserva un castillejo habitado por un
guardin. Alrededor de aquel modesto baluarte, se agrupan unas cuantas
casitas que vienen  formar el barrio  que da nombre la ensenada;
aquel pertenece al pueblo de Atimonan.

A las seis de la tarde orzamos  estribor, cambiamos vela, y enfilamos
la bocana del ro Calilayan,  cuyas mrgenes se asienta la visita
de dicho nombre.

Calilayan cuando lo visitamos dependa de Pitogo, hoy es pueblo,
y en el superior decreto que mandaba su creacin, se vari aquel
nombre por el de Unisan.

Calilayan ya exista al descubrirse las tierras que componen la
provincia de Tayabas, por _Juan de Salcedo_, que, se cree fu el
primero que de ellas tom posesin en nombre de Castilla, al ir en
busca de las renombradas minas de oro de Camarines.

Aquel pueblo, segn antiguas tradiciones, debe su fundacin  Ladia,
hermana del cacique Maglansangan, sanguinario y desptico seor que por
largo tiempo impuso leyes en el Estrecho. A Ladia se la conoca por la
reina de Calilayan. En las negras pginas de las conmociones populares,
figura este nombre, que estuvo borrado por largo tiempo del nmero
de los pueblos, habiendo renacido ms tarde con el modesto de barrio.

El Tribunal de Calilayan lo compone un espacioso castillo de dos
cuerpos, resguardado con sus correspondientes aspilleras, por las
que asoman sus bocas dos inofensivos caones, mudos veteranos, que
difcilmente pueden mantener su actitud amenazadora, sostenindose
sobre las agorgojadas y apuntaladas paralelas de sus cureas.

En las corrodas masas de hierro del castillo y en los gallardetes
que ondean en los barcos que de continuo hacen carga en la ensenada
de Calilayan, se ve la sntesis de dos civilizaciones; la primera
est escrita  la rojiza tea de la morisma, la segunda registra sus
anales en las serenas y tranquilas regiones del trabajo. La piratera
qued encerrada para siempre en los ltimos picachos que sombrean
las candentes arenas del Archipilago de Jol, pudindose entregar
con toda tranquilidad  sus habituales faenas los pueblos playeros
que bordan el Estrecho de San Bernardino.

Calilayan es un centro maderero de gran importancia, y en su localidad
hay inteligentes maestros y fuertes y robustos hacheros, que dan al
comercio, con su duro trabajo, muchsimos miles de pies cbicos de
riqusimas maderas. En este pueblo hay establecidos algunos espaoles
dedicados exclusivamente  construir barcos y exportar maderas. Entre
los constructores est nuestro querido amigo D. Jos Barco, cuya
hospitalidad nos ofreci y gustosos aceptamos.

El 10, muy de madrugada, emprendimos rumbo  Pitogo. Entre este pueblo
y Calilayan se encuentra el temido bajo de Salincapo, y en uno de los
senos que abre la costa se halla el barrio de Cabulihan, dependiente
de Gumaca; rico pueblo que encontraremos en las playas del Pacfico.

A las tres horas de navegacin, aprovechando seis bogas, atracamos en
el rstico embarcadero de Pitogo. Este pueblecito se halla situado en
una prominencia que domina  un extenso y limpio horizonte. Las casas
ocupan la estribacin de la montaa, esparcindose hasta la misma
playa. Entre esta y las cspides de la prominencia, se levantan
el Tribunal, la iglesia y el convento. El primero y el ltimo,
son edificios slidos y espaciosos; en cuanto  la iglesia estaba
reconstruyndose. Un slido castillo, hoy rodeado de malezas, estuvo
llamado en otro tiempo  defender al pueblo contra los desembarcos
de los piratas joloanos. Dicho castillo se encuentra  un tiro de
fusil del Tribunal.

En los ros y mangles que rodean  Pitogo, viven caimanes de
extraordinarias proporciones. La cacera del caimn-- sea la
buaya, como le llama el indio--la verifican de una forma muy cmoda
y sencilla. Cuelgan de las ramas del mangle un poderoso anzuelo
revestido de un buen pedazo de carroa, que se mantiene  flor de agua;
de la argolla del anzuelo, parte,  ms del cabo que lo sostiene,
una extensa y gruesa mata de abac, cuyos hilos rematan en tres
 cuatro caas muy largas que fuertemente anudan. En lo alto del
mangle, atan un perro, cuyos ladridos bien pronto atraen al caimn;
este, tan luego se halla dentro de las fuertes emanaciones de la
carroa, fija en ella su voracidad, hundindose en el interior de
su descomunal boca, las afiladas barras del anzuelo. Este es corto,
de modo, que al hacer presa el caimn y cerrar la boca tropiezan sus
poderosos colmillos en la mazorca de abac, cuyas sueltas hebras se
le introducen en la unin de aquellos, haciendo imposible su rotura;
en tal estado, el animal se enfurece, hace esfuerzos supremos y rompe
la cuerda que sostena del mangle el anzuelo; mas esto le es imposible
hacer con la suelta madeja. Tan luego se pone el caimn en movimiento,
entran en juego las caas; y si anda, malo, y si nada, peor, puesto
que, la condicin fibrosa de la caa hace imposible su rotura, y en
la faena que el carnicero lagarto emplea para desprenderse de aquel
enemigo, concluye por rendirle el cansancio y la fatiga.

Pitogo, con su antigua visita de Calilayan, formaban 21 cabeceras,
 que correspondan 3.719 almas, tributando de ellas 2.006; hubo el ao
1875, 200 defunciones, 39 casamientos y 194 bautizos. Se sortearon 173
mozos, de los que se sacaron 2 soldados; se vacunaron 325; asistieron
 las escuelas 40. Se registraron 2 causas criminales, y se contaron
para el resguardo del pueblo, y de su visita, 16 cuadrilleros,
llamados  vigilar los 17 barrios que componan la jurisdiccin.

En la tarde, verific el Alcalde las quintas y elecciones. Por la
noche hubo su indispensable bailujan, en el que, hizo los honores con
gran desenvoltura una agraciada mestiza, llamada Mara, si bien ella
responda siempre por el nombre de _Angue_. De la conversacin que
tuve con Angue, deduje el estado primitivo de su espritu. En un rasgo
de verdadero orgullo hacia Pitogo y despus de haberme hecho notar
con infantil insistencia, los faroles de colores, los abullonados
coquillos, las sayas de las dalagas, los exiguos instrumentos de la
orquesta, y las gruesas y amarillas cuentas de un collar de mbar, que
descansaba en su amplio pecho, me pregunt con una alegre sonrisa si en
Espaa haba bailes mejores que aquel. Bien vala aquella pregunta una
inocente mentirilla, as que la contest con un negativo monoslabo,
con el que se qued la buena de Angue en la firme creencia de que en
toda la _redondez_ de la tierra no haba mas collares que el suyo,
ni ms faroles de colores que los de su pueblo.

A las doce de la noche termin el baile y cada cual tom el petate.

Pensando en la cara que pondra Angue al trasladarla de repente al
Teatro Real en una noche de baile, cerr los ojos y me qued dormido.

Muy de madrugada nos embarcamos en los botes, salvando en tres cuartos
de hora el trayecto que media entre Pitogo y Macalelong.

Macalelong, con su visita de Hingoso, lo componen 2.212 almas; tributan
1.182 en 15 cabeceras. Hubo 82 defunciones, 36 casamientos, y 121
bautizos. Se sortearon 77 mozos, de los que se sacaron 2 soldados. Se
vacunaron 140. Asistieron  las escuelas 60 nios de ambos sexos;
se sustanciaron 7 causas; y su fuerza de cuadrilleros ascenda al
nmero de 23.

Poco  nada que citarse hay en aquel pueblecito, cuyos habitantes
en su mayora viven en una indiferente apata, de la que no les
arrancan ni las necesidades ni las constantes excitaciones de la
autoridad. All fuimos asediados por un sinnmero de pobres, quienes
nos demandaban una limosna con destemplada y gangosa voz. Este pueblo,
lo mismo  que el anterior y los que encontraremos hasta llegar  Lpez,
estn  cargo de sacerdotes indgenas; en los dems de la provincia,
sus parroquias son administradas por frailes franciscanos.

Siguiendo la lnea de la playa, la que no habamos perdido desde
que salimos de Pagbilao, continuamos el da doce la navegacin en
demanda del pueblo de Catanauan. En esta travesa hay que ir provistos
de todo, no solo por lo larga y pesada, sino que tambin por las
peripecias  que da lugar lo inseguro de las imprevistas _tufadas_
que repentinamente suelen soplar.

Toda la playa est deshabitada, pues  excepcin de los pequeos
caseros de Cabuluan  Hingoso, apenas se ve alguna que otra miserable
choza.

Al doblar la punta Sandoval, y cuando ya llevbamos diez horas de
navegacin, nos pusimos  la vista de Catanauan.

Dicho pueblo lo componen 3.174 almas, de las que tributan 1.462 en
15 cabeceras. Hubo 68 defunciones, 129 bautizos y 41 casamientos. Se
sortearon 207 mozos,  los que correspondieron 3 soldados. Se vacunaron
122, asistieron  las escuelas 40 nios de ambos sexos, siendo 23 el
nmero de cuadrilleros.

Catanauan poco  poco va despertando de su indolencia, y tenemos la
seguridad de que tan luego se habite al trabajo, llegar  ser un
pueblo muy rico, dadas las condiciones de su territorio. Hoy corre la
triste y precaria suerte de sus colindantes. A Catanauan segua en
nuestro itinerario Mulanay, adonde puede llegarse en tres  cuatro
horas, utilizando una regular brisa  seis fuertes remeros. Este
pueblecito, con su visita de Bondo, lo forman 2.076 almas, de las
que tributan 1.216 en 13 cabeceras.

Los dilatadsimos campos que se encuentran entre Mulanay y Bondo son
susceptibles de mantener muchos miles de reses. Hay buenas piaras de
vacas, pero no llegan ni con mucho  las que pueden sustentar aquellas
riqusimas vegas refrescadas con las aguas de cientos de arroyuelos.

De Mulanay tenamos que cruzar al seno de Ragay, y para ello dejamos
la va martima, tomando la terrestre.

De aquel pueblo al de San Narciso empleamos todo el da catorce,
bien es verdad que dedicamos la maana  la caza del carabao cimarrn.

Para llegar  San Narciso hay que vadear un sinnmero de veces el
Dumalong, no siendo esto lo ms malo, y s el salvar las peligrosas
fragosidades del monte de aquel nombre. No hay que soar siquiera
en hacer este trayecto  caballo, y s en carabao  en hamaca. Hay
precipicios y fangosos barrancos, que nicamente la planta humana,
ayudada de la inteligencia  las condiciones especiales de la pezua 
instinto del carabao, pueden salvar. Para colmo de males se encuentra
tal profusin de pequeas sanguijuelas en el ramaje, en las puntas del
cogn y hasta en las hierbas, que no hay forma de evitar su sangrienta
voracidad. Vencidas las alturas del Dumalong, se interna el viajero
en un espeso bosque, y tras este se alegra su espritu ante la vista
de San Narciso, en donde podr hallar descanso su desvencijado cuerpo.

A San Narciso lo forman un casero levantado en el seno de Ragay. Aquel
lo habitan 1.375 almas, de las que tributan 990 en 9 cabeceras.

En San Narciso nuevamente volvimos  la mar, navegando por espacio
de doce horas en el seno de Ragay para encontrar  Guinayangan. Este
pueblecito con su visita de Piris, lo forman 7 cabeceras. Toda la
miseria en que hoy se consume, es indudable que en una poca ms
 menos lejana se trocar en riqueza y movimiento. Teniendo  la
vista un buen plano de la provincia de Tayabas, se comprende que
necesariamente est llamado Guinayangan  ser uno de los puntos
en que ha de arrancar la divisin de la isla de Luzn, ponindose
en comunicacin el gran Pacfico con el Estrecho que aprisiona las
revueltas ondas del mar de China. Guinayangan est situado en el seno
de Ragay, en el desage del ro Cabibijan. Las condiciones de este,
su caudalosa corriente, su gran anchura y su mucho fondo lo hacen
navegable. Dicho ro se interna en el istmo que separa el seno de
Ragay de el de Alabat; istmo que constituye el punto ms estrecho
de toda la isla de Luzn. Entre Guinayangan y Calauag est el ro
Cabibijan, que desagua como ya hemos dicho en el mar de China, y por
parte de Calauag se halla el ro de este nombre vertiendo sus aguas
en el seno de Alabat  sea en la gran baha de Lamn. Bien que se
eligiera el ro Calauag,  bien el de Vias que se encuentra algo ms
al Norte, la unin entre los dos ros sera trabajo de legua y media
 dos de canal, confundindose en este las ondas de ambos mares. Los
beneficios que esto reportara son incalculables, y repetimos que
abrigamos la firme creencia de que la unin ha de verificarse por
la va indicada, que es la misma que nosotros seguamos para llegar
 Calauag. De Guinayangan fuimos en banca contra corriente del ro
Cabibijan hasta el desembarcadero de Alunero; de aqu  caballo ms
de dos horas hasta encontrar las aguas del ro Calauag, y una vez
dentro de aquellas los remeros condujeron la banca  dicho pueblo.

Calauag lo mismo que Guinayangan, ms bien que pueblos son una
agrupacin de sucias y miserables casucas que difcilmente dan albergue
 su vecindario, compuesto de 9 cabeceras.

De Calauag  Lpez hay un regular camino, fcil de hacer 
caballo. Hasta dicho pueblo nuestra marcha fu muy acelerada,
deseando cuanto antes salir de aquellos lugares en los que nada
nuevo encontrbamos.

Lpez fu creado con la visita de Talolong, el ao 1857, siendo
Gobernador de la provincia D. Cndido Lpez Daz. Dicho pueblo lo
componen 5.432 almas, de las que tributan 2.892 en 30 cabeceras. Hubo
47 casamientos, 221 bautizos y 173 defunciones. Se sortearon 247 mozos
de los que fueron 3  ser soldados. Se vacunaron 147, asistieron  las
escuelas durante el ao 120 nios. Se sustanciaron 4 causas criminales,
ascendiendo sus cuadrilleros al nm. 99. A nuestro paso por Lpez se
estaba construyendo una iglesia, que  juzgar por la solidez de sus
cimientos y por las proporciones de su obra est llamada  ser una
de las primeras de Filipinas.

De Lpez  Gumaca el camino mejora notablemente, y una vez pasada la
balsa de Camuhangin apenas se pierde de vista la playa. Este camino
puede hacerse en tres  cuatro horas.



CHAPTER XVIII

CAPTULO XVIII.

Gumaca.--Su antigedad.--Su _situacin._--guilas
imperiales.--Castillos de Santa Mara, San Diego, San Sebastin
y San Miguel.--Estadstica.--Saqueo, incendio y peste.--Libros
cannicos.--Reminiscencias valencianas.--Una velada en las
ruinas.--Recuerdo glorioso.--Productos.--De Gumaca  Atimonan.--Una
madera incorruptible y un hongo fosforescente.--Kiosco en el
camino,--Grupos fantsticos.--Compaa no buscada.--Ninay.--Una
presentacin por medio de un cigarro.--El _Moro_ y el
Rosillo.--Atimonan.--Su historia, sus productos y su estadstica.--Un
bailujan, un regalo y una promesa.--El correo.

Gumaca es uno de los pueblos ms sanos y mejor situados de los que
baan las aguas del Pacfico en las costas de Tayabas. Su fundacin no
hemos podido comprobarla, debiendo ser muy antigua, puesto que ya se le
nombra en los registros de la Orden de San Francisco correspondientes
al ao 1582. En 1638 se traslad  la Silanga de la isla de Alabat,
volviendo  su antiguo sitio despus del incendio  que le redujeron
los holandeses en el ao 1665.

Gumaca debi ser muy combatido de las pirateras moras, teniendo en
cuenta la situacin que ocupa y los restos de defensas que an se
conservan. Una slida muralla corre por la playa, arrancando desde
el ro  que da nombre el pueblo. Sobre aquel se alza un puente de
madera, que comunica con el fuerte de Santa Mara. Encima de la puerta
del fuerte--que abre el camino que dirige  Atimonan--se conservan
toscamente grabadas sobre la piedra las guilas imperiales de la casa
de Austria, escudo que tambin se muestra en las ruinosas paredes
del Tribunal. La muralla cierra el pueblo por la parte que mira 
la mar con el castillo de San Diego. La construccin de este fuerte
revela una mano inteligente, y la solidez de su fbrica lo mantendr
en pie muchsimos aos. En su plataforma se guarda un pesado can de
hierro. Formando cuadriltero con aquellos fuertes, quedan restos de
los llamados San Sebastin y San Miguel. Entre estos haba una fuerte
empalizada de _molave_.

Gumaca tiene 7.137 almas; tributan 3.360 en 38 cabeceras. Hubo 151
defunciones, 88 casamientos y 273 bautizos. Se sortearon 330 mozos,
de los que se sacaron 4 soldados. Se vacunaron 431. Asistieron  las
escuelas 130 nios de ambos sexos; correspondieron  su territorio 5
causas criminales. Los cuadrilleros, llamados  vigilar los 19 barrios,
ascendan  38.

Entre los edificios de Gumaca, son dignos de visitarse la iglesia,
el convento y la escuela. El convento abre sus muros en una espaciosa
plaza, que limita la muralla. La iglesia es buena y espaciosa, lo
mismo que la escuela.

Gumaca ha pasado por un sinnmero de vicisitudes, no habiendo
respetado  su laborioso vecindario ni los horrores del saqueo, ni las
destructoras llamas del incendio, ni los estragos de la peste. Hojeando
los libros cannicos de defunciones de aquel pueblo, correspondientes
 los meses de Abril y Mayo del ao 1772, y fijndose en las pginas
que empiezan en el asiento 28, se ver el tristsimo cuadro de las
ms encarnizadas hecatombes que registra la historia de la viruela.

Examinando el antiguo Tribunal, los fuertes de San Diego y
Santa Mara, la muralla, las empalizadas y el capitel ojival que
resguarda la gran cisterna que provee de agua al pueblo, se viene en
perfecto conocimiento de que por all ha pasado una activa y buena
inteligencia. El piso alto del Tribunal est basado en arqueras,
terminando en azotea, construccin rarsima en Filipinas, que hace
recordar las casas de Alicante y Valencia.

En la plataforma del castillo de San Diego pasamos al lado del virtuoso
prroco Fray Mariano Granja, una alegre velada respirando las puras
emanaciones de las ondas del gran Pacfico.

Toda ruina tiene para nosotros un augusto misterio ante el cual bajamos
con respeto la frente. Las agrietadas aspilleras del castillo de San
Diego, son otras tantas pginas de nuestra gloriosa historia. Sobre
aquellos muros  haba ondeado la sacrosanta ensea de Castilla, en
una poca en que, si la tenue brisa de la cada de la tarde plegaba
sus paos en otros horizontes, los matinales cfiros acariciaban
sus colores enseando al primer rayo del sol los castillos y leones,
inseparables compaeros de su luz.

El castillo de San Diego debi prestar excelentes servicios, pues dada
la situacin de Gumaca necesitaba un avanzado centinela que precaviese
las sorpresas, fciles de llevar  cabo en aquellas playas, por la
circunstancia de interceptar la exploracin la extensa isla de Alabat.

Los principales productos de Gumaca son: el arroz, las maderas, la
brea y la cera. Caza hay mucha en sus bosques, y el poco cacao que
recoge es muy estimado.

En la tarde del veintiuno nos dirigimos al pueblo de Atimonan. El
camino que conduce  aquel, salvo ligeros trayectos, no se separa
de la playa. Los muchos ros y esteros que desaguan en el Pacfico
en toda la contra-costa de Tayabas, hacan que  cada paso tuvieran
nuestros caballos que vadear un arroyuelo,  hiciesen resonar bajo
sus duros cascos los fuertes ensambles de los veintinueve puentes
que encontramos. Aquellos son de madera, emplendose el molave para
los pilares. El molave es incorruptible  la accin del agua, como
impenetrable  la destruccin de los insectos. Hemos visto sacarse de
un fondo de fango, harigues de molave que haban permanecido entre
aquel ms de cien aos, sin que mostrasen seales de carcoma ni
podredumbre. En la demolicin de todo antiguo edificio en que haya
molave y caas, llama la atencin la conservacin de los primeros,
y las bellsimas fosforescencias que se desprenden de los _alimacmac_
en las segundas. El _alimacmac,_ es un pequeo hongo que nace en el
interior de la caa cuando es vieja y ha estado sometida por largo
tiempo  la accin de las aguas. La vejez ayudada de la humedad,
incuban en las paredes de la caa esa brillante excrecencia que
buscan las dalagas entre las ruinas, adornando con ellas su pelo y
sus relicarios.

Los aosos y entrelazados troncos de los _bacauan_ que forman los
mangles, constituyen una slida barrera que resguarda contra la
rompiente de las olas el camino de Atimonan. Si aquel se recorre de
noche, hay que ir despacio y con algunas precauciones, so pena de
exponerse  que se rompa el caballo una pata en alguno de los agujeros
que hacen los cangrejos, y de que est salpicado todo el terreno.

En la lnea que empieza la jurisdiccin de Atimonan, nos encontramos la
comitiva que sala  esperar al Alcalde. Las dalagas iban lujosamente
vestidas, montando ligeros caballos. El Gobernadorcillo de Atimonan
tena preparada bajo un bonito kiosko, una suculenta merienda. Lo
delicioso del lugar, las frescas brisas del Pacfico cuyas espumas
llegaban  nuestros pies, y la armona de la msica que se mezclaba
con el eterno y acompasado murmullo de las ondas, nos retuvo ms
tiempo del que debamos.

Montamos nuevamente  caballo al aproximarse el crepsculo, as que,
bien pronto nos envolvieron las sombras. El numeroso grupo que compona
nuestro acompaamiento presentaba un aspecto altamente fantstico. La
fosforescencia de la mar, los destellos de los _alitaptap_, y los
preciosos cambiantes de luz, que nos mandaba Sirio, la estrella
ms hermosa de los cielos, daban la bastante claridad para apreciar
conjuntos, ya que no detalles.

El camino era bastante estrecho, circunstancia  que haca marchsemos
de dos en dos. Varias veces levant la cabeza desde que dejamos
el kiosco y siempre encontr  mi lado una misma cara. Yo no
buscaba  Ninay, y sin embargo, constantemente estaba cerca de
m. Quieres fumar?--la dije,  la par que sacaba la petaca para
encender un cigarro.--Tu  cuidado,--me contest con esa habitual
franqueza de la india. Un cigarro, en todas partes del mundo es un
gran introductor; el que oprima entre sus labios Ninay, hizo tan
perfectamente la presentacin, que no se interrumpi entre nosotros
la conversacin hasta que llegamos  los bantayanes de Atimonan. Dos
horas fuimos hablando, y en ellas me cont Ninay, con una encantadora
naturalidad, una verdadera serie de superfluidades para m, pero que
constituan para ella un mundo. Me habl de su cocal, de la saya que
tena preparada para el baile, de la peineta de su amiga Chichay,
del _imbay_ del Moro y del Rosillo, y por ltimo de su novio. Moro
y Rosillo, se llamaban los caballos que montbamos, eran hermanos, y
siempre haban comido en una misma _tina_, estando en esto explicado,
el por qu al buscarse ellos, nos acercaban  nosotros. Al pronunciar
Ninay el nombre de su novio, no lo hizo balbuceando ni mucho menos,
aquel estaba ya admitido por sus _mayores_, y por lo tanto la _cosa_
era muy natural y corriente.

A las nueve de la noche entramos en Atimonan; de este  Gumaca hay
21,50 km.

Atimonan se llamaba en lo antiguo un llano que se extiende en una
ensenada de las costas de Lamon; y en aquel sitio se resguardaron
por los aos de 1635 los pocos seres que pudieron escapar de las
llamas de Cabullao, pueblo que fu reducido  cenizas por los piratas
moros. En dicha ensenada qued formado Atimonan el ao 1637, siendo
hoy el pueblo ms rico de la contra-costa de Tayabas. Su extenso
territorio, que abarca de costa  costa, produce preciosas maderas,
inmejorables resinas, cera, maz, caf, cacao, abac y aceite. Las
ceras de Atimonan son de una pureza y transparencia tal, que pocas
habr que las igualen. En la Exposicin de Filadelfia fueron premiadas,
y abrigamos la conviccin de que tambin lo sern en la prxima de
Pars, adonde sabemos se mandarn. Los tejidos de pia que hacen las
mujeres son muy buscados en el comercio.

La salubridad de Atimonan es buena, y aun cuando no se halla en la
misma playa, solo la separa el corto cuce de la desembocadura del ro,
 cuya margen derecha se levanta. El casero es bueno, destacndose
por la solidez de su fbrica, la iglesia y convento. Los muros de
estas obras tienen de doce  quince pies de espesor. El Tribunal lo
componen dos cuerpos, el uno antiguo y el otro moderno, en el ltimo
hay un saln de los ms grandes que hemos visto en Filipinas.

Atimonan tiene 8.790 almas, tributan 4.262 en las 46 cabeceras que
registra. Hubo 172 defunciones, 62 casamientos y 343 bautizos. Se
sortearon 475 mozos, de los que se sacaron 9 soldados. Se vacunaron,
234, asistiendo  las escuelas 160 nios de ambos sexos. Se
sustanciaren 2 causas criminales y su territorio est  cargo de 42
caudillos y 53 cuadrilleros.

A la noche siguiente  la de nuestra llegada  Atimonan, y terminadas
que fueron las quintas y elecciones, hubo el consabido baile, en el
que volv  reanudar la conversacin con Ninay: me hizo conocer  su
novio; y yo en pago de sus secretillos la d un anillito, en el que
estaba esmaltada una imagen de los Dolores, exigindola al drselo
que haba de ser el que usase el da que se casara.

Despus supe no haba olvidado mi deseo, y que alguna que otra vez
recordaba Ninay al _castila_ de las _balbas_, nombre con el que me
conocan en toda la contra-costa.

En Atimonan recibimos el correo, este sale de Tayabas con direccin
 Pagbilao los viernes; de aquel punto cruza toda la provincia,
yendo  Atimonan, y de aqu sigue por toda la contra-costa  buscar
 Calauad, para internarse despus en la provincia de Camarines,
y de aqu  Albay. La lnea de inspeccin del correo de Manila 
Albay termina en Tayabas; el conductor llega hasta este pueblo,
en donde espera, quedando la correspondencia  merced de Dios y del
servicio personal de los muchsimos pueblos que tiene que recorrer
hasta llegar  Albay. Sin balijas, sacos ni rganas, excuso decir 
mis lectores los deterioros y detrimentos por que pasarn los paquetes.

Para evitar gran calor, convinimos en hacer el trayecto, que separa
Atimonan de Mauban, de noche y por mar,  cuyo efecto se prepararon
bancas y barotos, quedando todo listo para embarcarnos  la cada de
la tarde.



CHAPTER XIX

CAPTULO XIX.

Navegacin en _baroto_.--Escasez de luz y abundancia de mosquitos.--Los
principios y los medios.--Horas interminables.--_Malayo
po_.--El monte Soledad.--Vista de Mauban.--Su historia,
estadstica y productos.--Episodio glorioso.--Don Simn de Anda
y los franciscanos.--Documento notable.--Setecientos quintales
de plata.--De Mauban  Lucban.--Caminos que hace el hombre y
arreglos que hacen las aguas. Vadeos, precipicios, quebradas y
desmontes.--El Balete.--Barrio de Sampaloc.--La hamaca.--Lgubres
semejanzas.--Descanso en Lucban.--Vuelta  Tayabas.

_Saben ustedes lo que es navegar en baroto?_

Si la contestacin es negativa no deseen hacerla afirmativa,
pues de seguro se arrepentirn. De Atimonan  Mauban puede irse
por _algo_, que algunos afirman que es vereda; pero el viajero que
llega  poner en ella su planta, se convence  costa de sus huesos
de que no hay tal _cosa_, sobre todo, en la parte que comprende el
escabroso monte Pitisang. Para evitar esto, y sobre todo las ocho 
diez horas  caballo que se invierte en la jornada, resolvimos dejar
la va terrestre y entrar en la martima.

El tiempo estaba algo revuelto, y el patrn del baroto trinc
perfectamente las amarras del _caran_, de modo que la parte habitada
de la embarcacin qued convertida en una especie de ratonera, en
que si bien escaseaba luz y aire, abundaban los mosquitos y las moscas.

A las seis vencimos la barra, balancendonos en el gran Pacfico;
orzamos para tomar rumbo, pero la vela se empeaba en no tomar viento,
empeo perfectamente justificado al ver los agujeros que tena su
triangular superficie y la poca gana de soplar que haba por arriba.

La postura que se busca en cualquier forma de locomocin es agradable
al principio, ms si la jornada es larga, antes de llegar  los
_medios_ aquella, no solo es molesta, sino que no hay ninguna que
satisfaga. El baroto no tena asientos, as que los que bamos
embanastados en su camareta tuvimos que hacerlos con mantas y
maletas. Durante la primera hora todo fu bien; fumamos, reimos y
hablamos de largo, mas poco  poco se nos _entr_ la noche por la
boca de la camareta, y las nuestras dejaron paulatinamente de moverse
y de chupar.

El montono crujir que produce toda vieja embarcacin; la uniformidad
del quejido de la onda al ser cortada por una lenta marcha; el
silencio de la noche y lo impenetrable de las sombras, traen al
espritu un sinnmero de fantasmas que pasan y se desvanecen en la
misma forma en que nacen; mas cuando esas fantasmas son _vistas_ por
unos ojos que pertenecen  un cuerpo que no encuentra postura buena,
que desea reposo y no lo halla, y que tiene sueo y le es imposible
conciliarlo, entonces entra un grandsimo malestar y las horas se
hacen interminables. La estrechez del baroto no permita echarnos,
obligndonos  conservar posturas irreconciliables con el descanso;
y no hay nada ms molesto que estar completamente rendido y falto
de sueo, y, sin embargo, no poder dormir. Cincuenta veces por
hora preguntamos al patrn si faltaba mucho, y siempre tuvimos por
contestacin su invariable _malayo  po._

Macilentos, escalofriados, somnolientos y doloridos, principiamos
 ver el cmo se retiraban las sombras  sus antros y el cmo la
aurora abra las puertas al da. El sol apareci en los cielos,
y nos mostr entre ligeras brumas el monte Soledad,  cuya falda se
asienta el pueblo de Mauban.

A las ocho de la maana llegamos  aquel. Catorce horas invertimos
en tan _deliciosa_ navegacin, de que me acordar mientras viva.

Mauban no se conoce cuando se fund. En los archivos se encuentra aquel
nombre figurando en los anales del ltimo tercio del siglo XVI. El ao
1600 se sabe fu su prroco el padre frey Fernando Moraga. Dicho pueblo
sufri varias traslaciones hasta el ao 1647, en que definitivamente
ocup el sitio en que hoy se halla. Se encuentra en la costa del
Pacfico frente  la isla de Alabat. Su clima es muy caluroso, si bien
las tardes y madrugadas son refrescadas por las brisas del mar. Mauban
tiene 9.039 almas, tributando en sus 48 cabeceras 4.274. Hubo 366
defunciones, 57 casamientos y 320 bautizos. Se sortearon 476 mozos,
 los que correspondieron 9 soldados. Se vacunaron 341. Asistieron
 las escuelas 160 nios. Se incoaron 9 causas, y el nmero de
cuadrilleros y de caudillos ascendan, los primeros al nmero de 43,
y de 29 los segundos.

Como edificios no hay ninguno digno de citarse, excepcin hecha de
la iglesia y el convento. Aquella es de una fuertsima construccin,
componiendo su torre cinco cuerpos.

Los productos principales son arroz, abac, caf, cacao y maderas. Las
mujeres tejen salacots y petates muy buscados. En la extensa
jurisdiccin de Mauban se cra mucha y buena caza.

El nombre de Mauban, representa un hecho histrico digno de
citarse. Habindose logrado sacar de Manila con grandes trabajos
y peligros durante la invasin inglesa, el Real Tesoro, aquellos
se aumentaron, estando en camino de la Pampanga, por haber dado el
enemigo con su pista; conociendo esta posicin el cauteloso D. Simn
de Anda, se dirigi al Provincial de los Franciscanos, que se hallaba
en Lucban, comisionndole para que de acuerdo con los conductores
del Tesoro, buscara forma para embarcarlo y salvarlo en uno de los
puertos de Tayabas.

El superior de la Orden, en vista de tan arriesgada comisin, eligi
para llevarla  cabo  Mauban,  cuyo cura prroco le dirigi la
siguiente carta, acreedora por todos conceptos de ser conocida. Dice
as:

A nuestro hermano Frey Francisco Rosado de Brozas, Predicador
ex-definidor, Guardin y Ministro de doctrina de nuestro convento de
Mauban, salud y paz en Nuestro Seor Jesucristo.

Hallndonos con este superior decreto que con la mayor veneracin
y rendimiento obedecemos; y siendo de nuestra obligacin el poner
todo nuestro desvelo y cuidado en el servicio de Nuestro Rey y Seor
natural, aunque sea  costa de nuestras vidas, manifestando el debido
vasallaje y lealtad de agradecidos hijos y afortunados vasallos
de un Rey y Seor, de cuya soberana mano viven tan reconocidas y
obligadas, nuestra serfica religin y apostlica provincia de San
Gregorio. Por tanto, teniendo satisfaccin de las prendas que en
V.C. concurren, mandamos  V.C. por santa obediencia, acompae,
ayude y sirva  conducir el Tesoro de S.M. (q.D.g.), segn que
dispusieran el Capitn de navo D. Jos de Acevedo y el maestre de
plata D. Jos Gngora: y  este efecto mandamos  V.C. disponga y
ave todas las embarcaciones servibles de todos nuestros conventos,
ya sean de esa costa, ya de la provincia de Camarines, sacando de
dichos conventos cuantas provisiones se juzguen necesarias para el
gasto y manutencin de la gente necesaria, hasta consumir lo que
los conventos tengan para su preciso mantenimiento. Y porque es muy
correspondiente  nuestro instituto y gratitud, el servir  nuestro
Soberano Monarca, con el desinters y celo,  que nos obligan tantas
leyes y respetos como sus leales vasallos, obligadsimos frailes
de San Francisco. Mando  V.C. por santa obediencia, que por ningn
concepto permita reciban nuestros conventos ni religiosos cosa alguna
por el servicio de embarcaciones, y recompensa de las provisiones
que suplan, y s solo se expresarn  continuacin de estas nuestras
letras, las embarcaciones con la nominacin de sus conventos; los
vveres que de estos se sacaren con expresin singular, y todo lo
dems que acredite el desempeo de nuestra obediencia al superior
decreto y servicio  Nuestro Soberano y al comn de la patria. Y
estas nuestras letras sern ledas  intimadas  nuestro hermano
Guardin de nuestro convento de Naga y Comisario provincial de la
provincia de Camarines, para que en su vista provea lo conveniente
y necesario  la expedicin del presente negocio, y concludo este
se nos devolvern originales con el Superior decreto que acompaa,
para presentarlo al superior Gobierno. Dadas en este nuestro convento
de San Lus obispo, del pueblo de Lucban, firmadas de nuestra mano,
selladas con el sello mayor de nuestro oficio y refrendadas de nuestro
Secretario en siete das del mes de Febrero de mil setecientos sesenta
y tres aos.--_Frey Roque de la Purificacin_, Ministro provincial.

La comisin cumpli su encargo, embarcando en Mauban, en 20 bancas y
1 pontn, el Real Tesoro, que pesaba unos 700 quintales. A los pocos
das se encontraba toda la plata en poder del justiciero y valiente
magistrado.

Dos das permanecimos en Mauban, y al terminar aquellos emprendimos
el camino de Lucban. La descripcin de dicho camino es imposible,
entre otras cosas, porque en muchos sitios no lo hay, y en otros las
torrenciales aguas lo modifican  su antojo entre aquellas accidentadas
y bruscas estribaciones. Vadeos, precipicios, quebradas, desmontes
y derrumbaderos es lo que se encuentre entre la balsa de Mauban y
la visita de Sampaloc, en donde termina el Balete,  sea el monte
que divide las jurisdicciones de Mauban y Lucban. Hasta Sampaloc
generalmente se emplea la hamaca, muchos van  caballo, pero es
peligroso y molesto por las continuas bajadas. Las hamacas de la
provincia de Tayabas consisten en dos bastidores de vara y media de
largos, y menos de una de anchos, divididos y sujetos por dos tablas
de narra, por las que pasa una larga y fuerte caa. Sobre el bastidor
superior se coloca el trapal, y el inferior es el llamado  sostener
al viajero. Entre bastidor y bastidor hay poco espacio, de forma
que no hay medio de sentarse, habiendo que permanecer echado todo el
tiempo que dure la jornada. La hamaca es llevada por 8  16 hombres,
en cuyos hombros se apoyan los salientes de la caa, que pasan por
el interior de la hamaca. Cuando llueve y hay que cerrar aquella,
dejando caer las faldetas de los trapales, se asemeja  un atad ms
que  otra cosa. Esta lgubre semejanza la han encontrado todos los
que por primera vez han viajado de tal forma.

Desde Sampaloc  Lucban el camino mejora notablemente, pudindose
emplear el caballo.

De Mauban  Lucban hay 25 km. En este ltimo pueblo descansamos un
par de das, al cabo de los cuales volvimos  pisar la casa Real
de Tayabas.



CHAPTER XX

CAPTULO XX.

Costumbres.--Aprobacin de actas.--Un Gobernadorcillo electo
paseando por Manila.--El sastre municipal.--Los faldones del frac,
el sombrero de copa, la camisa de chorreras y el bastn.--Vajilla,
lmparas y rancho.--Diez varas de glas y diez de gr.--Los
caballeros _utraques_.--Un lo, otro lo y un liito.--El campanario
del pueblo.--Vuelta al hogar.--Exhibicin de compras.--La saya de
la capitana.--La pagoda.--El 1. de Julio.--Juramento.--Misa de
vara.--Recuerdos de las bodas de Camacho.--Un chocolate serio y un
descarnado hueso.--La tenientela mayora y las juezas.--Amontonamiento
de alhajas.--Lectura del _Tadhana._--La coronacin.--El rigodn
oficial--Un borracho ante un apellido vascuence.--Fin de la fiesta
_aniyaya nang bayan_.

A los pocos das de llegar  la cabecera se recibieron en el Gobierno
aprobadas las actas de las elecciones en la forma que las haba
redactado el Alcalde.

Tan luego se hacen pblicos los nombramientos, todos los
Gobernadorcillos electos principian  echar cuentas, y por lo general
resuelven, en consejo de sus _mayores_, marchar   Manila.

Casi todas las provincias tienen su casa posada en la capital, en la
que no solamente viven los que de ellas van, sino que tambin reciben
noticias y servicios del casero, estos se convierten en ciceronis y
acompaantes de sus huspedes.

Sigamos  un Gobernadorcillo electo en Manila.

La primera diligencia es llamar al sastre _municipal_. Este se
presenta en la casa con un rollo de telas, hace su correspondiente
cortesa al _nefito_, le da la enhorabuena y _el que sea para
mucha felicidad del pueblo_, se sonren ambos, y acto seguido el
_maestro_ tira de regla, de jabn y de lpiz y cubica, mide y estira
al pobre muncipe que empieza  sudar al solo olor del reluciente
pao que ha de convertirse en los faldones de un frac. El frac es
tan indispensable para el Gobernadorcillo, como el sombrero de copa,
el bastn y la camisa de chorreras. El sombrero suele legarse y servir
en tres  cuatro bienios; la camisa lo mismo que el bastn podrn ser
_manufacturas_ de el pueblo, pero lo que es el frac necesariamente
ha de estrenarse y pasar por el corte de los sastres de Manila. Ni
durante la medida, ni en las pruebas, ni en la eleccin de pao habla
una palabra nuestro hombre, y se deja hacer, pues le basta y le sobra
con saber que el sastre que le sirve es el mismo que est encargado
hace aos de proveer  los Gobernadorcillos de Manila de trajes de
etiqueta. Un Gobernadorcillo de Manila para uno de provincias, es una
especie de amo y se da por satisfecho con solo ponrsele en parangn,
siquiera sea ante el recorte de dos varas de faldones.

El _Bazar Oriental_ y el almacn del _Vivac_ indispensablemente son
visitados. En el primero compra vajilla y lmparas, y en el segundo le
da vueltas y revueltas  latas y frascos, cuyos rtulos no entiende,
pero que no implica para que mande encajonar un buen provisto rancho.

Si el Gobernadorcillo es casado, una vez que se haya ocupado del frac,
del rancho, del menaje de casa, y algunas veces del sombrero de copa,
se acuerda de su muncipe mitad y muestra en mano acude en casa
de los _Catalanes_, en donde se provee de diez varas--ni una ms,
ni una menos,--de glas negro, y otras diez de un gr _rabioso_,
cruzado de anchas franjas ms rabiosas que el fondo  ser posible,
posibilidad que por lo comn no puede satisfacerse, por la sencilla
razn de que la capitana en ciernes encarga que la saya sea grana.

Hay una cosa que el Gobernadorcillo no compra en Manila; esta otra
cosa son las cucharas, tenedores y cuchillos, los que tiene todo indio
rico de tiempo inmemorial, por ms que no los use, sobre todo si su
riqueza no ha sido improvisada. Si su riqueza es moderna la plata de
dichos objetos estar ms reluciente que la de los primeros fundidos,
 no dudar, con los respetables y nunca bien ponderados _utraques_
de ambos mundos, legendarios _seores,_ cuyas _bruidas_ caras son
ms caras de ver en el da que la que est en Jan.

Empaquetadas todas las compras y atados cajones, maletas, _tampipis_,
cajitas, balutanes y el indispensable lio y otro lo y liito de ltima
hora, toma nuestro hombre el vapor, carromata, carabao  caballo que le
conduzca  su pueblo adonde es de _ene_ ha de llegar montado en algo.

Ni la mirada de Isabel I, al ver los castillos y leones ondeando por
primera vez en las almenadas torres de Granada, ni la de Napolen I
al admirar las pirmides, ni la de Lus XIV al mirarse  s mismo, al
decir que la Francia _era_ l, retrataron la intensidad que se verific
en la del capitn al divisar el campanario de la iglesia del pueblo,
cuyos destinos--hasta cierto punto--estaba llamado  regir y gobernar.

Una vez en su casa--que en breve ha de abandonar para vivir en el
Tribunal,--se desempaca lo comprado, que habr llegado custodiado
por un futuro muncipe de cuarto orden, que ha ido al servicio de el
que ser su jefe. Todos los parientes y amigos alaban el buen gusto
de las compras. Se coloca la vajilla en los aparadores, se cuelgan
lmparas, se descuelgan las sillas y sofs, que de ordinario las tiene
suspendidas en el techo, se clasifican, como Dios les da  entender
vinos y conservas, y se pone  pblica exhibicin la saya que ha de
lucir la capitana en la misa _nang varas_, y la que ha de ostentar
en el primer rigodn oficial de la fiesta de la _aniyaya nang bayan_.

El uso del frac es objeto de una serie de ensayos difciles de
enumerar, no habiendo espejo una legua  la redonda que no lo haya
reproducido, colgado por supuesto de los hombros del futuro jefe
del municipio.

En el reloj de los tiempos--pues en el del pueblo no poda ser, entre
otras razones, por no haberlo--dieron las tres de la tarde del 30
de Junio. A esta hora se sac del patio del Tribunal caas, ramaje,
flores y bejucos, y aqu amarro, all cuelgo y ms all adorno, se
improvis con la ayuda de unos 300 taos, una vistosa y engalanada
pagoda que fu conducida con gran bulla y algazara al frente de la
casa del que ser Gobernadorcillo. Esta pagoda es la insignia llamada
 dar  conocer  propios y extraos la casa del muncipe.

Como todo llega, amaneci el da 1. de Julio, y aqu te quiero
escopeta. Todas las caras estn ms rientes que la misma aurora que
las alumbra; todos los labios se agitan, y todas las manos se mueven.

A las ocho en punto se encuentra el hroe de la fiesta de _tiros_
largos, que juro  mis lectores que si por _tiros_ entendemos faldones,
la frase est perfectamente aplicada. A aquella hora son la msica
y aparecieron juntamente con ella, la principala, los que haban
de cesar y los que haban de posesionarse. A un sostenido redoble
sali el muncipe, y todos juntos y al comps de un paso doble, se
dirigieron  la Casa Real en la que juraron sus cargos ante el Alcalde,
los electos  quienes les hizo comprender en un pequeo discurso sus
deberes, despus de haberles entregado los bastones y bejuquillos,
smbolos de sus empleos. De la Casa Real van  la iglesia en la que
oran un breve rato; de all, dejan en su casa al Gobernadorcillo,
y cada cual va  la suya no sin haber antes aplazado la fiesta para
el prximo domingo.

El da de la posesin fu el jueves, de modo que poco haba que
aguardar.

El sbado por la tarde, todo estaba listo y dispuesto.

La misa de vara iba  celebrarse con toda la suntuosidad de quien
tiene gana de gastar y sendos doblones en el arca, grandes pilas de
palay en el _tambobo_, cientos de tinajas de coquillo y aceite en
los alambiques y bodegas, y no escaso nmero de lustrosas parenderas
en las _tanzas_. Para que un Gobernadorcillo  pueda cumplir con la
costumbre, ha de ser rico, y como ya sabemos que el indio por nada
prescinde de aquellas, de aqu, que aseguramos lo es.

Alumbr el domingo, y el primer rayo de luz que se desprendi de los
cielos, fu saludado con el estruendo de los _versos_, el volteo
de las campanas, el reventar de las bombas y los acordes de la
msica. Todo es animacin, todo risa, todo alegra. A la puerta del
Tribunal hay varias tinajas de aguardiente de coco, que gratuitamente
van trasegando los transentes. En los hornos se cuecen pastas, y
en las mesas de la cocina hay tal nmero de aves y tal cantidad de
tasajos de carne, que hacen recordar las bodas de Camacho. Ese da
come y bebe todo el pueblo  costa de su nuevo capitn. A las ocho en
punto empieza la misa de vara. Esta se celebra con toda solemnidad,
y una vez que echa su bendicin el sacerdote, sigue la saturnal que
ha de durar veinticuatro horas. Toda la principala en ejercicio, y
fuera de l, todos los capitanes pasados, cabezas reformados, vecinos
condecorados, jefes de cuadrilleros, caudillos, primognitos y cuantos
tienen, han tenido  esperan tener algn cargo municipal, se sientan
en la mesa del festn en esas veinticuatro horas. Se principia por un
chocolate _serio_ que preside el Alcalde acompaado de toda la colonia
espaola, y concluye con las heces del coquillo que apura el tanor,
y los ltimos huesos que roe el pretendiente  cuadrillero. Desde
el chocolate al hueso, desfilan en perfecto orden de categoras,
todos los que existen en el pueblo. Tan luego termina el chocolate,
que dicho sea de paso, est servido con acompaamiento de jamn,
queso,_potos, bibincas_ y toda clase de dulces y pastas ocupan la
mesa _las_ capitanas y dems _babais_ de representacin;  estas
suceden sus maridos siguiendo _las_ cabezang, principala y dems
gente menuda. La msica y el baile, no cesan ni un momento.

Concludo el primer refrigerio, se encierra la _Tenientela_ mayora
con las _Juezas_ y algunas _Cabezang_ de su confianza, en una de las
habitaciones del Tribunal, y confeccionan una corona, amontonando
sobre su varillaje todas las mejores alhajas del pueblo. Hemos visto
coronas de esta clase, formadas de anillos, pendientes, peinetas,
clavos y cadenas de un grandsimo valor. A ms de esta corona, se
adorna un bastn de mando, cuyos objetos una vez terminados, guarda
bajo llave la _Tenientela._

Mientras las _babais_ se ocupan en el adorno de la corona, el
capitn, rodeado de todo el pueblo oficial, dirige una alocucin
en la que desarrolla su futura forma de gobierno. Despus de esto,
lee el _tadhana_,  sea el bando. Cada Tribunal, conserva por lo
general en sus archivos su _tadhana_, que se lee no solo ante el
Municipio, sino que tambin se da publicidad  voz de pregn en plazas
y esquinas. Tengo entre mis papeles, algunos de dichos _tadhanas_;
todos ellos son curiossimos, y envuelven en su espritu, santos y
benficos principios.

Como muestra, traducimos del tagaloc el que omos publicar en Lucban,
cuyo original en forma de acta, lo guardo entre los autgrafos
curiosos. Dice as:

Dios, Supremo Hacedor de todas las cosas, cre el animal y el hombre
racional; en cuanto al animal lo perfeccion en todo, menos en la
razn, de que dot al hombre para que conociese  Dios, respetase 
los mayores en edad, dignidad y gobierno, ensease  sus hijos  no
daar  nadie, dar  cada uno lo que es suyo, y compartir con el pobre
lo que tuviese; mas todos estos santos principios se corrompieron,
desde que el hombre pec  su Dios; y he aqu por qu las tribus
eligieron rey; mas siendo imposible que este se encuentre en todos
los pueblos gobernados, cre Jueces para que lo representasen y por
uno de los cuales, hoy me tienen ustedes, seores, aunque indigno,
para interpretar la voluntad de los representantes del Rey, por
lo que y dentro de las atribuciones de un msero Gobernadorcillo,
vengo en decretar los artculos siguientes, seguro de que ustedes me
ayudarn en esta insignificante, pero difcil tarea.

Artculo 1. Que todos cumplan los santos preceptos de Dios, de la
Madre Iglesia y de sus mayores.

Art. 2. Que procuren no jurar, sino cuando se les exigiere en los
Tribunales de Justicia, acordndose al hacerlo que si lo verificasen
en falso, tendrn castigo en esta vida y en la otra.

Art. 3. Que oigan misa en los dias de domingo y fiestas de guardar.

Art. 4. Que respeten  los mayores y que estos hagan entrar  sus
hijos en las escuelas; hacindoles rezar  los solteros y solteras el
rosario en los sbados, y que no permitan los caudillos de los barrios,
permanezcan en las sementeras, los sexagenarios y las preadas.

Art. 5. Prevengo en este artculo el que no se deshonre al prjimo,
y que sus infractores sern remitidos al Juzgado.

Art. 6. Prevengo  los padres que no consientan que sus hijas traten
por largo tiempo con mancebos, ni reciban ddivas y servicios gratuitos
de los amorosos pretendientes.

Art. 7. Que no dejen de labrar tierras, alzar casas, sembrar palay
y rboles provechosos, y que los que tengan no empleen la usura,
acordndose de Dios y de que pueden dejar de tener.

Art. 8. Que los seductores se acuerden del mal que pueden originar,
y que pueden algn da convertirse en seducidos.

Art. 9. Que no infrinjan este precepto, pues que de su infraccin
nacen los malos deseos.

Art. 10. Que se retiren los vecinos del pueblo al toque de las diez
de la noche,  cuya hora deben quedar apagados todos los _calanes_
y encendidos los faroles de la calle.

Art. 11. Hago saber  los tributantes que al llegar los das de
trabajos cuarentenales, todos deben concurrir  ellos, pagando  su
tiempo su tributo y dems sagrados deberes.

Art. 12. Deben comprender todos los habitantes de este pueblo que el
trabajo y la limpieza son cosas que recomiendan los sagrados preceptos,
por lo tanto, debe empezarse el trabajo temprano, cuidando antes de
barrer y limpiar los alrededores de sus casas.

Art. 13. Los que deseen promover demandas dentro de mis atribuciones,
me encontrarn en el Tribunal  cualquier hora que me busquen. H
dicho.

A las cinco de la tarde ellas y ellos, llevando las primeras la corona
sobre una bandeja, van  buscar al prroco, y este con la comitiva
lo hace del Alcalde, dirigindose todos al Tribunal. El saln est
hecho un ascua de fuego. Donde quiera hay espacio para una colgadura,
flota un damasco; donde quiera hay lugar para fijar un clavo, luce
una mecha alimentada por aceite, petrleo, cera  esperma. Ya todos
en el saln, la capitana y su marido se arrodillan delante de un
altar provisional en el que se coloca la imagen,  cuya advocacin
est el pueblo; el Alcalde coge el bastn y el prroco la corona,
se pronuncia por el ltimo una oracin, se coloca sobre la cabeza de
la capitana la corona, se entrega el bastn al capitn, y repetidos
_vivas_ atruenan el Tribunal; suena la msica, se hacen disparos,
revientan bombas y cohetes, y en medio de esta alegra y algazara,
las dalagas cubren de flores  la capitana. Acto seguido empieza,
 mejor dicho se reanuda el baile, dando comienzo con un rigodn que
generalmente baila el jefe de la provincia con la capitana. A las doce
se cena, y  la madrugada se retiran los ms recalcitrantes haciendo
ms _eses que erres_ tiene un apellido vascuence.

A esta fiesta se la conoce con el nombre de _aniyaya nang bayan._
Antes de cerrar este captulo, bueno es que digamos, para que no se nos
tache por algunos de exagerados, que la fiesta que hemos descrito es
propia de las cabeceras  pueblos de primer orden y no de los pequeos,
en que no hay recursos ni elementos.



CHAPTER XXI

CAPTULO XXI.

Costumbres.--Fiestas.--El _bnyagan_--El _unang pag paligo_.--El
_diariuhan._.--El _labac, el pulong y la aniyaya._.--El _suizan_.--El
taido del _tambulic_.--Inspeccin del barrio.--La cama del
Juez mayor.--Cincuenta y dos das de bailujan.--El _buisan.--_
Los _pintacasis_.--Juntas y cabildeos.--Triunfo de la Liceria y
de la Chananay.--Alio de un teatro en Tayabas.--El cmico de la
legua.--Ojo con los empresarios!--Un da de buen comer.--Preparativos
de cuaresma.--_Lapasan_.--El vino en vaso y el coquillo en tabo.--El
_tapatan mang pasion._--_Moros_ y cristianos.--El sbado de gloria.--El
canto del gallo.--_Pascuhan_.--El _hatiran_.--Recuerdo de una pregunta.

A ms de las fiestas que dejamos descritas, existen otras muchsimas
en la provincia de Tayabas. La muerte proporciona diversiones, el
nacer tambin. El bautizo origina la fiesta llamada _bnyagan_. A
los siete das se baa la parida, y con este motivo se celebra el
_unang pag paligo_. Si el nio muere despus de recibir el agua, se
le coloca en una bandeja, se le rodea de flores y en vez de lgrimas
hay la fiesta del _diariuhan_.

Si en el hogar nacen un sinnmero de fiestas no nacen menos en un
Tribunal.

Nombrado un Cabeza de barangay no toma posesin de su cargo ni
asiento en la principala hasta el primer da de misa que sigue
 su aceptacin, y en el que espera en la sacrista, de donde lo
saca el Teniente mayor antes de principiar aquella, dndole asiento
en lugar preferente, y quedando desde aquel momento revestido de
toda la plenitud de su cargo. La primera misa que oye el Cabeza
origina la fiesta llamada _labac_. La primera junta que preside el
Gobernadorcillo crea el _pulong_. Cuando se propuso al Cabeza ya se
consum la _aniyaya_.

Las visitas  los barrios que hace el Juez mayor dan nombre  los
_suizan_.

Para llevar  cabo dichas visitas, aquel avisa al _matand sa
nayon_ ms viejo--cada barrio tiene tres--el da que ha de hacerla,
sealamiento, que da  conocer por medio del taido del tambuli,
que convoca  todos los vecinos. Una comisin de principales montados
en buenos y bien atalajados caballos, va  la casa para sacarle. Los
vecinos del barrio lo esperan en sus fronteras, y una vez en ellas,
lo llevan  una casa perfectamente adornada, en la que se nota un
especial detalle. El indio duerme en el suelo, pues bien, al Juez
mayor se le prepara en _alto_ una cama, en cuyo adorno emplean las
dalagas del barrio gran esmero.

Constituda la visita en el barrio, el Juez mayor, ayudado de otros
muncipes, inquiere, inspecciona y averigua los adelantos y mejoras
que se han llevado  cabo en el trascurso del ao. El Juez, lleva
para estos actos una caja que contiene las listas del estado del
barrio en la ltima visita, el _tadhana_  bando que le autoriza,
unas disciplinas y una palmeta, castigando con esta  las que se han
hecho acreedoras  imponiendo correctivo  los delincuentes con las
primeras. En estos castigos no hay nada de crueldad, y s solo, una
mortificacin al amor propio, por hacerse aquellos  la vista pblica.

La inspeccin del Juez mayor no se limita  la esfera material,
sino que tambin se extiende  indagar la moral de cada individuo.

Concludo el acto oficial da comienzo la fiesta del _suizan_, que
por lo general dura veinticuatro horas. Tayabas tiene cincuenta y dos
barrios, de modo, que los aficionados ya saben que estos catapsanes
dan un contingente de cincuenta y dos noches de jolgorio durante
el ao.

El _suizan_ es la verdadera fiesta del indio; en ella es donde hay
que buscarlo para encontrarlo tal cual es.

El _buisan_ es parecido al anterior, con la diferencia que en este el
Cabeza convoca  todos sus carolos  tributantes para un da dado,
 fin de rendir y ajustar los finiquitos de cuentas. El _buisan_
irroga algunos gastos al Cabeza, que sufraga la fiesta, ms tambin
le evita el tener que andar meses enteros  caza de sus tributantes.

Como cada barrio est bajo la advocacin de algn santo, excuso decir
 mis lectores que cuando el calendario seala sus nombres hay sus
correspondientes _pintacasis_.

En la fiesta en que realmente se echa el resto es en la del _pintacasi_
del pueblo. Meses antes del en que se celebra aquella principian
las juntas, los cabildeos, los proyectos y los preparativos. En el
Tribunal se somete  la sancin de la principala las opiniones que
prevalecen. La misa solemne de tres padres, con sermn, las msicas,
los globos, los bailes y los fuegos artificiales estn fuera de
discusin, pues siempre se cuenta con ellos. Donde se rie la verdadera
batalla, donde los _oradores_ esgrimen toda su argucia, es en si ha
de haber  no comedia. Una comedia en Manila se arregla en dos horas,
habiendo un socio capitalista que tenga en cartera _hasta_ un billete
de Banco de 10 pesos,  un crdito en plaza,  plazuela, de 20 pesetas;
capitales que, aunados con un _industrial_  que  la par de socio sea
cmico, cantante y bailarn, se concierta un programita. Esto, que es
tan fcil en Manila, en Tayabas constituye una empresa verdaderamente
piramidal,  y aun cuando los indios no conocen las colosales masas
de piedra del Egipto, sin embargo, recuerdan que la ltima comedia
que tuvieron haba costado una _derramita_ de  20 pesos, si no por
barba, por lo menos de bolsillo, y con tal recuerdo no es de extraar
que el asunto se debata, y hasta algunas veces se _arae._ Demos de
barato--por ms que  ellos les ha de salir algo caro--que los amantes
de la Chananay y la Liceria triunfen. Este triunfo representa tres
noches de comedia de magia, con cantos, bailes y gimnasia. La magia
y los turbantes son tan indispensables en toda comedia tagala, como
el llamar _simptica_  la Liceria, omisin que el da que la hiciera
un cajista de _cartel_, producira un _terremoto_ de bambalinas.

En Tayabas no hay teatro, por consiguiente, hay que hacerlo, y despus
de hecho _aliarlo_ para el caso, y el _caso_ tiene ms harigues y
bejucos de lo que parece. Entre el tablado y Manila hay nueve legitas
de monte--pero qu monte!--y  ms, el sorbito de agua que tiene la
laguna de Bay. La maquinaria, _atrezos_, vestuarios, telones y dems
tarantines hay que llevarlos  brazo, y los brazos son caros.

El cmico indio, cuando viaja por su cuenta, es muy sobrio en comidas,
bebidas y bagajes, pero cuando viaja  cuenta de un _pintacasi_ pide
billete de cmara, caballo que tenga _imbay_, merienda, paraguas por
si llueve, y sombrilla por si hace sol. Come como un saban, y bebe
como una cuba. Con estos antecedentes, excuso manifestar  mis lectores
que todo empresario de provincias lo primero que pide en el contrato
es que los _artistas_ han de ser trados, llevados comidos y bebidos
por cuenta de la principala. Si esta no tiene la amarga experiencia
que da la prctica y cae en tal contrato sin ponerle cortapisas, se ha
divertido. EL _artista_, cuando se convierte en cmico de la legua, se
transforma en un sr distinto de los dems, y si esto es  no cierto,
apelo  todas las principalas que han cado en el lazo que les tiende
un sutil empresario, desarrollando ante sus ojos un tremendo teln,
exhibiendo en almazarrn lo que promete dar en carne y hueso.

Pero en fin, la cosa es que generalmente se vota por la comedia,
y ms  menos cara la hay con gran contentamiento de miles de seres.

Las cosas ms insignificantes crean un da de jolgorio, de todo sacan
partido, y todos los actos de la vida los comienza el indio con unas
horas de placer.

En sus expansiones, buscan por lo regular las casas de sementeras;
en los pueblos se ahogan, y no se encuentran  sus anchas.

Cualquier convalecencia, satisfaccin, enhorabuena,  cumpleaos, da
pretexto  un _dadayo ang pagcain sa linang_,  sea da de buen comer
en el campo. A la vuelta de estas fiestas, las dalagas se adornan de
flores que con gran algazara cogen, combinan y deshojan por el camino.

Al aproximarse la cuaresma el indio de Tayabas se prepara  despedirse
de comer carne, con las fiestas de _lapasan_, las que siempre se
celebran en las sementeras. Si los que las dan son ricos, asiste
la msica; si no lo son, la guitarra, las voces y las palmas la
sustituyen. En los aristocrticos _lapasan_, se bailan habaneras y
rigodones, se cantan _trozos_ de ... cualquier cosa, y se bebe vino
de Europa en vaso: mientras que en los _lapasan_ tradicionales,
en los puros tagalos, se empina _coquillo_, se baila _cumintang_,
se canta  _cutang-cutang,_ se bebe en tabo, se come lechn, y por
todo mantel est el verde csped, por todo tenedor los cinco dedos,
y por todo pan sendas pelotas de morisqueta.

Para todas estas fiestas se construye de caas y ramaje un emparrado,
 cuya sombra se pasa el da.

Durante la cuaresma no se come carne, mas esto no obsta para que
continen las reuniones indias, sustituyendo en lugar de aquella
pescados y _gulays. El tapatan nang pasion,_ da origen  una cena. A
esta preceden costumbres altamente curiosas. Al intentarse que en
una casa se verifique un _tapatan nang pasion,_ acuden por la noche
frente  ella varios individuos vestidos de judos,--segn ellos
dicen--y simulan alguna de las escenas de la semana del dolor. Los
de afuera piden hospitalidad y descanso  los de adentro, cantando
la crudeza del tiempo, lo cansado de sus cuerpos y los sufrimientos
de su espritu, hasta que compadecidos los dueos de la casa abren
las puertas y una vez que judos, moros y cristianos fraternizan,
se canta la pasin y despus se cena.

Este solo cuadro de costumbres, podra llenar un libro. _El tapatan
nang pasion_ por s solo, da origen  una serie de reflexiones y
observaciones que ocuparan muchas cuartillas.

El sbado de gloria es animadsimo el ver por las calles de los pueblos
de la provincia de Tayabas,  chicos, grandes y mujeres. Todos van
provistos de bombones en que rebosa la sangre de cerdo,  la espuma
del coquillo, y ninguno deja de llevar tremendos tasajos de todas las
carnes comibles, conocidas en la localidad. A paso largo se dirigen
 sus respectivas sementeras, y  buen seguro que prueben un solo
bocado de carne hasta que la altura de la luna,  el canto del gallo
anuncie haber mediado la noche.

El nacimiento del domingo de gloria, tiene por _mantillas_ cientos
de pieles de otros tantos pobres animales inmolados ante el ara de
miles de famlicos dientes, que por espacio de cuarenta das han
estado soando con carne.

Los tres das de Pascua los celebran con el nombre del _pascuhan._

Para cerrar este captulo y hacer comprender el espritu bullanguero
y alegre del tayabense, voy  recordar cmo conoc una de sus fiestas.

Una tarde, que solitario, mustio y pensativo paseaba por la calle
del Bambn, llam mi atencin un alegre grupo acompaado de la
msica, que con gran algazara traa la misma direccin en que
yo marchaba. Acort el paso, levant los ojos de las espumosas
aguas que corren aprisionadas en el bambn, y la curiosidad hizo
me fijara en el grupo, llamando mi atencin una bandeja llevada
en manos de una dalaga. Los segu, y al ver entraban en una casa,
interrogu  uno de los acompaantes quien me dijo iban  tener un
_hatiran_. No comprendiendo la _cosa,_ me entr con ellos y vi que
la bandeja contena un pauelo rodeado de sampaguitas, campanillas y
calachuches. Pregunt, y me dijeron que aquel pauelo lo haba perdido
la duea de la casa, y una vez encontrado y averiguado de quin era,
se lo iban  devolver, no sin antes pagar el hallazgo con la fiesta
conocida con el nombre ya dicho.

Despus de leer estas pginas, y hacer presente  mis lectores que el
indio jams se aburre en sus fiestas, y que asiste  ellas con todo
el jbilo infantil de un colegial en da de asueto, no puedo menos
de recordar la pregunta que ya queda hecha. Es,  no, feliz Ambrosio?



CHAPTER XXII

CAPTULO XXII.

_La provincia de Tayabas  principios del presente siglo._

Registrando crnicas y archivos tuve la suerte de encontrar un
precioso manuscrito de principios de siglo, [16] obra del docto
religioso Fr. Bartolom Galn. Dicho manuscrito lo constituye una
extensa Memoria referente  la provincia de Tayabas, de cuya cabecera
fu Prroco muchos aos, y cuya Memoria no encuentro datos de que
se haya publicado, y hasta casi puedo asegurar que el ejemplar que
tengo  la vista, es el nico que existe. Por estas razones, por las
comparaciones que puede hacerse de su lectura, y por las curiosas
noticias que contiene, acerca de una provincia tan poco conocida,
me hace la dedique unas pginas de este libro. El manuscrito es de
grandes proporciones, as que he copilado y extractado lo que tiene
ms inters.

Hlo aqu:

El ramo principal de la riqueza de Tayabas es el arroz; desde las
hambres que hubo  consecuencia de la langosta que asol las islas,
los individuos de Tayabas, sin que nadie los dirigiese, mas que la
necesidad, hicieron los tubiganes  sementeras de regado, abriendo
cuantas tierras son susceptibles de este beneficio, con un trabajo
inmenso, que asombra  cuantos lo ven,  fin de coger dos cosechas
en diferentes estaciones. En el pueblo de Tayabas se cogern unos
130.000 cavanes de arroz; teniendo dicho pueblo 3.000 vecinos, y
gastando unos con otros, ajustando  cinco personas por vecino, 30
cavanes al ao,  sean 15 fanegas, le resta para vender 40.000 que 
razn de  6 reales cavan, importan 30.000 pesos. En algunos terrenos,
siembran trigo en pequea cantidad, de el que se cosechar unos 600
picos que venden  3 pesos, en los mercados de Santa Cruz. De maz,
se han hecho algunos ensayos: se coge mucho cacao y se cogiera ms,
si no fuera por lo que esta planta padece con los huracanes. La ganta,
 sea medio celemn colmado de cacao, se vende  3 pesos. Este ramo
de riqueza podra tener mucho incremento en Tayabas, si se apreciara y
diera  conocer en los mercados europeos, pues es seguro puede competir
con el de Caracas. El cacao que hoy produce, lo consumen en el pueblo,
tomndolo los indios en todos sus casamientos y dems fiestas. Tambin
hay mucho caf que se vende en los mercados de Batangas. Caadulce
se siembra muchsima en este pueblo, y se venden, ocho  diez por un
cuarto; del jugo no se hace azcar, pero s unas panochas llamadas
pacascs de que hacen gran consumo. El ajonjol se siembra, pero con
el solo objeto de hacer un poco de aceite, que el indio emplea en
frotaciones en todas sus enfermedades.

Frutas del pas, tales como pltanos, naranjitas, pias, mangas,
limones, lanzones, ates y granadas, hay con abundancia, como tambin
algunas berzas y races farinceas.

Tayabas apenas conoce la industria, en lo que respecta  tejidos, si
bien hay uno  dos telares. Por las mujeres se hacen muchos bayones,
petates y esteras de la hoja de una palma llamada bur: hacen bayones
llamados baluyot, que caben mas de 50 cavanes de arroz. De los petates
se sirven para enfardar y tambin para velas de sus embarcaciones.

Abundando en cocos este pueblo, es consiguiente haga aceite, mas
no lo extrae en la proporcin de las palmas que posee, por no tener
fcil salida, pues el llevarlo  Santa Cruz de la Laguna tiene cada
tinaja un recargo de ms de 6 reales. Este ramo dar al pueblo un
ingreso de 500 pesos. La profusin de cocos se debe  una ordenanza
que manda  los Alcaldes mayores hagan que los indios planten cocos
por escasear el bonote en Manila, para carenar las embarcaciones del
Rey. El valor de un pi de coco en lozana, con inclusin del terreno,
es el de un real. El ramo de industria ms til  este pueblo es el
de la cra de vacas; se criarn al ao unas 6.000 vendindose de 3
 4 pesos cabeza. La cra de caballos es corta.

Lucban coge unos 100.000 cavanes de arroz, siendo su principal
producto, el cual renta al pueblo unos 13.000 pesos anuales. Se
fabrican sombreros de las fibras del bur y el pandan que vale de
1  3 reales. Se tejen tambin petates que llaman bancuanes y hacen
cajas  tampipis de mayor  menor.

Tendr los mismos cocos que Tayabas, y su aceite lo lleva  vender
 Santa Cruz.

El comercio que Lucban tiene en grande es el expendio de arroz que
venden en Majayjay, Lilio y Nagcarlang, tres pueblos que apenas
lo cosechan y que los de Lucban buscan en Sariaya y Tiaong. La
ingratitud del terreno la suplen ventajosamente los vecinos de
Lucban con su industria y trabajo, pues aunque el natural de esta
provincia es laborioso, ninguno llega  aquellos; ellos van hasta
Mambulao  cambiar sus productos por oro; van  Polillo por balate,
concha y cera; en fin, son los chinos de la provincia, agenciando
con el comercio lo que les niega la naturaleza.

Sariaya posee un extenso trmino de terreno pinge y feraz, situado en
la ladera del monte Banajao. Su agricultura es la siembra de arroz,
no solo de secano, sino que mucho ms de regado, por consiguiente,
coge dos cosechas. A pesar de ser un pueblo de 1.200 vecinos, coge
tanto arroz como Tayabas, siendo de mejor calidad.

El Gobernador D. Jos Domnguez Samudio, sembr el ail, el cual
fructific muy bien en el barrio llamado Malabambang; el producto fu
excelente, habindose vendido el quintal  110 pesos. Tambin se dara
el algodn, pero sera necesario seguridad en venderlo y mquina para
despepitarlo. La cra de vacas y caballos compite con la de Tayabas.

El pueblo de Tiaong est al final de la provincia por el Poniente,
lindando con la de Batangas, por los pueblos de San Pablo y el Rosario,
y  pesar de tener mejor trmino y ms que Sariaya, no produce lo que
este. El principal rengln de su riqueza es el arroz, sin embargo de
que no hay tierras de regado. Coger al ao unos 20.000 cavanes,
que la mayor parte consumen los 600 vecinos de que se compone su
poblacin. Siembra algn trigo, ms no como el de Tayabas y Sariaya,
sino de grano ms pequeo, semejante al que se colecta en Batangas
acaso por participar ms del temperamento de esta misma provincia en
que son uniformes los tiempos de agua y sol y menos los fros.

Cuando la extinguida compaa de Filipinas empezaba, mand  Tiaong,
varios dependientes para que activasen la siembra del algodn, pero no
pudieron adelantar nada: la causa no fu otra que obligar  sembrar
 todos y no proveerlos de mquinas para limpiarlo. El ail se da
tambin en su territorio. Hay algn cacao, pero en corta cantidad,
y es lstima  la verdad, pues no solo es el mejor de la provincia,
sino acaso preferible al de Ceb.

Lindando el pueblo de Tiaong con la laguna de Bay, Batangas y Tayabas,
es la unin de todos los malhechores de las tres provincias, y aun
del partido de Cavite, cometiendo impunemente robos sin fin. Este
es el motivo por el que el vecindario ha tardado tanto en crecer,
 pesar de poseer un trmino grandsimo y excelente, pues hacia la
mar tiene un llano de 6 leguas, en el que cra unas 2.000 vacas.

Hay muchos venados en su trmino y algunos carabaos y caballos,
que continuamente son robados por los malhechores.

A pesar de lo antiguo que es Tiaong, no tiene ms que iglesia y casa
parroquial provisional.

El pueblo de Pagbilao tiene en la actualidad 300 vecinos; se fund con
200, y en un siglo solo ha aumentado en 100; es decir, que Tayabas
duplicar su vecindario en cuarenta aos, mientras que Pagbilao no
lo har en doscientos.

Los pueblos tienen ciertas cargas que llevadas por pocos, ni aun tienen
tiempo para cumplirlas. Pagbilao, por ejemplo, lo defienden cuatro
castillos que hay que guarnecer, y de los seis barangayes de que se
compone necesita dos para solo este servicio: agregese que la fbrica
de la iglesia y casa parroquial, por lo menos necesita otro barangay,
este ltimo servicio se hace sin detrimento de otros accidentales,
pero necesarios, como son el acopio de piedra, cal, maderas y caas;
de suerte que lo referido les ocupa ms de la mitad til del ao,
y esto sin contar con el ajuste de cngrua que se le da al prroco.

La agricultura de Pagbilao est circunscrita  la siembra del arroz,
del que coger unos 7.000 cavanes. Produce caf y cacao. Cra algunas
vacas, y sus naturales se dedican  la pesca, que venden en Tayabas
y Lucban. De la isla de Capuloan extraen brea blanca.

El pueblo de Macalelong, con su visita llamada  Pitogo, consta de
200 vecinos. Est situado en la mar del Sur,  unas 12 leguas de
Pagbilao, siguiendo para el Oriente, y puede asegurarse no tiene
ms agricultura que la de races indgenas de las islas, tales como
camote, bi y tugui, con las que pasan el ao, y cuando faltan echan
mano del corazn de la palma llamada bur; en una palabra, Macalelong
es un dechado, el ms propio, de la miseria y barbarie.

La visita de Pitogo est  una legua de su matriz, pero su vecindario
es ms laborioso. Est situada en un cerro que arranca desde la orilla
de la mar. Tiene dos ros caudalosos  ambos lados de la poblacin,
resguardados por dos castillejos.

Si no fuera por la obligacin de pagar el tributo, no tendran ninguna
industria estos pueblos, mas aquella les hace ir al monte  coger cera,
que venden  25 pesos quintal, en Gumaca y Atimonan.

El pueblo de Catanauan tiene magnficas condiciones para ser rico, y
sin embargo es de los ms miserables. Se cra todo con gran lozana,
sin ms trabajo que el sembrarlo, y  pesar de esto y poseer muchos
carabaos aradores, solo cultiva unos pedacitos de tierra inmediatos 
la poblacin, de suerte que teniendo 360 tributos, solo cosecha unos
3.000 cavanes de arroz, proveyndose del resto para su manutencin
en las provincias de Cpiz, Iloilo y Antique, que se lo dan  cambio
de brea, con la que tambin sufragan su tributo, pagndoles el Estado
el quintal, puesto en la cotta de la cabecera,  10 reales.

El pueblo de Catanauan es muy vicioso, dominndole el juego, y el
natural que se envicia deja desde aquel momento cuantos medios conoca
para buscar dinero; varias causas, largas de referir, han infludo
para este mal, y se juega con tanto descaro, que se convoca  toque
de tambor siempre que hay embarcaciones  gentes de fuera. Cortado
este vicio, se dedicaran  la labranza, en atencin  que solo les
falta el tiempo que invierten en el juego; carabaos y tierra les
sobra. Las vacas que se cran en la jurisdiccin de Catanauan son de
las ms grandes que hay en Filipinas.

Lo mismo que en Catanauan acaece en Mulanay, pueblo de 200 vecinos, que
viven con el producto de la brea, con la que pagan el tributo. Este
pueblo est  unas 2 leguas de Catanauan, siguiendo la costa al
Oriente, hacia Punta Arenas. Tiene una visita llamada Bondo, en la que
no solamente se utiliza la brea, sino que hacen tapa de los carabaos
cimarrones, vendiendo el pico  4 pesos.

Torciendo la punta que forma la tierra que avanza ms al Sur, y que
se extiende entre Pinagbotongan y Punta de Arenas, dirigindose al
Nordeste,  2 leguas de la dicha punta, se halla el pueblo de Obuyon,
al cual rodean sus visitas de Tinapo, Piris y Niyasas, con las que
compone un total de vecindario de 180 tributos. Este pueblo y visitas
son, si cabe, ms miserables que Catanauan y Mulanay: como estn en
el seno de Ragay y jams se hacen en l el corso, andan los moros
con la misma satisfaccin que si estuviesen en Mindanao.

El pueblo de Guinayangan, situado en lo ltimo del seno de Ragay, al
Poniente de Camarines, de donde dista unas 10 leguas, es el ltimo
por all de la provincia de Tayabas. Solo tiene 100 vecinos que se
mantienen la mayor parte del ao de races. Cogen algn balate y cera
silvestre, pero todo en corta cantidad, que los dos Cabezas jams
pueden cubrir  tiempo la capitacin.

Los pueblecitos de Calauang y su agregado Apat, se encuentran en la
mar del Norte, lindando con Camarines por el pueblo de Capalongan,
del que dista unas 10 leguas. Ambos pueblos, tienen un vecindario de
unos 80 tributos, cuyas cargas las sufragan con el carey, balate y
cera, que venden en los pueblos inmediatos.

En las cercanas de Apat, es donde se estrecha ms la isla de
Luzn, pues de la mar del Norte,  un ro bastante caudaloso llamado
Cabibijan, que desemboca en la mar del Sur, no hay ms distancia que
2 leguas de terreno llano. Siendo Alcalde mayor de Tayabas D. Jos
Domnguez Samudio, pas por tierra  dicha mar del Norte, dos falas
de diez y ocho remos, operacin que no hubiera sido posible llevar 
cabo no siendo el terreno llano. Si se abriere este corto trayecto,
se establecera comunicacin entre el mar Pacfico y el Estrecho de San
Bernardino, y los beneficios que esto irrogara seran incalculables.

Gumaca es el primer pueblo viniendo de la mar del Norte; est situado
al comienzo del gran seno que forma la tierra firme de Luzn, con las
islas de Alabat y Sangirn, de las que est al Sur. Su agricultura
principal es el arroz, del que coger unos 30.000 cavanes, incluyendo
lo que se cosecha en su visita de Talolon. Su vecindario consta de
1.350 tributos. En Talolon se cosechaba excelente pimienta, ramo de
agricultura que se va extinguiendo. Se produce cacao, caf, frutas
y verduras. Se tejen petates del bur, y algunos vecinos se dedican
 la pesca del balate y concha de carey, en la isla de Alabat, y
cogen alguna cera en sus montes. Este pueblo es el que extiende ms
su navegacin: embarca en sus _balasianes_, sal, petates, vinagre,
aceite y algunas ropas, y llegan hasta la cabecera de Naga, en que
hacen cambios por oro en polvo de las minas de Paracale y Mambulao.

Atimonan, est  unas 3 leguas de Gumaca, siguiendo la misma costa
hacia Poniente y tanto un pueblo como otro, extienden su territorio de
mar  mar, teniendo en lo ms estrecho 4 leguas, y 8 en lo ms ancho,
de terrenos altamente montuosos, por lo que necesita gran nmero de
baluartes para hacer frente  la rapia de los moros. Tiene muy bien
labrado su trmino, en el que recogen sus 1.100 vecinos, unos 45.000
cavanes de arroz. En este pueblo hay unos 300 telares de sinamais y
guinaras. Estos tejidos y algn balate, cera y carey que adquieren
en las costas de la isla de Alabat, constituyen la riqueza de Atimonan.

Mauban se halla al fin del seno que forman las islas de Alabat y
Sangirn con la de Luzn y  distancia de 6 leguas de Atimonan; de
suerte, que dicho seno mide unas 11 leguas poco ms  menos. Este
seno tiene tres entradas y su mayor anchura unas 5 leguas. El pueblo
de Mauban coger 20.000 cavanes de arroz, y su vecindario lo forman
1.100 tributos. Habr los mismos telares que en Atimonan, siendo
semejantes  los de este pueblo sus dems productos.

De Mauban se va  Lucban, en unas seis horas, por un camino altamente
accidentado y montuoso.



CHAPTER XXIII

CAPTULO XXIII.

La provincia de Tayabas en general.--Su descubrimiento.--Su
situacin.--Creacin del obispado de Nueva Cceres.--Un obispo en
el ao 1600 y otro en el 1875.--Fray Francisco Gainza.--D. Simn
lvarez.--Padrones de 1754, 1831, 1836 y 1875.--Aumento de poblacin
y de riqueza.--Montes y vegas.--Aceite de coco.--Caza mayor y
menor.--El _tabon_.--Hierbas y flores olorosas.--Frutos, hortalizas,
granos, resinas y caldos.--Minas.--El tayabense psicolgicamente
considerado.--Costumbres antiguas de los tagalos.--La ltima
cuartilla.--Adis  Tayabas.--ltimos contornos del Banajao.--La cuna
de un hijo.--Confianza en la caridad de Filipinas.

Para terminar este libro vamos  ver en unas cuantas pginas la
provincia de Tayabas en general, ya que hemos recorrido uno  uno
todos sus pueblos.

Dicha provincia fu descubierta por Juan de Salcedo al ir en busca
de los renombrados veneros de oro de Camarines.

Se halla, segn el Padre Buceta, entre los 125 56' longitud, donde
se alza el Malarauat,  los 126 24' situacin de la Punta Pusgo,
en el seno de Guinayangan, punto el ms oriental de la provincia,
y entre los 13 20' latitud, situacin de Cabeza Bondo y 14 22'
extremo Norte de la isla Calbalete.

La provincia de Tayabas pertenece en lo eclesistico al obispado de
Nueva Cceres. Este se cre el ao 1595, por bula de Clemente VII,
con la asignacin de 4.000 pesos. El primer nombramiento que se
hizo para ocupar dicha silla apostlica, recay en Fray Francisco
Ortega, de la orden de San Agustn, quien fu electo el ao 1600,
no llegando  posesionarse. En la actualidad gobierna la dicesis el
Excmo. Sr. Fray Francisco Gainza, de la orden de Santo Domingo. Lo
que este activo y virtuoso Prelado ha hecho y viene haciendo en su
obispado, escrito est en las mltiples y variadas obras en que ha
empleado sus conocimientos, su constancia, su hacienda y su salud.

El primer Gobernador con nombramiento Real que tuvo la provincia fu
D. Simn lvarez mandndola desde el ao 1651 al 1655.

Los padrones completos ms antiguos que hemos podido encontrar, datan
del ao 1754, y segn aquellos, formados por el Gobernador Rodrguez
Morales, la provincia de Tayabas constaba de los siguientes pueblos
con el nmero expresivo de almas.


	Tayabas .............................. 3.579
	Lucban ............................... 5.109
	Mauban ............................... 2.236
	Atimonan ............................. 1.455
	Gumaca ............................... 1.874
	Guinayangan .......................... 1.073
	Obuyon ...............................   729
	Catanauan ............................   690
	Mayobog ..............................   654
	Pagbilao .............................   435
	Sariaya .............................. 1.239
	Tiaong ............................... 1.436
	Polillo ..............................   310
	Baler ................................   168
	Cariguran ............................   125
	Binangonan ...........................   364


Cuyas cifras forman un total de 21.476 almas.

Segn los padrones hechos por D. Salvador Baquero el ao 1831 tena
la provincia 59.433 almas, las que subieron al nmero de 70.555 en
el ao 1836, segn puede verse en los padrones, elevados al Gobierno
general en dicha fecha por D. Isidro Vital.

La estadstica de la provincia di el siguiente resultado el ao 1875.


	Pueblos................................      18
	Barrios................................     598
	Cabeceras.............................     579
	Almas.................................. 102.165
	Tributos...............................  54.284
	Defunciones............................   3.353
	Casamientos............................   1.171
	Bautizos...............................   4.022
	Chinos empadronados....................     220
	Europeos radicados.....................      14
	Licencias para cortes de maderas
	  concedidas durante el ao ...........      61
	Idem para uso de armas.................      16
	Cuadrilleros...........................     684
	Mozos sorteados........................   5.013
	Soldados que se sacaron................      85
	Vacunados..............................   4.211
	Gasto total de personal y material de
	 escuelas........................Pesos.   4.145


	Presupuesto total de gastos ...........  24.023
	Gastado ...............................  13.243
	Ingreso en captulo de Gobierno .......  26.257
	Importe de las penltimas contratas ...  24.741
	Idem id. de las ltimas ...............  34.324
	Sacado del presupuesto de gastos para
	  el mantenimiento de la crcel .......   2.072
	Causas criminales que se numeraron en
	  el Juzgado ..........................     136


El aumento de poblacin de esta provincia ha sido verdaderamente
asombroso; en poco ms de un siglo vemos quintuplicar el nmero de sus
almas. El vecindario que tena la provincia el ao 1754 lo cuenta hoy
con exceso la cabecera. Si el aumento de poblacin ha sido grandsimo,
el fomento de productos y riqueza no lo ha sido menos, constituyendo
aquella demarcacin una verdadera y legtima esperanza, no solo por
lo que produce, sino por lo que est llamada  producir.

Sus montes son una mina inagotable, principiada  explotar con la
activa  inteligente inspeccin de los ingenieros que velan por el
mejor aprovechamiento de la riqueza forestal de estas islas.

En los bosques de Tayabas hay tanta y tal variedad de maderas,
que podran dar abasto por mucho tiempo  todas las necesidades
del comercio.

La coleccin que la Inspeccin de montes mand  la Exposicin de
Filadelfia ascenda  281 especies.

La superficie total de hectreas de la provincia de Tayabas, segn
los estudios hechos por el Cuerpo de Montes, que tenemos  la vista,
asciende  562.492, siendo forestales 380.000.

En el ao econmico de 1872  73, se concedieron 34 licencias para el
corte de maderas en los montes de Tayabas, cortes que produjeron al
Estado 83.865 pesetas. Lo producido en los aos econmicos de 1873
 74, y de 1874  75 no lo conocemos, si bien ha de haber aumentado
considerablemente, si se tiene en cuenta que solo en el ao 1875 se
concedieron 61 licencias, es decir, 27 ms que el ao 1872.

Si riqueza hay en los montes, no la hay menos en sus dilatados
manchones de vegas y caadas. Solo en los verdes campos que comprende
el permetro que forma Mulanay con San Narciso y Cabeza Bondoc,
pueden alimentar muchos miles de reses.

La gran profusin de aguas hace que las cosechas de arroz, cultivadas
por el sistema de escalonados tubiganes, sean ms productivas.

Las plantaciones de coco aumentan de da en da, siendo esta palma una
de las ms legtimas riquezas de la provincia. El aceite de Tayabas
se confunde con el de la Laguna y se da al comercio con este nombre.

Tanto en las quebradas de sus montes como en las florestas de sus
valles, se cra en abundancia caza mayor y menor, figurando en la
primera el carabao cimarrn, el venado y el jabal; en la segunda,
hay una gran variedad de pjaros, siendo de notar la gran coleccin
de palomas. El _tabon_, ave muy digna de estudio por la manera que
tiene de incubar sus huevos, enterrndolos, se halla en bastante
nmero en Tayabas.

En flores y hierbas olorosas nada tiene que envidiar  otras
provincias, vindose por doquier  el tornasol, la rosa de Alejandra,
el camantigue, la sampaca, el campupot, la gumamela, el ilang-ilang,
el calachuche, los lirios, las azucenas, las saguilalas, el romero,
la salvia, el pandacaque, la albahaca, el hagonoy, la hierba-luisa, el
lagundi, la pasionaria y la siempre-viva; hierbas y flores que crecen
sin que mano amiga las cuide, riegue y desbroce. Si la inclemencia
del campo  el agrietado muro se convirtiera en la resguardada maceta
 el vigilado arriete, qu combinaciones tan bellas y tan variadas
producira la floricultura de este pas!

En frutas tambin hay gran diversidad, y si no las tiene en hortalizas,
es porque no se siembran, y decimos esto al ver los magnficos
resultados que han dado algunos ensayos.

Caf, cacao, lumban, bongas y trigo se cosechan en bastante
cantidad. Resinas y caldos se extraen de valiosa calidad, siendo
inmejorables las ceras, las breas y los aguardientes de coco y de nipa.

Al hablar de Lucban ya dimos  conocer el arte y la industria de
aquel pueblo.

En minas son de citar: la de carbn, sita en el trmino de Gumaca,
 la confluencia del ro Carlati; la de cobre, en el sitio de
Lambo-lambo, jurisdiccin de Calilayan; la de oro y cobre, registrada
en Colon-colon, termino de Atimonan; la de carbn, en los montes de
Ayquirn; la de oro en Sangirn; la de carbn de isla Pulon y la de
este ltimo mineral del barrio de Bocboc, orilla del ro de Pitogo,
divisoria y trmino de Gumaca.

A grandes rasgos ya hemos visto lo que es materialmente hablando la
provincia; digamos algo en general de la moral de sus habitantes.

El tayabense tiene orgullo en decir ha nacido en aquella provincia,
y lo tiene ms por la circunscripcin que rodea la pila bautismal
que le di nombre.

Las imgenes que guardan en el hogar, en ureas urnas  trasparentes
fanales, las defenderan en un momento de peligro, con la misma
bravura que los romanos defendan sus dioses penates.

Para el tayabense no hay ms cielo, ms suelo, ni ms techo que el
suyo. Intentar la ms pequea intrusin en su provincialismo y lo
veris agruparse y fundirse en su idea marchando  su objeto, cueste
lo que cueste, y caiga el que cayere. Ni el tiempo, ni el arraigo,
ni los lazos del parentesco, ni los del amor dan carta de naturaleza
en Tayabas. Para ser tayabense es preciso haber nacido all, y todos
los que no estn en ese caso son conceptuados como extranjeros. Esto
que hemos tenido ocasin de observarlo muchas veces, cuando ms se
acenta es al aproximarse las elecciones municipales. Desgraciado
del que intente ocupar un puesto en la principala, si no tiene
registrada su partida de bautismo en la iglesia del pueblo, y la fosa
de sus mayores en su cementerio. Ya podr ser honrado, rico y hasta
casado con tayabense que no le bastar para librarse de la cruzada
que ha de levantarse contra l ... En esta cuestin el tayabense no
prescinde por nada, ni por nadie, y sacrifica si es preciso la honra,
la familia y la gratitud.

Esto que pasa en el municipio aumenta en el seno del hogar. Una dalaga
que tenga la desgracia--pues de tal debe calificarse,--de aceptar
amores con uno que no sea su paisano, tiene que sufrir todo gnero
de tormentos para llegar  realizar su enlace. La raza tayabense es
en el Oriente, la guardadora de las tradiciones jitanas. El jitano
no se casa sino con jitana, lo mismo que el tayabense no lo hace,
salvas pocas excepciones, si no con tayabense.

Las sangrientas conmociones que registra la historia de Tayabas,
no obedecen  otro mvil  que al religioso culto que rinden  lo suyo.

Todo lo que tiene el tayabense de dscolo,  tiene de humilde y
obediente, acudiendo 	cualquier llamamiento que se haga  sus
sentimientos,  sabindolo llevar. La provincia de Tayabas es la ms
fcil y difcil de gobernar. En los tres aos que all permanecimos
se acudi  ella dos veces; en la una la caridad la pidi una limosna;
en la otra, la patria la demand un auxilio, y en ambas--no quisiramos
equivocarnos,--pero nos parece que computando su poblacin con la de
las otras provincias, fu  la cabeza de todas.

Para terminar y como apuntes curiosos, extractaremos de diversos
manuscritos que tenemos  la vista, algunos de los usos y costumbres
que en lo antiguo tenan los indios de Tayabas.

El indio de aquella provincia, pertenece  la raza pura tagala--palabra
que quiere decir hombre de ro.

Los casamientos--dicen los manuscritos que consultamos,--se hacen segn
el ritual romano, pero en los preparativos hay muchas particularidades
dignas de notarse. Para casarse no se piensa comunmente en procurarse
lo necesario para mantener la casa y los hijos, en contando lo
suficiente para la boda, que es muy poco, si no se tiene convite,
se casan los tagalos sin ms pensar en lo que han de comer al da
siguiente del matrimonio. Los padres mismos de los novios no suelen
pensar en esto, porque dicen que _Dios cuidado_; pero nunca dispensan
los padres de las novias el que se les sirva tres, cuatro  ms aos
por su hija, y el que se ha de casar con ella tiene obligacin de
asistirlos todo ese tiempo con su servicio corporal y remediarlos
en sus necesidades, regalarlos en ciertos das, y llevar de comer
 la gente que les trabaja la sementera. Esta intimidad tiene sus
inconvenientes y no faltan hombres que despus de estar en cinta su
novia la dejan burlada. Los padres saben estos casos, pero todo lo
vence la codicia. Es verdad que una mujer  quien ha sucedido esto no
pierde tanto como en Espaa, ni le suele faltar pretendiente. Entre
la gente rica se acostumbra  dotar  la mujer por quien ha de ser su
marido. Las dotes son de dos maneras:  la una se llama _bigay-suso_,
que es lo que se da  la madre por haber dado los pechos   la hija;
la otra se llama _bigay-caya_, que se destina para que los novios se
mantengan  despus de casados, aunque  veces se gasta casi todo en la
boda. Ms se recibe esta dote por vanidad que por juzgarla necesaria
para despus del casamiento, y as la novia  quien se seala mayor
dote, se la tiene por de mayor suposicin porque se compr ms cara. La
edad en que se casan los tagalos es para las mujeres de 12  15 aos,
y para los hombres de 14  17.

Los entierros se hacen en la iglesia  en el cementerio segn el
ritual romano, con la pompa correspondiente. Antes del entierro
se juntan todos los parientes del difunto, y no cesan de llorar y
relatar su vida hasta que lo llevan  enterrar. Al cuarto da del
entierro se juntan otra vez en la misma casa cantan el rosario, y
suelen pasar all toda la noche. En su infidelidad dejaban ese da
un asiento desocupado en la mesa, y crean que lo ocupaba el difunto;
y para persuadirse de ello, esparcan ceniza por la casa, en la que,
al da siguiente hallaban impresas sus pisadas.

Son muchos los _abusos_,  como ellos dicen, los _ugales_, que
tienen los tagalos; los primeros estn basados en la creencia de los
_nonos_; con dichos genios  _nonos_, ejecutan los indios muchas y
muy frecuentes idolatras; cuando quieren coger alguna flor  fruta
del rbol, le piden licencia al _nono_ para poderla tomar; cuando
pasan por algunas sementeras, ros, esteros, bosques y caaverales,
piden licencia y buen pasaje  los genios que en ellos habitan. Cuando
son obligados  cortar algn rbol viejo   no guardar las prcticas
y ceremonias que ellos imaginan ser del agrado de los _nonos_, se
excusan con ellos diciendo tres veces en alta voz _que el padre se lo
mand, y que no es voluntad suya, faltar  sus respetos_. Cuando caen
enfermos, les piden salud y les ofrecen comidas, las que consumen en
las sementeras y  la sombra del rbol llamado _calumpang_. Creen
que las almas de los muertos vuelven  su casa al tercer da de su
entierro, para visitar  la gente de ellas  asistir  la ceremonia
del _tibao_, que se reduce  tender un petate en el que esparcen
ceniza, rodeando aquel de candelas amarillas. A la puerta de la casa
ponen una fuente de agua perfumada, para que cuando vaya el alma 
acostarse pueda lavarse.

El _ticblang_, es uno de los fantasmas  quien acuden para pedirle
cosas prodigiosas. Al _patianac_ atribuyen el mal suceso de los partos,
y dicen que para daarlos y echarlos  perder, se colocan cerca de la
casa y all cantan  manera de los que van bogando. Para impedir el
dao del _patianac_, se sitan armados en los caballetes y alrededores
de la casa, y dan tajos  derecha  izquierda y fuertes voces para
ahuyentar al mal genio. Tambin atribuyen al patianac la muerte de
los nios: dicen que el pjaro llamado _tictic_, es el que ensea al
patianac la casa donde hay un recien nacido: con este aviso el fantasma
se coloca en un tejado inmediato, y desde all alarga la lengua en
forma de hilo hasta el vientre del nio, sacndole las tripas.

Cuando se eclipsa la luna arman los tagalos  gran ruido, con el que
dicen la defienden de la lucha que tiene con el dragn. Creen en
amuletos para que no les toquen las balas, y para librarse de otros
peligros. Aquellos consisten en libritos que contienen perodos en
latn y en espaol completamente ininteligibles; piedras que hallan
en los cuerpos de los animales; granos de fruta petrificada; huesos
de esqueletos de nios y dientes de rata, de culebra y de caimn. La
creencia en los amuletos data de mucho antes de la conquista,
conocindolos con el nombre de _aguimat_.

Los indios tagalos forman melanclicos discursos, si la lechuza canta;
tienen como buenos augurios el encontrar una culebra en la casa  en
el barco. Algunos creen en las hierbas amatorias.

Estas y otras muchas falsas creencias, de las que an quedan algunas
reminiscencias, poco  poco las va desterrando la vvida luz del
Evangelio y la civilizacin.

       *       *       *       *       *

Aqu hacemos punto en este libro, en el que nos hemos propuesto dar
 conocer una provincia tan rica como ignorada.

Tres aos estuvimos en Tayabas, y ni su temperamento nos produjo
un dolor de cabeza, ni sus habitantes un disgusto. Al abandonar la
provincia, y al entrar en la de la Laguna, no pudimos menos de volver
la vista al brumoso horizonte que dejbamos, y al divisar los confusos
contornos del Banajao alumbrados por la cansada luz de la cada de la
tarde, sentimos una verdadera y tierna emocin al abandonar, quizs
para siempre, aquel coloso  cuya sombra ha nacido este pobre hijo
mo. Conocida es la caridad en Filipinas, as que el padre confa
en aquella, teniendo la seguridad de que lo tratarn con cario y le
darn un modesto rincn en el hogar.

FIN.




NOTAS

[1] Este puente se llama hoy de Ayala.

[2] Tngase en cuenta que este libro se escribi el ao 1878,
imprimindose su primera edicin ese mismo ao en Manila.--(_N. del
A_.)

[3] Este edificio lo destruy un tifn levantando sobre sus escombros
un verdadero palacio, como quiz no haya otro en Filipinas, el
inteligente Alcalde mayor D. Francisco Iriarte.--(_N. del A_.)

[4] De ahora para adelante, hacemos presente que todos los datos
estadsticos consignados en esta obra se refieren al ao 1875.

[5] Lo que decamos en 1878 y su exactitud, se puede comprobar en los
magnficos ejemplares que el arte y la industria de Lucban presenta
en la Exposicin de Filipinas que se celebra al reimprimirse esta
obra.--(_N. del A_.)

[6] Con este pseudnimo escribi Entrala curiossimos artculos
tratando costumbres filipinas. Fu gran entusiasta de la mujer india
 quien ha consagrado muchas pginas en sus obras. Este notable
escritor muri hace cinco aos. Entrala y el veterano Vzquez de
Aldana son,  mi juicio, los escritores de costumbres ms notables
de la literatura filipina moderna. Al ltimo, que vive en el modesto
pueblo de la Hermita, con no pocos achaques en el cuerpo y no escasos
desengaos en el alma, le envio un tiernsimo recuerdo.--_(N. del A_.)

[7] En ninguna parte del mundo sufren los nombres  ms variantes y
se hace ms uso del apcope que en Filipinas, as que no se extraar
digamos que en algunos puntos se llaman Hasays  las Tomasas--_(N. del
A_.)

[8] En Espaa se llama, D. Diego de Noche.

[9] Los indios lo conocen con el nombre de _Salanga_.

[10] El veterano general D. Juan Alaminos de seguro ratificar 
quien le pregunte la certeza de esta y otras citas,--_(Nota del A_.)

[11] Este desapareci con la mayor parte de los edificios,
en un horroroso incendio acaecido poco despus de escrito este
libro.--(_N. del A_.)

[12] Aunque el _balitao_ visaya no tiene,  mi juicio, todo el
sabor indio del cundimn y cumintn tagalo, sin embargo, da idea del
originalsimo ritmo de la msica oriental. Entre los individuos que
forman en la Exposicin la colonia filipina, hay uno que toca bastante
bien el _balitao_ en la guitarra del pas con cuerda de metal. Las
indias visayas que figuran en aquella agrupacin, lo cantan y bailan
bastante bien.--(_N. del A._)

[13] En este captulo hay algo imaginativo que lealmente confesamos: el
cocal no existe, pero s la ermita, la imagen, el bastn, las ruinas,
el can y la leyenda. Algn da relataremos esta ltima.--_(N,
del A_.)

[14] Hoy ya lo es.--(_N del A._)

[15] De la poca en que esto se escriba  la fecha, las islas
Filipinas han sufrido grandsimas transformaciones, y ante ellas
no pecamos de inconsecuentes al abogar ahora por lo que entonces
condenbamos, creyendo como creemos un bien la descentralizacin de
poderes.--(_N. del A_.)

[16] Este manuscrito, figura en la instalacin que tiene el autor en
la Exposicin de Filipinas.--(_Nota del A_.)






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Tayabas, by Juan lvarez Guerra

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and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
https://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at https://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org

Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit https://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including including checks, online payments and credit card
donations.  To donate, please visit: https://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.

Each eBook is in a subdirectory of the same number as the eBook's
eBook number, often in several formats including plain vanilla ASCII,
compressed (zipped), HTML and others.

Corrected EDITIONS of our eBooks replace the old file and take over
the old filename and etext number.  The replaced older file is renamed.
VERSIONS based on separate sources are treated as new eBooks receiving
new filenames and etext numbers.

Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     https://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.

EBooks posted prior to November 2003, with eBook numbers BELOW #10000,
are filed in directories based on their release date.  If you want to
download any of these eBooks directly, rather than using the regular
search system you may utilize the following addresses and just
download by the etext year. For example:

     https://www.gutenberg.org/etext06

    (Or /etext 05, 04, 03, 02, 01, 00, 99,
     98, 97, 96, 95, 94, 93, 92, 92, 91 or 90)

EBooks posted since November 2003, with etext numbers OVER #10000, are
filed in a different way.  The year of a release date is no longer part
of the directory path.  The path is based on the etext number (which is
identical to the filename).  The path to the file is made up of single
digits corresponding to all but the last digit in the filename.  For
example an eBook of filename 10234 would be found at:

     https://www.gutenberg.org/1/0/2/3/10234

or filename 24689 would be found at:
     https://www.gutenberg.org/2/4/6/8/24689

An alternative method of locating eBooks:
     https://www.gutenberg.org/GUTINDEX.ALL


